Sobre el nuevo período genocéntrico


El camino que abrió Darwin nos ha conducido a la sustancia genética (al ADN). Este descubrimiento nos hace pasar (a todos los grupos humanos) del fenocentrismo al genocentrismo. El centro se ha desplazado de la criatura al creador (de los fenotipos a los genotipos). La sustancia genética es la única sustancia viviente (‘viva’) en este planeta. Nosotros, pues, no podemos ser sino sustancia genética. Esta ‘revelación’ (esta
auto-gnosis) ha partido en dos nuestra historia sobre la tierra. Todo el pasado cultural de los humanos ha resultado arruinado, vacío, nulo... La ilusión antropocéntrica que nos ha acompañado durante miles de años se ha desvanecido. Se ha producido una mutación simbólica (en orden al conocimiento y a la conciencia de sí como sustancia viviente única); el cariotipo humano entra en un nuevo período de su devenir.

Esta aurora, este nuevo día cuyo comienzo presenciamos, alcanzará en su momento a todos los pueblos de la tierra. Pueblos, culturas, tradiciones, creencias… todo lo ‘humano’ desaparecerá. Viene una luz (un saber, una sabiduría) tan devastadora como regeneradora. Esta regeneración del cariotipo humano en el orden simbólico tendrá sus consecuencias. En un futuro no muy lejano hablaremos, pensaremos, y actuaremos, no como humanos sino como sustancia viviente única.

No hay filósofos aún, ni poetas, ni músicos, ni científicos… para este período genocéntrico que inauguramos. No hay nada aún para las nuevas criaturas, para la sustancia viviente única –en
esta nueva fase de su devenir. Nos queda la elaboración de una cultura, de un ‘mundo’ nuevo (digno de la naturaleza de nuestro regenerado, de nuestro recuperado ser). Queda todo por hacer.

domingo, 10 de diciembre de 2017

167) Genocentrismo XXI


Genocentrismo XXI.


Manu Rodríguez. Desde Gaiia (10/12/17).

 

*

 

*Hay dualismos excluyentes, belicosos, agresivos… con respecto al ‘otro’. Hablo de dualismos étnicos, religiosos, políticos, culturales... Allí donde  al ‘otro’ (cualquiera éste sea) se le demoniza. Se establece una batalla entre el ‘yo’ o ‘nosotros’ (étnico, religioso…), y el ‘no-yo’ o los ‘otros’. Aquí el dualismo se convierte en un instrumento de agresión, de guerra, de exterminio…
Con estos dualismos estamos lejos del dualismo etológico o conductual que es, antes que nada, ‘interno’ o psicológico. El doble camino o la doble posible actuación que se nos abre a cada paso que damos. La libertad de elección. La recomendación de elegir el camino bueno para la vida, el que la potencia o regenera. ¿Qué tiene que ver todo esto con el dualismo excluyente y ofensivo?
El dualismo del que aquí hablamos contrasta claramente con los dualismos étnicos (etnocéntricos), religiosos, políticos, económicos, culturales… donde la finalidad es dividir y enfrentar a las poblaciones. Tampoco es un dualismo cosmológico, metafísico, ontológico, biológico, antropológico, soteriológico, o escatológico (apocalíptico). Es un dualismo, como venimos diciendo, psicológico y conductual (ético o etológico), y se aplica únicamente a los miembros de la especie humana.
Únicamente los seres humanos podemos ser considerados responsables de nuestros actos –en virtud de nuestro psiquismo y de nuestra libertad (en virtud de nuestra misma naturaleza). A la conducta del resto de las formas vivas no le pueden ser aplicadas las categorías éticas, aún cuando algunas de estas formas vivas puedan sernos perjudiciales o dañinas y traernos enfermedades o desgracias (virus, bacterias, depredadores…). Al mundo abiótico (la naturaleza físico-química) tampoco se le pueden aplicar categorías éticas, me refiero a toda suerte de fenómenos físico-químicos o geofísicos beneficiosos o perjudiciales (terremotos, inundaciones, sequias…) para los seres humanos o el resto de las formas vías –el agua, la tierra, el aire, la luz (solar), el fuego… nada tienen que ver con la conducta, tal y como este término puede serle aplicado a los seres humanos.
Debemos ceñirnos a los miembros del cariotipo específico humano. A su etología y a su ecología. A su conducta en este planeta viviente, a su manera de convivir, de cohabitar, de ser, de estar… y a las consecuencias que sobre el planeta y otros seres humanos tienen nuestras actividades; si éstas son buenas o son malas para el planeta viviente. El resto de la naturaleza (viviente y no viviente) está exenta de tal responsabilidad.
Es nuestra naturaleza (nuestra morfología, nuestra fisiología…), el cómo estamos ‘hechos’, lo que marca la diferencia con el resto de las formas vivas (diferencia que podemos considerar abismal). No somos como el resto de las formas vivas.
El destino de la especie humana no es el de la mera supervivencia, o el ‘dominio’ del planeta. La especie humana debe aprender a convivir constructivamente con el resto de las formas vivas y con el medio abiótico. Tiene la función de cuidador, de sanador, de reparador… de este planeta viviente. La especie humana es la especie superior, el vértice de la evolución, allí donde la vida se manifiesta en toda su plenitud.
El ‘plus’ que caracteriza a la especie humana es también el origen de su responsabilidad.
Nuestro comportamiento ha sido (y es) altamente destructivo. Es un comportamiento ciego, inconsciente, irracional, absurdo, loco, destructivo, devastador. Una etología y una ecología impropias de nuestra inteligencia, de nuestra naturaleza, de nuestra ‘superioridad’. Somos conscientes de esto que digo. Y podemos cambiar nuestro modo de vivir, nuestro modo de ser. Podemos elegir entre maneras de proceder, de estar, de ser…
En el cariotipo humano la sustancia viviente única se hace presente, se manifiesta, se hace sentir. La libertad de elección en el cariotipo humano es la libertad de la vida. El dualismo del que hablamos se atiene a la conducta de la vida en el cariotipo humano. Es la vida que somos la que tiene el poder de elegir entre un comportamiento y otro.
Es la inteligencia de la vida la que nos dice que así no podemos continuar; que el deterioro medioambiental, que no cesa, pone en peligro la misma vida; que nuestra conducta, en general, es perjudicial para la misma vida.
Ni el resto de las formas vivas, ni el mundo abiótico, pues, están afectados por el dualismo que digo. Únicamente los miembros de la especie humana. Dualismo psico-ético, si pudiéramos decir. Un dualismo que afecta a la mente, y a la conducta.
La buena disposición hacia el otro o lo otro, o la mala disposición hacia el otro o lo otro. Los buenos o malos pensamientos (intenciones, propósitos, deseos…), las buenas o malas actividades, acciones, o conductas.  El espíritu, el ánimo, el talante, la actitud… de un lado, y la conducta, el comportamiento, el hacer, el ser, el estar… del otro. La conciencia, y la conducta. Qué pensamos, y cómo nos comportamos. Qué pensamientos son los óptimos, y qué conducta es la óptima para con la vida y la no-vida entorno.
El entorno biótico (no humano) y abiótico es irreprochable y puro. No hay buenos y malos aquí, aún cuando se den casos perjudiciales para la vida humana o la vida en general (epidemias, desastres naturales…). Hay inocencia; no hay culpa.
Es la vida en el cariotipo humano la única que puede responder; la única a la que se le puede pedir cuentas. La vida se interpela a sí misma; se interroga, se juzga.
La vida dividida, y enfrentada consigo misma. Es una batalla que se hace patente únicamente en los seres humanos. Se trata de encontrar un camino, el camino óptimo para la vida. Cómo vivir, como convivir…
El papel del hombre en la naturaleza viviente y no viviente en este planeta. El cariotipo humano tiene un papel fundamental en este planeta debido a nuestra diferencia específica, a nuestra peculiar naturaleza, a nuestra potencia (intelectiva, volitiva...). Somos indudablemente el vértice de la evolución en este estadio de la evolución de la vida. La especie indudablemente elegida por la misma vida (la sustancia viviente única). Porque es la misma  vida la que se ha proporcionado un fenotipo que le hace posible tener la palabra. Porque somos la misma vida.
La responsabilidad del ‘hombre’ es la responsabilidad de la vida. El cariotipo específico humano es el dispositivo fisiológico adecuado para que la vida salga a la luz.
No se trata de antropocentrismo aquí. El hombre es un medio, un instrumento, un vehículo para la vida. El protagonista de nuestros actos no es el hombre sino la misma vida. En el cariotipo humano es la vida en todo momento el sujeto único de la actividad (de lo que pensamos, de lo que decimos, de lo que hacemos…). No hay otro sujeto, ni en el cariotipo humano, ni en el resto de las formas vivas.
Es pues, en último término, un discurso dirigido a la vida. De nuevo, la vida se dirige a sí misma, se interroga, se interpela, se juzga… Es en el cariotipo humano donde se cumple este ‘juicio’. Un juicio a la vista del comportamiento de los individuos y los colectivos humanos. Se trata de juzgar si el modo de vivir de los humanos (nuestra etología y nuestra ecología) –hasta el presente– favorece o perjudica a la vida.
Hasta el momento nos comportamos ciegamente, sin medir las consecuencias de nuestros actos. Se diría que no nos diferenciamos del resto de las formas vivas. Pese a nuestra inteligencia. No reflexionamos, no meditamos… Nos comportamos de manera irracional, absurda, impropia… El egoísmo individual y colectivo, la violencia, las guerras permanentes, la explotación salvaje, la peligrosa contaminación del medio entorno que pone en peligro la vida…
El resto de las formas vivas ignoran las consecuencias de sus actos, nacen, viven, se reproducen, mueren… Los desastres ecológicos que puedan darse son de mínimas consecuencias. No así en el caso de los humanos. Con nosotros los desastres ecológicos se acumulan. Por no mencionar los desastres humanos que los propios humanos se causan entre sí (guerras, masacres, matanzas, exterminios…). Llevamos la lucha por la existencia a unos niveles de ferocidad ‘monstruosa’, loca, irracional... No sólo el medio ambiente, o el resto de las formas vivas padecen nuestra ‘potencia’ mal llevada, también nuestros semejantes padecen nuestra ciega codicia y ambición. No tenemos barreras. Hacemos literalmente lo que nos da la gana, sin importarnos las consecuencias, o el dolor que causamos a nuestros semejantes.
Es la locura, la inconsciencia, la irracionalidad… Algo impropio de nuestra naturaleza, de nuestras facultades, de nuestro ser.
*Regenerar la existencia. Establecer unas condiciones ‘simbólicas’ de existencia acordes con nuestro ser (viejo y nuevo; descubierto, reencontrado); crear un nuevo ‘mundo’, un mundo genocéntrico, una cultura (y una conciencia) genocéntrica planetaria. Más allá del hombre, de la criatura…
¿Cuál es nuestro papel entonces? ¿Para qué nuestra inteligencia, nuestra luz? ¿Qué cometido, qué destino…? ¿Qué función en el ecosistema planetario?
Este planeta, la ‘tierra’, es la morada de la vida. Es una morada construida, o mejor, optimizada –la atmósfera que ‘hoy’ respiramos es en buena medida obra nuestra. El comportamiento ciego, irracional, de nuestra especie está poniendo en peligro este ‘paraíso’ nuestro.
Digo el comportamiento como especie, como ‘humanos’. El comportamiento antropocéntrico (egocéntrico, etnocéntrico…) es un comportamiento pre-genocéntrico. Es el comportamiento de nuestra especie antes del conocimiento, de la revelación de la sustancia viviente única. Ahora sabemos de nuestra íntima naturaleza, de nuestra esencia, de nuestro ser.
Un inesperado saber, una autognosis que no fue anunciada, predicha o profetizada. Los colectivos humanos aún no han asimilado este conocimiento cierto; esta llegada al núcleo de los seres vivos, a lo viviente mismo. La llegada al Uno, al ser viviente único que somos.
Cuanto más sabemos de la vida más sabemos acerca de nosotros mismos.
Este saber cambiará necesariamente nuestra manera de vivir en este planeta. Cambiará la ‘conciencia’ de los humanos. Se extenderá la conciencia genocéntrica. Se inicia un proceso de cambio radical a largo plazo. Seremos otros, radicalmente otros.
Un camino se abre para toda la humanidad. El camino de la vida. Por primera vez. Hasta ahora parecíamos obligados por las leyes de la ‘naturaleza’, como el resto de las especies, como seres faltos de libertad. Este conocimiento cierto acerca de nuestro ser nos libera. Otra cosa que humanos somos ahora. Ahora somos la vida. La vida libre. Libre para no seguir por el camino que vamos, para andar otro camino; para vivir de otro modo. Nuestro ser renovado, reencontrado. Un nuevo ser somos.
Ahora se cumple la libre elección y la elección del camino de la vida. El nuevo saber esclarece nuestra posición, y nos abre un camino nuevo, ignoto, inesperado, luminoso, fecundo…
Diga lo que se diga es ahora cuando se abre el camino de la vida; cuando se hace posible la elección (a escala colectiva).
No se trata de liberaciones personales, sino colectivas. O todos o ninguno. Ésta es la cuestión. Todos los miembros del cariotipo humano han de pasar por la transformación. Tarde o temprano se logrará.
El periodo purgativo, el ‘mono’, las recaídas… La transformación, el paso a la otra orilla, el puente que nos separa…
El conocimiento cierto acerca de nuestro ser es el transporte, la nave que nos conduce a la otra orilla. Basta poner el pie en esta nave…
No es un credo esto que digo, es un saber.
Otra conciencia, otro ser… La conciencia del ser que somos, que siempre hemos sido.
Este conocimiento y esta conciencia vienen en los tiempos más necesitados, más oportunos. De lo que se trata ahora es de una salvación colectiva, pero no de la especie humana, sino de la vida (y sus condiciones de existencia). Es la vida la que corre peligro ahora. El legado humano: un planeta desquiciado, alterado, estresado; desertizaciones, sequias, inundaciones; la vida que languidece, que se extingue aquí y allá. La vida, el fuego, la luz que se apaga… En socorro de la vida parece venir este conocimiento oportuno. En el último momento, se diría.
La vida, el fuego, la luz, el ser, la verdad… Nuestra vida, nuestro fuego, nuestra luz, nuestro ser, nuestra verdad…
Conciencia biológica, genética, ecológica… La vida (que somos) consciente de sí. Esta conciencia y esta vida crearán el mundo nuevo, regenerarán la existencia. 
La milenaria civilización por venir. Nuestro futuro. El gobierno de la vida. La vida que discierne, que reflexiona, que pondera, que decide… La vida como medida y centro. No el dominio, sino la sabia gestión del planeta es lo que viene. En el nombre de la vida.
El mundo, la vida, la existencia por venir –por construir, por crear. Todo por hacer.
Nuestra especie tendrá un pasado humano (antropocéntrico, fenocéntrico) y un futuro post-humano (biocéntrico, genocéntrico).
Desde la vida; como vida hemos de pensar, hablar, hacer… Una poesía, una música, una filosofía… Un arte y un pensamiento dignos de la vida, a la altura de la vida. Es Xenus/Nexus, el Uno, el que ahora piensa, habla, hace… El único sujeto, el único protagonista, el único creador.
A tal vida, a tal ‘sujeto’, no le satisfacen ya los modos humanos, sus obras, o su sabiduría. Tal ‘sujeto’ necesita otras palabras, otras obras, otra sabiduría…
Crear, establecer, fundar el nuevo mundo, la nueva existencia –el nuevo ‘éthos’. Desde las ciencias de la vida, desde la sabiduría de la vida. Todos los aspectos de la cultura se transformarán, se adecuarán a la vida. Una nueva conducta generalizada –genocéntrica, biocéntrica, ecológica… Los hogares, la alimentación, las ‘artes’… las actividades todas. Las relaciones individuales, sociales, globales… Todo cambiará.
El partido de la vida. La vanguardia. Movimientos de opinión. Algo más que ecología (superficial o profunda) hay aquí. Se trata de una revolución radical, una radical transformación. Llegar a ser lo que somos, aquello que somos.
El partido de la vida. Un movimiento cultural, simbólico… hacia un futuro genocéntrico. No político, no económico… Una vanguardia cultural, espiritual… Muestras, semillas de futuro. Hacia la regeneración.
Conciencia biológica, ecológica. Pero no desde el hombre (no antropocéntrica), sino desde la vida (genocéntrica).
Lo primero es identificarnos con la vida, pero no con la vida animal, sin más, o la vida en general, sino con la sustancia viviente  única, con la sustancia genética.
Hay que sostener la distinción entre la materia viviente y la materia no viviente; entre el mundo viviente y el mundo no viviente (lo biótico y lo abiótico). Que no hay sino una única sustancia viva –la sustancia genética–, y que en toda criatura opera la sustancia genética como sujeto único de toda actividad.
La vida es una y la misma en todos y cada uno de los organismos que pueblan el planeta. Es la misma vida (la misma sustancia) en esta o en aquella criatura; el mismo ‘ser’. Esto es lo que nos vienen a decir las ciencias de la vida –la genómica. Este saber lo cambiará todo.
En el cariotipo humano es la vida la que piensa, o habla, la que se comunica con la vida otra.
La vanguardia de la vida. Los renacidos. Los campeones. La conciencia (genocéntrica) nueva. Las nuevas criaturas. Las primicias. Los primeros.
Cuidar de la vida es cuidar de nosotros mismos. Garantizar la presencia de la vida en este planeta; garantizar el futuro de la vida –nuestro futuro. Ésta es la labor.
Nosotros somos la vida. No esta o aquella vida, sino la vida única. Yo diría que no necesitamos más que esta conciencia y este saber para comenzar el nuevo periodo. Transmitir esta conciencia y este saber a los venideros. Nuevo mundo, nueva vida, nueva existencia.
El nuevo período, la nueva vida. La vida consciente de sí. Éste es el futuro; el destino de la vida en el cariotipo humano. Lo que vendrá inexorablemente. El destino que le tenía reservada la misma vida a nuestra especie. La autognosis.
Un futuro  ignoto, por realizar. Un futuro genocéntrico, post-humano. El sujeto ahora es la sustancia viviente única.
Cambios en la manera de vivir, de pensar, de hablar, de actuar… Una conducta adecuada al ser nuestro, viejo y nuevo, reencontrado.
Ya es hora de que la vida se haga cargo de la vida. No el hombre, sino la vida.
Un futuro regido por la vida, llevado por la vida. Es la vida la que discierne ahora, la que decide, la que pondera, la que juzga lo que es bueno o malo para la vida –para Nos.
El nuevo ‘éthos’. La nueva con-ducta; el nuevo morar, con-vivir, co-habitar, com-portarse… Los nuevos usos y costumbres por venir.
Lo primero es la conciencia de sí genética. Es preciso allegarse a la perspectiva genocéntrica –a la mirada de la vida. Con ello la vida que somos cobra conciencia de sí, se re-cupera. Esta conciencia (este saber) es el punto de partida, la puerta, el acceso, la condición necesaria para un futuro otro. Es una conciencia que ilumina, ilustra, instruye… guía, conduce. Una conciencia (y un saber) providencial que ya nunca nos abandonará.
Sólo la identificación con la sustancia viviente única puede traernos otra vida, otra existencia, otro mundo. .  La conciencia genética. Y hablo a nivel colectivo.
Seamos de aquellos que regeneran la existencia…
*
Hasta la próxima,
Manu

jueves, 23 de noviembre de 2017

166) Genocentrismo XX


Genocentrismo XX.


Manu Rodríguez. Desde Gaiia (23/11/17).



*

 

*Los ‘scholars’ discuten ahora si los textos dichos de Zarathushtra (los Gâthâs) tratan únicamente de una reforma del ritual –del ‘sacrificio’ (Kellens, Skjaervo, Cantera…)–, que pretendía ser más eficaz que el antiguo (íntimamente relacionado con el védico contemporáneo y rival). Que tanto la libertad de elección (ante el doble camino) como la triada ‘buenos pensamientos, buenas palabras y buenos actos’ hay que referirlos a la eficacia del acto sacrificial, y no a la conducta en general (al ‘éthos’). Que el conflicto es, simplemente, una lucha entre ‘colegios’ (familias) y ‘fórmulas’ (‘mantras’) sacerdotales.
También se habla de una lucha por el poder entre sacerdotes y guerreros (Lincoln).  Esto es más coherente. Tal lucha se dio en el mundo védico (en su periodo final) y tuvo como resultado el triunfo de los sacerdotes. La literatura post-védica es claramente sacerdotal –el ‘éthos’ épico o bélico de los guerreros (los kshatrias) se subordina al discurso de los sacerdotes (los brahmanes). Esto es así. Guerreros y sacerdotes siempre han competido por el poder. Los violentos y los astutos.
Lo que encontramos en la antigüedad es la alianza, la complicidad entre los sacerdotes y los guerreros –entre los astutos y los violentos– en vistas al poder. Se consideraron a sí mismos como ‘gemelos’ que mutuamente se reforzaban –la casta de los sacerdotes y la casta de los monarcas-guerreros (la realeza). Fue durante milenios el ‘sistema de poder’ prevalente. Este estado de cosas ha perdurado hasta la entrada en nuestros días del poder económico (el ‘capital’) –es un ‘tercero’. El poder económico ahora se alía con el poder ideológico (religioso o político) y el poder ‘militar’. Ésta es la novedad en cuanto a ‘sistemas de poder’.
En cualquier caso, vuelven a ser los astutos y los violentos los que detentan el poder –los pilotos, los conductores de la nave. Poder económico, poder ideológico (religioso o político), poder bélico. La triple alianza, que no deja de ser una doble alianza, pues los astutos están tanto en el poder económico como en el poder ideológico. Los astutos tan sólo necesitan el brazo armado –los dispositivos represivos. Los ’poderes’ (los poderosos) mutuamente se consolidan.
No nos olvidemos de los híbridos: los sacerdotes-guerreros (en el Islam –la guerra santa), o los políticos-guerreros (en el comunismo –la revolución ‘armada’).
El ‘sistema de poder’ y sus beneficiarios. Las armas, los medios de que dispone el nuevo, el actual sistema de poder. Poder ideológico y mediático (el adoctrinamiento de las masas desde su infancia); poder represivo (militar, policial…); poder económico (financiero, industrial, comercial…). Todo está en manos de los poderosos (unos pocos, una oligarquía). Hoy como ayer.
No hay obstáculos, nada (nadie) frena la ciega codicia y ambición de dominio de las castas dominantes –de unos pocos. Es el ‘éthos’ dominante desde hace milenios. La codicia de oro, de poder, de placer. Lo que mueve, lo que motiva. Un morar indiferente a las consecuencias sociales, culturales, humanas, medioambientales… El resultado es un planeta donde la vida agoniza: especies que se extinguen; contaminación del aire, del agua, de los suelos (desertización), de la luz…; la guerra permanente, el hambre, la miseria… Es el triunfo de la muerte; del ‘éthos’ autodestructivo, suicida.
Hoy como ayer los más han de sufrir la intemperancia de unos pocos. Los más, aquí y ahora, es el planeta viviente en su conjunto. Esto es lo que peligra hoy –la vida misma.
Es un cambio en la conducta global (del individuo, de las comunidades) lo que propugna Zarathushtra. Un comportamiento otro –con lo ‘divino’, con lo humano, y con lo no humano. Afecta a todas las esferas del comportamiento, no sólo al rito sacrificial (a quién y cómo se sacrifica). Es otro modo de estar, de vivir, de relacionarse con el mundo entorno (a nivel individual y a nivel colectivo). Es un camino otro, positivo, constructivo, creador… Que atiende, que cuida, que protege, que coadyuva… a la vida.
Zarathushtra habla de caminos, de modos de ser y de estar, de con-vivir, y habla también de la libertad de elección entre estos caminos. Podemos comportarnos de un modo o de otro, ya de manera positiva, ya de manera negativa con respecto al otro o lo otro.
Las distintas facetas del ser y del hacer humanos reflejan el mismo ‘éthos’ (el ‘éthos’ dominante). Cuando se cumple el rito sacrificial, cuando se camina, cuando se come, cuando se relaciona con el entorno –humano y no humano; viviente y no viviente.  El cómo se vive, se mora, se con-vive, se co-habita… El com-portamiento global.  La unidad en el ser, el pensar, el querer, el decir, el hacer… Se siga el camino que se siga.
La reforma del acto sacrificial responde a una reforma general en los modos de vida. Se vive de otro modo, se sacrifica de otro modo. Es un cambio total, una transformación, una mutación simbólica (en la palabra, en el discurso común). Se va contra el robo, la violencia, la mentira… Contra todo aquello que perturba y daña la vida en común –el co-habitar, el con-vivir de los individuos y los colectivos humanos.
La excelencia aquí reside en la rectitud, en la veracidad, en la solidaridad (con todo y con todos)… en aquellos que regeneran la vida (la existencia). Los dotados (magauuan), los veraces (ashauuan), los rectos (erezuuan)…
La elección del buen camino, del camino que es bueno para la vida (para todo y todos). La regeneración de la vida no depende de la exactitud del rito sino del cambio de comportamiento. El rito sacrificial refleja el deseo de regeneración, responde a un cambio de conducta en lo que concierne a la vida –al cómo vivir. Se vive de otro modo, se sacrifica de otro modo. Mutuamente se afirman las diversas actividades, se condicen, se armonizan.
Los actos (de pensamientos, palabras, u obras) tienen, por lo general, consecuencias. ¿Cuáles son las consecuencias del acto sacrificial? El acto sacrificial cuenta una historia; una historia de lucha en la que triunfa el buen espíritu, el espíritu bienintencionado, contra el espíritu destructivo, aniquilador. Una y otra vez. La lucha por la regeneración del mundo, de la existencia, de la vida. Dispone el alma para el combate contra el mal espíritu. Renovar. Despertar. Alertar. Colectivamente establece una actitud beligerante contra el espíritu nocivo.
El buen espíritu lucha cotidianamente contra el mal espíritu –contra la ciega codicia de oro, de placer, y de poder; contra el egoísmo, contra la búsqueda del propio provecho... El buen espíritu es un espíritu iluminado, es consciente de las consecuencias de sus actos. Conoce los caminos y elige lo mejor para la vida. El camino de la regeneración.
El buen espíritu es un espíritu activo que interviene en los actos todos de su vida cotidiana. Vela permanentemente contra las malas intenciones, las malas palabras, las malas acciones.
Elegir el camino de la verdad y de la vida. De esto se trata. Hoy como ayer. Hoy más que nunca.
Los desastres del mal espíritu en el planeta después de miles de años de malgobierno, de violencia, de mentiras… La conducta perversa, malintencionada, dia-bólica… La conducta, el ‘éthos’ del mal espíritu. La conducta global del mal espíritu (aquí y allí). La violencia y el engaño. Un planeta viviente en peligro de extinción. El desierto avanza –en la naturaleza y en la cultura. La obra del mal espíritu.
La codicia de unos pocos, y la ceguera, la pereza, la cobardía, o la complicidad de tantos, de multitudes. La muchedumbre adora o envidia a esos pocos, anhela también el poder. La conducta de las masas sigue, emula la de los poderosos.
Los ingenieros sociales del ‘sistema de poder’. Los manipuladores, los embaucadores, los mixtificadores… Los poderosos medios de manipulación de masas del ‘sistema’.
La ceguera de esta acápite ‘humanidad’. Comportamiento ciego, irreflexivo, falto de luz. Comportamientos inducidos, creados, condicionados. Se puede hablar de hechizamiento de las masas. No hay individuos reflexivos, hay comportamientos colectivos inducidos, dirigidos, predeterminados, condicionados. El condicionamiento conductual de las masas (el arte de manipular a las masas).
Están los privilegiados que disfrutan de los beneficios del ‘sistema’ (del ‘éthos’ dominante), y están aquellos que envidian a estos privilegiados. Eso es todo.
Nada parece que anuncie un cambio en el comportamiento de estas masas. Es una huida hacia adelante. Hacia el peor futuro; hacia el peor final.
No hay salvación o liberación personal aquí, sino colectiva. Y aún más. Pues se trata de liberar o salvar al planeta viviente. No un nuevo orden (político-religioso-económico-militar) necesitamos, sino un nuevo ‘éthos’, una nueva conducta, un cambio de vida –en la manera de vivir.
La perspectiva genocéntrica, la perspectiva de la vida. La conciencia biocéntrica, genocéntrica. Las nuevas criaturas. Los futuros.
Han de venir generaciones nuevas, post-humanas  –post-antrópicas. Imbuidas en la conciencia genocéntrica. Iluminadas. Activas.
No en los dogmas de fe o en los actos de culto se encuentra la salida, sino en la conducta. El discurso etológico y ecológico de Zarathushtra se convirtió en un nuevo conjunto de dogmas de fe y actos de culto. En una rutina que en nada contribuye a la regeneración del mundo (que deja las cosas como están).
La regeneración individual es nada sin la colectiva. Se diga lo que se diga. Es más, un individuo veraz, dotado de buenas intenciones y demás, juega con desventaja en esta ‘sociedad’, se convierte fácilmente en presa de los astutos y los violentos.
Es entre los humanos (en el cariotipo específico humano) que se da esta reflexión acerca de la conducta, del hacer… Es la vida misma la que introduce esta reflexión (ética) en la naturaleza.
La ética de la vida. La ‘bioética’. Pero hay que decir, la ética en el cariotipo humano. La etología (la conducta) de las especies es incriticable desde el punto de vista moral. Únicamente los humanos se someten a la crítica o al escrutinio de sus actos. Porque nosotros somos conscientes de nuestros actos, y de las consecuencias de estos. Únicamente los humanos.
El cariotipo humano es el vértice de la evolución. Es la misma vida. La vida responsable de sí. Sólo nosotros podemos instaurar, en este planeta viviente, el ‘buen dominio’, el dominio deseable. En nuestras manos está.
Lo que es bueno para la vida. Esta perspectiva. Este punto de partida. Los obstáculos son el mal espíritu –la ciega codicia ‘personal’ (en la tierra o en el cielo) y la ambición de dominio de unos sobre otros (en la tierra o en el cielo).
Entiéndase el cielo como el espacio de la palabra, de la cultura, de la memoria colectiva… el espacio de lo ‘alto’. El ser simbólico nos viene de ahí. Entiéndase la tierra como el espacio social de los colectivos humanos, nuestra naturaleza social. La vida cotidiana de los colectivos. Podemos hablar de naturaleza y de cultura; del ser natural y del ser cultural; de necesidades naturales y de necesidades culturales.
Medrar en la tierra, medrar en el cielo. Las riquezas ‘personales’. La salvación o liberación individual. El camino del provecho propio en la tierra o en el cielo. La salvación ‘personal’ económica o espiritual. Éste es el ‘éthos’ dominante en nuestra especie, y esto es la que tiene que cambiar.
El sujeto ya no es el individuo, ni siquiera la colectividad, sino la misma vida. No hay otro sujeto.
La revelación de la sustancia genética, de la sustancia viviente única, ha privado al ‘hombre’ de realidad. No queda sino la vida. La vida que a sí misma se juzga, se valora. Lo que puede la vida en el cariotipo humano. La capacidad de juicio, de discernimiento, de ponderación… sobre los actos propios. La reflexión, la inteligencia, la memoria… El ser mismo de la vida tal y como se manifiesta en el cariotipo humano.
Esta vida nuestra puede inclinarse hacia el buen camino, el camino que es bueno para la vida. La elección. La libertad de elección. Podemos cambiar de camino, o continuar por el que vamos. El camino por el que vamos no es bueno para la vida. Y lo sabemos. Hoy no podemos alegar ignorancia.
Cambiar la consideración que acerca de nosotros mismos tenemos –hacia la conciencia de sí como sustancia viviente única. Y cambiar nuestro modo de vivir, de estar… en este planeta.
El ‘éthos’ biocéntrico, genocéntrico. Es la vida la que ha de gestionar este planeta viviente, y gestionarlo en su provecho. Pensando en sí, en lo que es bueno o malo para la vida (para sí).
El doble camino, la libertad de elección, la triada de buenos pensamientos, buenas palabras y buenas obras… Lo que nos queda de Zarathushtra. Lo eterno; lo sustancial.
*Debemos rebuscar en el pasado humano, rescatar todo aquello que nos pueda servir, que pueda servir a la vida; aquello que podamos transportar al futuro y que no entre en contradicción con el periodo genocéntrico que comenzamos. ¿Qué filosofía, qué pensamientos, que palabras, que obras…? 
Los renacidos a la vida apenas si contamos con algo que llevarnos a la boca. Algo que satisfaga nuestro gusto nuevo. Una vez probado el nuevo ‘sabor’, poco, muy poco del pasado humano nos satisface en lo tocante a palabras, a cultura… Artistas del hambre consumados parecemos.
Los renacidos crearán culturas nuevas, nuevas palabras y nuevas obras dignas de la vida. Es todo un reto para los futuros.
El sujeto emisor y el sujeto receptor resultan ser uno y el mismo –la sustancia viviente única. A sí misma se habla, a sí misma se dirige la palabra.
Vivimos los comienzos de una nueva vida, de una vida renovada, de una vida consciente de sí. Principios nuevos; puntos de partida nuevos… Todo cambiará.
Ser de aquellos que regeneran la vida (la existencia, el mundo…). La nueva vanguardia.
Este periodo de transición que iniciamos es el ‘puente de la separación’, y el ‘hombre’ no pasará este puente. En la otra orilla está el nuevo mundo, la nueva vida…
El ‘puente de la separación’ es extraordinariamente  ligero. Deshacernos, des-anudarnos, des-ligarnos, purgarnos de lo humano… del viejo camino antropocéntrico, egocéntrico, etnocéntrico… Abandonar, dejar atrás. Sin equipaje. La vida desnuda.
Elegir el camino de la vida. Este camino conduce directamente a la otra orilla.
Ya no nos queda otro camino hacia el futuro que el de la vida –si queremos seguir siendo. Y aquí no se habla de la supervivencia de la ‘especie’, sino de la vida.
La vida se juega la vida.
*
Hasta la próxima,
Manu

miércoles, 8 de noviembre de 2017

165) Genocentrismo XIX


Genocentrismo XIX.


Manu Rodríguez. Desde Gaiia (08/11/17).

 

*

 

*Si fuéramos educados e instruidos desde la sustancia viviente única, como sustancia viviente única, y no como miembros de tal etnia, tal nación, o tal cultura…
Todas las estupideces en las que viven, aún, los grupos humanos. Las discordias entre etnias, entre culturas, entre naciones… Las consecuencias letales. La locura y el horror. La pérdida de tiempo, de vidas, de luz…
El planeta está lleno de tales estupideces. La alienación étnica, nacional, cultural, religiosa, política… de las masas. Colectivos poseídos, dirigidos, instrumentalizados…
Las múltiples alienaciones a las que se ve sometida la vida en el cariotipo humano en función de su etnia, de su lugar de nacimiento, de su status, o de su entorno político o cultural.
La vida alienada, extrañada de sí; detenida, paralizada.
El desvío, el extravío. El olvido, el soterramiento del ser único que somos.
Viene esto a cuento por los recientes conflictos que estamos padeciendo en nuestros territorios, en este rincón de la vieja Europa. Individuos que cifran su dignidad y su contento en ser de aquí o de allá, y sólo de aquí o de allá. En este planeta viviente.
Patrias, naciones… ideologías… cosas muertas, idas… Residuos del neolítico; fantasmas del pasado, de los tiempos más sombríos. Que siguen moviendo, agitando a los colectivos humanos, desviándolos de sí, apartándolos de su íntima naturaleza, de su ser y de su sentido.
Retardan, obstruyen la salida del neolítico estos movimientos colectivos. Lastran, dificultan el destino de la especie humana, de la especie elegida.
No hay otra salida de este desnortado periodo, que se resiste a desaparecer, que el genocentrismo. Necesitamos una nueva ‘paideia’, una nueva instrucción para los recién llegados que les inicie, desde que nacen, en su ser genético único; un nuevo comienzo o principio (‘arkhé’), un nuevo ‘éthos’, y una nueva excelencia (‘areté’).
*En nuestros ‘inocentes’ informativos (para todos los públicos) se minimiza la importancia que para la vida tiene la sexualidad natural, la primitiva y originaria, la sexualidad reproductiva, y se ensalza y promociona la ‘sexualidad’ contranatural, alternativa, o transgénero (véanse los ‘persuasivos’ reportajes y documentales al respecto que circulan por nuestros mass media).  
*La explotación, la contaminación… Mundo inmundo.
Los malos caminos para la vida se unen. El insaciable, el ciego deseo de oro, de poder, de placer. Todo contribuye a su degradación. Las aguas, la atmósfera, el suelo productivo… la flora y la fauna… los colectivos humanos… Todo contaminado, mancillado, impuro.
Todo para en manos del ‘malo’ –de las malas intenciones, de los malos discursos, de las malas prácticas… Desde que tenemos memoria.
Ésta es la civilización que vivimos. La corona de las prácticas depredadoras y destructivas del entorno físico-químico y del mundo nuestro viviente; la corona del neolítico. Destruimos un mundo cuyas condiciones físico-químicas (atmósfera, temperatura, salinidad de los océanos…) la vida ha ido modificado hasta hacerlo cada vez más habitable. El ecosistema planetario es obra también de la vida. La misma vida ha colaborado en sus propias condiciones de existencia.
¿Quién es el sujeto de tales pésimas actuaciones; en nombre de quién…? Es el ‘hombre’, es la ‘humanidad’… El ‘hombre’ o la ‘humanidad’ son el fetiche o la coartada, la excusa…
O la vida alienada en una de sus criaturas, sin voz… (inconsciencia, olvido del ser…). O el uso mixtificador de lo ‘humano’ o la ‘humanidad’: en el nombre de la ‘humanidad’, o del progreso de la ‘humanidad’. Primero lo humano, en cualquier caso.
Es una dictadura, una tiranía, lo que ejerce el ‘hombre’ sobre este planeta viviente. No el hombre, en verdad, sino la misma vida. Es vida contra vida.
El hombre ha tiempo que ha desaparecido –desde Darwin, desde la revelación de la sustancia genética. Lo nuestro ahora, en el periodo genocéntrico, es la vida, no lo que concierne a los ‘humanos’ –al individuo,  a la especie, o a tal etnia o grupo social…
*La vida alienada, esclavizada… subordinada a una especie determinada, a una etnia, a una cultura… No gira alrededor de sí misma. No piensa en sí. Se ignora. La ignorancia fatal.
Liberar a la vida, a la sustancia viviente única, de toda servidumbre. A Líf, a Gaiia…
*Nosotros somos mortales, pero la sustancia genética es virtualmente imperecedera; es el/la/lo viviente indestructible, inmortal.  La sustancia viviente se eterna, se prolonga en las generaciones.
Las biomoléculas. La materia viviente cósmica. Tan eterna como el mismo cosmos. Consustancial.
*Tiempos finales. Decisivos. Batalla final. Las catástrofes de todo tipo (humanas y medioambientales) que nos envuelven; que ponen en peligro a la misma vida. Nunca tan cerca del final.
Las buenas intenciones. Querer, pensar lo mejor para la vida. Actuar en consecuencia.
El dualismo etológico (ético, moral). Con la buena elección no se salva el hombre, sino la vida. La libertad de elección, y la elección de lo mejor para la vida, no conduce a la liberación o salvación ‘personal’. No es la liberación o salvación del ‘hombre’ (individual) la meta, sino la liberación o salvación de la vida. La vida elige la vida. Por último, no es una ‘doctrina’, o una ‘fe’. Es un saber.
Las buenas intenciones, carentes de fuerza, se ven arrastradas por el poder y la fuerza de las malas intenciones. El buen espíritu nada puede. El resultado es un planeta devastado. Estamos destruyendo el hábitat, la morada, la labor de millones y millones de años. Un futuro terrible nos aguarda si continuamos por este camino. ¿Qué hacer?
El caos, la destrucción como nunca antes. En todo el planeta. La ciega violencia, la ciega explotación… Las malas prácticas –el mal hacer. Todo el planeta afectado –no hay rincón que se libre de la presencia del mal espíritu y de sus obras.
La vida se lamenta. Los ‘videntes’. ¿Cómo hemos llegado a esta situación? El mal espíritu hace lo que quiere sin control alguno. La obra de nuestros ancestros arruinada, deshecha.
Sujetar, vencer, dominar… Es la vida la que ha de poner freno a la vida. La vida que se lamenta, la vida que ‘ve’, ha de proyectar luz sobre nuestras acciones.
Corregir el rumbo. Cambiar de camino –de costumbres, de hábitos. Habitar, morar de otro modo.
Autoconocimiento y autodominio. No basta con mandarse, hay que obedecerse (Nietzsche). La interna jerarquía.
¿Cómo, conoces lo mejor y eliges lo peor? ¿Has perdido el juicio?
Hoy no cabe alegar ignorancia.
Los enemigos de la vida. Los codiciosos, los belicosos, los mixtificadores…  Los enemigos de la verdad y de la vida. Sembrando muerte y miseria en el planeta entero.  Un planeta viviente que se duele y se lamenta. Apenas si tiene valedores, y estos carecen de fuerza, de poder. ¿Cómo regenerar la vida?
La vida que a sí misma se explota, se agrede, se destruye, se arruina… La vida mala, la vida enferma…
Son unos pocos los que gobiernan el mundo, los que se imponen. Es el poder de unos pocos. Imponen su mundo, su ley, su orden… por las buenas o por las malas.  Lo vemos cada día. Las masas, las inmensas multitudes alienadas, manipuladas, engañadas… instrumentalizadas. La eterna guerra, la eterna miseria. El caos, el desorden endémico en este planeta.
La vida buena arrinconada. No hay espacio, no hay lugar para la vida buena. Todo contaminado, mancillado, maldito.
La buena fe y la mala fe son estados de conciencia. A sabiendas se hace el mal. Con malas artes, con mala fe se imponen los pocos sobre los muchos. La buena fe nada puede. Es el eterno, el constante triunfo de los ‘malos’. Las ficciones que el ‘sistema’ pone en circulación (cinematográficas, literarias, religiosas, políticas…) nos engañan, nos ciegan, el bien jamás triunfa.
No se puede, no se podrá contra los sistemas de poder y sus beneficiarios. De hegemonía en hegemonía, de sistema en sistema, de poder en poder… Así vamos. De manipulación en manipulación. La lucha entre los diversos sistemas de poder.  Las fuerzas aliadas del ‘sistema’ de poder dominante actual. Y este sistema de explotación, de agresión, de poder… ¿cuánto durará? Y el próximo. De ‘amo’ en ‘amo’ vamos.
La buena fe, las buenas intenciones, la buena conciencia… nada pueden contra esta turbia lucha por la hegemonía entre los diversos sistemas de poder. Omnipresente. Ubicua. No hay rincón del planeta libre de la querella por el poder entre los codiciosos. Las banderas, las facciones enfrentadas (las masas manipuladas, instrumentalizadas… la carne de cañón).
No hay salida, tal vez. Esto es lo que hay. La realidad. El ser. Lo que fue y lo que será. No hay otro camino; no hay alternativa. Eterna sombra.
La salida que el ‘sistema’ (los diversos sistemas de poder) nos ofrece es la salida individual, la salvación personal. Los muy zorros.
La alternativa ha de ser global. Aquí o nos salvamos todos, o no se salva nada ni nadie.
El ‘hombre’ es tanto el problema como la solución. Quiero decir la vida en el cariotipo específico humano. Es la vida en todo momento. Es la vida el problema, y es la vida la solución. Es vida contra vida. Y es vida pro vida.
La lucha, absurda, incongruente, por el dominio del ‘mundo’ de unos contra otros. Un dominio que ya la vida ejerce. Porque  la vida es poderosa en sí misma. Y la vida en el cariotipo humano tanto más. ¿A qué buscar y codiciar un poder que ya se tiene?
Justamente un paraíso podría ser la vida de todos en este planeta. Un mundo regenerado. Pacíficos trabajadores, pacíficos investigadores, pacíficos exploradores… Una vida en progreso y en paz.
Un mundo centrado en la vida y en lo que es bueno para la vida. La gestión ecológica del planeta. El cuidado del medio (biótico y abiótico).
La revolución genocéntrica es lo que está por venir. La salida global a miles de años de locura y de horror; de ceguera, de inconsciencia, de no saber... La única salida. No como hombres hemos de luchar por este futuro, sino como vida.
¿Cómo podrá ser esto? ¿Cómo se alcanzará este nivel? ¿Cuándo? El tiempo apremia. Hay procesos irreversibles. Perdida de flora y fauna. Contaminación del suelo, del aire, de las aguas… La hambruna, la miseria, la violencia, la guerra… –endémicas, enquistadas, eternas. Dolor, dolor, dolor… ¿Cómo saldremos de ésta? Son los últimos tiempos, sin duda. Como nunca antes. Nunca más necesitados de una salida.
Nosotros, la vida, somos el problema y la solución. Únicamente nosotros, los miembros del cariotipo específico humano, podemos frenar o detener la autodestructiva marcha que llevamos. En nuestra mano está el cambiar de rumbo, el cambiar el modo y manera de estar, de ser, de vivir… en este planeta.
Actuar con inteligencia, con cordura, con verdad… El bien hacer. Un ‘éthos’ nuevo centrado en la vida. La vida es ahora la medida –no el hombre, no la criatura. Lo que es bueno o malo para la vida. Éste es el criterio que ha de guiar la acción. Éste ha de ser nuestro morar, nuestro con-vivir, nuestro co-habitar en este planeta. El proceder ajustado es nuestra única garantía de futuro.
*Las palabras pueden ser engañosas, tramposas, dia-bólicas… Lo dia-bólico es la doble intención, el doble consejo, la doble lengua… la doble fe –la lengua bí-fida. Si las palabras no son suficientes para ‘cautivar’, doblegar, o dominar, se aplica la disciplina del terror (Isidoro de Sevilla)… Los violentos y los astutos son los que mandan en nuestro mundo viviente. De ellos es el poder, y la gloria.
Lo contrario de lo dia-bólico es lo sim-bólico. Lo sim-bólico es el sentir común, el con-senso, el querer común… El pensamiento común –el pensar en todo y en todos. Lo sim-bólico es la concordia, la armonía, el orden (asha, rtá) deseable.
La conducta integral –el pensamiento, la palabra, y las obras. Una sola lengua sublime y acordada.
La conducta de los individuos humanos es generalmente egoísta. No se piensa en el otro, en el beneficio común, sino en el propio provecho. La conducta de la ‘humanidad’, en este planeta, es la suma de todos esos pequeños egoísmos, de todas esas pequeñas voluntades. Todo humano mira y tira para sí. Es un universo ‘tenso’, un mundo tensado de egoísmos. No hay nada común, nada que una, que haga ‘uno’.
Lo simbólico es lo común. Lo que concierne a todos. La conciencia colectiva, una.
*ZHN, el viviente. Gaiia, la viviente. Ahu, el existente. Líf, la vida… Xenus. Genouss y Genoussin.
Xenus/Nexus es la vida en el cariotipo humano –la vida consciente de sí. Recuperada la conciencia, la memoria, el ser… Reavivada, renacida.
*Creador, artífice, demiurgo, señor de las criaturas… Dhatr, Tvashtr, Prajapati… La materia viviente. El plasma germinal. La sustancia viviente única. Xenus. Nos. Genouss y Genoussin.
La vida que cuida de sí; que se protege, que se prodiga, que se ama. Lífthrasir.
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Hasta la próxima,
Manu