Sobre el nuevo período genocéntrico


El camino que abrió Darwin nos ha conducido a la sustancia genética (al ADN). Este descubrimiento nos hace pasar (a todos los grupos humanos) del fenocentrismo al genocentrismo. El centro se ha desplazado de la criatura al creador (de los fenotipos a los genotipos). La sustancia genética es la única sustancia viviente (‘viva’) en este planeta. Nosotros, pues, no podemos ser sino sustancia genética. Esta ‘revelación’ (esta
auto-gnosis) ha partido en dos nuestra historia sobre la tierra. Todo el pasado cultural de los humanos ha resultado arruinado, vacío, nulo... La ilusión antropocéntrica que nos ha acompañado durante miles de años se ha desvanecido. Se ha producido una mutación simbólica (en orden al conocimiento y a la conciencia de sí como sustancia viviente única); el cariotipo humano entra en un nuevo período de su devenir.

Esta aurora, este nuevo día cuyo comienzo presenciamos, alcanzará en su momento a todos los pueblos de la tierra. Pueblos, culturas, tradiciones, creencias… todo lo ‘humano’ desaparecerá. Viene una luz (un saber, una sabiduría) tan devastadora como regeneradora. Esta regeneración del cariotipo humano en el orden simbólico tendrá sus consecuencias. En un futuro no muy lejano hablaremos, pensaremos, y actuaremos, no como humanos sino como sustancia viviente única.

No hay filósofos aún, ni poetas, ni músicos, ni científicos… para este período genocéntrico que inauguramos. No hay nada aún para las nuevas criaturas, para la sustancia viviente única –en
esta nueva fase de su devenir. Nos queda la elaboración de una cultura, de un ‘mundo’ nuevo (digno de la naturaleza de nuestro regenerado, de nuestro recuperado ser). Queda todo por hacer.

martes, 10 de octubre de 2017

163) Genocentrismo XVII


Genocentrismo XVII.


Manu Rodríguez. Desde Gaiia (10/10/17).

 

*

 

*Los seguidores del orden, de lo justo, de lo verdadero… –‘ashavan’ en avéstico, ‘rtávan’ en védico. Asha/arta, en avéstico; Rtá, en védico: el orden, lo justo, lo verdadero… lo que es. El campo semántico del término (‘arta’/’rtá’) linda con el campo semántico del término/verbo ‘ser’: ‘sat-yá’ (participio presente de ‘as’, ‘ser’, en védico), ‘haith-iia’ (igualmente en avéstico, del verbo ‘ah’, ‘ser’): lo real, lo verdadero, lo realmente existente, la verdad… Asimismo, el término védico ‘a-sat’, es el no ser, lo que no es, lo no existente, lo falso, lo no verdadero. También tenemos el término ‘an-rtá’ (la negación del orden, que equivale a mentira, falsedad…).
La negación del ser y la negación del orden. El orden y el ser. El orden, la verdad, el ser… Una y la misma cosa. Ser, orden, y verdad.
Asu/ahu. Vida, existencia. Relacionado con el verbo ser (‘as’/’ah’). Los ‘asuras’ védicos, y el ‘ahura’ avéstico (Ahura Mazda). ‘Mazda’ es sabiduría.
El verbo ‘ser’ está ligado con la existencia, con la vida, con el ser… con el orden, con la verdad… El no-ser (asat) y el no-orden (anrtá) están ligados  con la mentira, con la irrealidad…
*La vida se dice en avéstico ‘gaiia’.
*La vida, en el cariotipo humano, alberga dos espíritus, uno que suma, otro que resta.  
Hay vida contraria o enemiga de sí.
La batalla entre estos dos espíritus aún no ha comenzado. Constantemente se impone el mal espíritu sobre el buen espíritu (carente por lo general de fuerza y de malas intenciones). Todavía no ha habido una respuesta del buen espíritu.
Desde que tenemos memoria (todo el neolítico histórico, los últimos seis mil años) vemos como se impone en los colectivos la violencia y el engaño. Las civilizaciones belicosas, imperialistas, depredadoras, explotadoras, esclavistas… sus ‘discursos’ legitimadores (religiosos, políticos, filosóficos…).
El mundo, este planeta viviente, está en manos del mal espíritu desde hace milenios; en manos de los astutos y los violentos.
El buen espíritu ha de plantar batalla al mal espíritu. Ha de poner freno a la deriva destructiva que llevamos. El poder, hasta ahora, está en manos del mal espíritu.
El mal espíritu tiene poder, mucho poder. Y armas, muchas armas. Y muchos colaboradores.
El ánimo o espíritu codicioso, destructivo, posesivo… La avidez de dominio material, de poder sobre todo y todos.
Todas las estructuras o sistemas de poder, de unos sobre otros, han sido ingeniados por el espíritu hostil. Los métodos: la astucia y la violencia.
El espíritu nocivo carece de moral común, colectiva. Es egoísta, egocéntrico. No mira más que por sí. Jamás mide las consecuencias de sus actos. Indiferencia moral absoluta. Es el arma más poderosa. Nada de escrúpulos.
Nada detiene a este espíritu destructivo. No hay fuerzas contrarias, no hay poder (no hay contra-poder).
La batalla contra este espíritu nunca se ha entablado; nunca se le ha hecho la guerra. Las batallas ganadas y relatadas por Zarathushtra son míticas, alegóricas, no han tenido lugar. Son fruto más del deseo que de la realidad.
El mal espíritu campa a sus anchas. Ejerce su dominio sobre todas las cosas. Su poder (bélico, policial, jurídico, ideológico, político, mediático…) es absoluto, podríamos decir. Dueño de la palabra, de la ley; señor del discurso dominante.
El buen espíritu es nada, no cuenta más que con buenas intenciones, buenas palabras, y buenos actos. Ni vence, ni convence. Su palabra es nada. Carece de fuerza. Se pierde en el caos de discursos que pululan. La palabra de los sabios.
Nada une al sufriente planeta viviente contra los opresores y supresores. Contra las obras del mal espíritu –el devastador, el aniquilador.
Es en el cariotipo humano que tal discordia se hace patente. Llega a la palabra, a la luz.  
La vida puede tomar un camino u otro. Un camino bueno, benéfico, provechoso, y otro camino malo, nocivo, perjudicial… En esto consiste la libertad de la vida en el cariotipo humano. La libertad de elección.
Hace milenios que vamos por el camino malo. Destruimos, y nos destruimos.
Hay una vida que se afana, vence, y progresa. Hay otra vida que destruye, consume, desertiza…
Las fuerzas que lideran la marcha de las cosas son las fuerzas destructivas. Las que mandan, las que gobiernan. Los poderosos de la tierra.
Ciega, indiferente a las consecuencias marcha esa vida hostil. Sólo ama su poder.
El desierto crece –en la naturaleza y en la cultura. La palabra gastada, vacía, muerta. No hace efecto. No mueve. No hace nada. Todos los espíritus en manos del espíritu nocivo (su mente, su conciencia… su instrucción). El poder de este espíritu.
El astuto fabricante de opiniones públicas, de discursos colectivos… de visiones del mundo (religiosas, filosóficas, políticas…). Las armas del espíritu hostil.
¿Qué puede hacer el buen espíritu? Despabilar; rescatar a esas almas de manos del espíritu nocivo. ¿Cómo? Mediante la palabra… Guerra fría al espíritu nocivo. Desobediencia civil. No colaborar. No participar. No seguir…
Hay que partir de la vida. Es la vida la que aquí se enfrenta consigo misma. Todo se reduce a este dualismo conductual. O la vía de la vida, o la vía de la muerte.
La vida. La comunidad de los vivientes. La vida en el cariotipo humano.
Es en el cariotipo humano que se entabla esta batalla entre los dos espíritus.
Mediante el buen espíritu la vida prospera, mediante el mal espíritu la vida decae.
La vida, y el buen y el mal espíritu. La naturaleza sabia (la existencia, el ser viviente, la sustancia viviente única), más el espíritu benéfico, positivo, bueno (spenta mainiiu) y el espíritu nocivo, negativo, malo (angra mainiiu).
La vida, la existencia (gaiia, ahu), y los dos espíritus (ánimos, talantes, actitudes…).

La buena conciencia (vohu dên) es la conciencia que elige el camino del buen espíritu (spenta mainiiu). La mala conciencia…
Hay las buenas intenciones o pensamientos (vohu manah), y las malas intenciones (aka manah). El buen dominio y el mal dominio… La verdad, el orden, la justicia (Asha), y la mentira, el desorden, la injusticia (Drug)…
La dualidad, el dualismo que recorre los Gâthâs o cantos de Zarathushtra. Una dualidad que, en justicia, solo podemos encontrarla en el cariotipo humano. Es un dualismo no metafísico u ontológico, sino psicológico, o mejor, etológico –conductual. Maneras de vivir, de estar, de morar… el ‘éthos’, la ética.
El cariotipo humano. La vida escindida, dividida y enfrentada. El drama que vivimos. La especie consciente, inteligente, sabia… a la manera de la vida. La libertad de elección. Es un poder; es el poder de la vida. El doble camino, la doble vía. Construir, destruir…
El dualismo se reduce a la vida en el cariotipo humano. No es extensible a otras criaturas, a otros organismos, a otros cariotipos… únicamente los miembros del cariotipo humano conocen la responsabilidad –el tener que responder.
Es obvio que la multiplicidad pulsional y volitiva es variada, extensa (los estados de ánimo, los estados mentales, las pasiones, los afectos…), pero si tomamos como referencia a la vida, podemos decir si tal o cual actitud, intención, o deseo son positivos o negativos para ésta. La vida es la medida.
Es la vida en el cariotipo humano la que se encuentra con los dos caminos. El fenómeno de la doble elección sólo lo vive, o experimenta, la vida en el cariotipo humano. Toda la ética se fundamenta en esto. Cómo vivir, morar…
Es la misma vida, pues, la que introduce la ética en la naturaleza.
No lo que me beneficia a mí, o a nosotros (familia, clan, grupo, etnia, nación… ‘especie’), sino lo que beneficia a la vida. Éste es ahora el criterio.
El buen espíritu favorece y hace prosperar a la vida, el mal espíritu la perjudica, la daña, la debilita… El buen hacer, y el mal hacer.
Como humanos tenemos clara conciencia de esto que digo. Acumulamos experiencia, sabemos de esto y de aquello, sabemos… Siempre somos conscientes de la naturaleza de nuestros actos –de su buena o mala intención, de sus probables consecuencias… Nosotros sabemos. La vida sabe.
Es la vida en todo momento la que decide, la que elige… El doble camino.
La buena conciencia, la que contribuye a la vida. La mala conciencia. El camino rojo (la preocupación por todos) y el camino negro (la preocupación tan sólo por uno mismo) de los ‘lakotas’ ahora extendido a la vida. Ya no es el grupo o la tribu, sino la comunidad de los vivientes, el planeta viviente en su totalidad.
No sólo hemos de ocuparnos del resto de las formas vivas, también hemos de ocuparnos de las condiciones físico-químicas de nuestra existencia (el hogar, la morada). El planeta en su integridad.
Que la balanza se incline hacia lo positivo, creativo, constructivo… Hasta ahora domina lo negativo, lo destructivo, lo devastador. Abandonar el mal camino, el camino que destruye, que mata, que aniquila…
Hasta ahora dominan las fuerzas hostiles a la vida (desde que tenemos memoria). Domina la ciega codicia, la insaciable depredación… el egotismo de uno o de unos pocos. Indiferentes a las consecuencias. Un planeta destrozado, devastado… dejaremos. La obra de millones y millones de años.
¿El cariotipo humano un experimento fallido? ¿No pudo ser? Faltan el autodominio, la autodisciplina… las metas claras. Que prevalezcan las fuerzas constructivas. De esto se trata.
Una lucha contra las fuerzas destructivas. Contra la enfermedad (contra la vida enferma), contra el mal (para la vida); contra la locura y la muerte.
La vida consciente de sí desaparecería de la tierra. La luz de este mundo. La vida en su forma humana.
En un momento dado en el devenir de la vida… Es la vida la que se encuentra ante el doble camino. Es la vida la que se juega su futuro, su ser o no-ser, en estos tiempos. Si elegirá el camino de la vida, o proseguirá por el camino de la autodestrucción. La re-anudación, la re-ligación a la vida. La buena elección.
Estos son los tiempos de la gran decisión. La elección ahora compete a la entera especie humana.
Individualmente todos hemos conocido estas bifurcaciones fatales, decisivas en nuestra vida. Los cambios radicales de rumbo que alteran (que hacen otra) nuestra vida.
“Todo necio ama más su hábito que su provecho”, Nietzsche. Éste es el caso. La inercia comportamental de los ‘adictos’, pese al conocimiento del daño que tal o cual hábito les produce. Luchar contra los maños hábitos, los dañinos o perjudiciales para nuestra salud.
El estado de necedad (no saber por ignorancia u olvido) en el que se encuentra la mayoría de la ‘humanidad’. Ignorancia, desconocimiento de lo esencial.
El conocimiento esencial ahora es el conocimiento de sí como sustancia viviente única. Este saber nos sitúa aún más en la encrucijada. Ahora sabemos más que nunca. Ahora nos sabemos. Este saber de sí transforma la mirada –el modo en que miramos y nos miramos; el ser y el estar (el morar). El morar y la moral. Este saber exige un cambio en el morar, un cambio de moral. Moraremos, viviremos de otro modo en este planeta. Nuestra moral será otra. Una moral y un morar que se atiene a lo que es bueno para la vida –para Nos.
Cambio de rumbo del cariotipo humano en su conjunto. Un futuro otro. Genocéntrico. Centrado en la vida. En guardia constantemente contra el espíritu hostil a la vida (todo aquello que perjudique a la vida).
Conciencia del dualismo, de la libertad de elección.
Hay un primer principio: ‘ahu-’, ‘asu-’ ‘gaiia’, la vida. Y dos espíritus, ánimos, talantes, actitudes… fundamentales. Una que favorece a la vida, y otra que la daña (a corto, medio, o largo plazo). Dos maneras de vivir, de morar.
Saber estar. Ser conscientes de nuestro papel, de nuestro estado, de nuestra situación, de nuestro contexto, de nuestro entorno… com-portarse. Com-portarse, cohabitar, convivir, con-templar lo otro.
Una humanidad (una vida) codiciosa, insaciable… una huida hacia adelante… Estos son los momentos.
La codicia es un no saber estar. Un morar tiránico con los otros, con el medio. Como si fuera posesión nuestra. Propio de personas que no se conocen, que no se auto-dominan… 
*Si tuviéramos que usar el lenguaje ‘teológico’ de los antiguos helenos diríamos que la astucia (Hermes) y la violencia (Ares) nos gobiernan. Hermes y Ares son hijos de Zeus no menos que Atenea (la sabiduría), Hefaistos (el ingenio), Apolo (las artes en general), Artemisa (la virginidad, la pureza), o Dioniso.
De todos los hermanos únicamente Hermes y Ares se destacan por sus actividades mixtificadoras y destructivas respectivamente. Hermes es tanto  la mentira como las malas intenciones, la impiedad… Va contra Asha (la verdad, el orden, la justicia…), contra Vohu Manah (el pensamiento benéfico), contra el espíritu benéfico (Spenta Mainiiu)…
Del panteón védico únicamente Indra (el Ares védico) es denostado. Se salvan Soma (Haoma), Agni (Atar), Aryaman (Airyaman), Mithra… La mentira a la que alude Zarathushtra es obra de los sacerdotes (las mixtificaciones sacerdotales, que podemos relacionar con Hermes). Los sacerdotes y los guerreros son, además, parásitos sociales.
Hermes es el ‘dios’ tutelar de ladrones, banqueros, comerciantes, sacerdotes, políticos… Los grandes mixtificadores, maestros de la palabra engañosa.
Es la ciega violencia y la astucia sin escrúpulos lo que se rechaza de la tradición común arya (el ‘mundo’ en el que se mueve Zarathushtra). La reforma dualista  es la distinción que se establece entre los ‘dioses’ o principios que resultan positivos para la vida (la tierra, el ganado, las aguas, los hombres…), y los que resultan destructivos.
(‘Mundo’ es tierra y cielo, mortales e inmortales. Heidegger).
El dualismo etológico de Zarathushtra no es nihilista, no es un punto de fuga (como el hinduismo, el budismo, el cristianismo…). Nada tiene que ver su figura con los ‘salvadores’ hinduistas, budistas, o cristianos. Hace valer la conciencia, la reflexión, la libertad de elección. Opta por la buena intención, por el buen hacer, por el buen morar… por el buen camino para la vida.
 Los astutos y los violentos gobiernan el mundo. De ellos es el reino. No tienen nada que ver con la sabiduría, el arte, o la espiritualidad… No tienen nada que ver con la verdad, con la justicia, con el buen dominio… Lo suyo es el poder (a cualquier precio). La codicia insaciable y la indiferencia moral (su morar, su habitar, su manera de vivir, su manera de ser y estar, indiferentes a las consecuencias) son las fuentes de su éxito y de su poder.
Las fuerzas creativas yacen maniatadas o subyugadas, rendidas. La inteligencia de Atenea, de Hefaistos, de Apolo… es puesta al servicio del poder.  La ciencia, el conocimiento, el arte, la espiritualidad… son también instrumentos de poder del espíritu nocivo. Han ido degradándose poco a poco (desde la antigüedad), han terminado perdiendo soberanía, independencia, libertad, verdad… Han perdido la gloria, el brillo, el esplendor… energía, fuerza… (el ‘xvaranah’ avéstico). Han quedado reducidos a nada. La pérdida del ‘xvaranah’ suponía la imposibilidad de cumplir su misión.
Los dos caminos. Las dos maneras de vivir, de comportarse, de morar… Aunque pudiéramos incluir a los laxos, a los perezosos, a los negligentes, a los indiferentes… a los indecisos, a los fluctuantes… a los ignorantes, a los inconscientes… La inmensa mayoría. Sólo unos pocos están de un lado o del otro de manera plena y consciente.
No se vive o mora de manera consciente y plena. Apenas nadie se estremece ante el fenómeno ‘vida’.
Líf y Lífthrasir son la pareja que sobrevivieron al crepúsculo de los dioses y de la humanidad –en el relato escandinavo (el Ragnarök). Líf es vida (‘life’), y Lífthrasir es aquel que ama, desea, ronda, gira en torno a la vida (Líf).
La decisión positiva, la buena elección, incluye necesariamente el amor. Es amor a la vida –a Líf, a Gaiia. Los amantes de la vida. Aquellos/aquellas que aman la vida.
La estirpe de Líf y Lífthrasir, de Genouss y Genoussin. La comunidad de amantes de la vida. La escuálida, la mínima, la diminuta comunidad. Débiles, pobres; sin poder, sin fuerza. ¿Cómo lograrán la victoria sobre las poderosas y numerosas fuerzas destructivas?
Pese a sus exiguas fuerzas los amantes de la vida vencerán en esta contienda. Finalmente la ‘buena vida’, el buen camino, se impondrá. La vida consciente de si se juega el ser, el seguir siendo. Estos son los momentos que vivimos. Se requiere una decisión final que afecte a todos los colectivos humanos (a sus maneras de vivir, de morar en este planeta) –que la balanza se incline definitivamente hacia lo bueno para la vida. El futuro (el nuestro, el de la vida consciente de sí) será genocéntrico o no será. La razón de la vida se impondrá sobre la sinrazón.
*
Hasta la próxima,
Manu

miércoles, 27 de septiembre de 2017

162) Genocentrismo XVI


Genocentrismo XVI.


Manu Rodríguez. Desde Gaiia (27/09/17).

 

*

  

*El dominio de sí, la posesión de sí. El autodominio. La rección del ámbito pulsional; de la fuerza, de la potencia. La dirección, el camino a tomar. La elección.
La conciencia, el saber de lo bueno y de lo malo (de lo que viene bien y de lo que viene mal). Lo que viene bien y lo que viene mal, ahora, para la vida.
La conciencia, el saber genético. La conciencia de sí genética, la conciencia que viene.
*El camino que hoy llevamos, todos los humanos, porque hoy nuestra civilización es planetaria, es el de la destrucción. Y a sabiendas.
Los signos se multiplican: el efecto invernadero, el calentamiento global… el deterioro medioambiental en su conjunto. Pero nada importa. Las fuerzas destructivas (las oligarquías, los poderosos de la tierra; el ‘Sistema’ de poder y sus beneficiarios), por ejemplo, se alegran del deshielo de los Polos porque, dicen, abrirá nuevas rutas comerciales y dejará al descubierto nuevas zonas de explotación (se piensa en las riquezas del subsuelo)… 
Tiempos ciertamente finales vivimos. Cerca, muy cerca de la catástrofe. La locura, el desorden, el caos… Nada frena, nada detiene la devastación a la que estamos sometiendo al planeta. Todos contribuimos. Todos gozamos de los frutos del ‘Sistema’ –sus maravillosas tecnologías…, sus ‘juguetes’… Ignoramos el ‘coste’ medioambiental y humano. La destrucción, la devastación…
Donde está el peligro está también lo que salva, decía Hölderlin/Heidegger. Lo que salva ahora es el saber de sí genético. Este saber es la única arma de las fuerzas benéficas, esta luz.
Una nueva cultura, una nueva mentalidad, una nueva conciencia…
Exceptuando las catástrofes naturales, no hay ningún mal en este planeta viviente que no proceda de la ciega codicia de los ‘humanos’. No de todos, hay que decir. Quizás hablemos incluso de una minoría. Los oligarcas. Los pocos poderosos. Los que lideran (por intereses propios) esta carrera de destrucción. El poder económico, el poder ideológico, el poder bélico… aquí y allá. La cúspide de la pirámide. Los que mandan, los que gobiernan, los que deciden… Unos pocos.
Las fuerzas destructivas se imponen sobre los pueblos, los colectivos humanos. Imponen su realidad, imponen su ley… se imponen –mediante la astucia y la violencia. Engañan, mixtifican… Cuando los engaños (las legitimaciones del poder) pierden fuerza en la población, recurren a la violencia. Los astutos y los violentos mandan, gobiernan… los poderosos de la tierra. Dinámica infernal.
La inmensa mayoría de la población humana, y el planeta mismo (viviente y no viviente), padecen la rapacidad de unos pocos, el poder de unos pocos. Las fuerzas destructivas puras, las que lideran e imponen el estado de cosas, son pocas. Si bien su poder es mucho. Disponen de ejércitos, de policías, de juristas, de economistas… de ideólogos (religiosos o políticos) –los beneficiarios indirectos, los privilegiados... los bien pagados. Por debajo de estos están los autónomos, la masa salarial… la mayoría de la población.
Una falsa civilización estamos creando –la cultura de masas, la sociedad de consumo… Un mundo global impuesto por los poderosos. Las masas democratizadas; los Estados democráticos, plurales, abiertos…. el libre flujo de capitales y mano de obra. Las necesidades del ‘sistema’: el ‘clima’ político, cultural, social… que requiere para su ‘progreso’. Los beneficiarios directos e indirectos del poder efectivo de las fuerzas destructivas.
Una nueva cultura, un nuevo mundo necesitamos… Un mundo post-humano. ¿Cómo lo haremos? La lucha contra las fuerzas destructivas internas y externas –las individuales y las colectivas.
La revelación de la sustancia genética viene en tiempos oportunos. En tiempos de necesidad. Allí donde abunda el peligro. Lo que salva; la salida. El futuro.
Hoy no se lucha contra las fuerzas destructivas. Son las fuerzas destructivas las que luchan entre sí (por el poder) –la concurrencia, la competencia, los ‘poderes’ (el poder económico contra el poder político y viceversa…).
Se requiere la creación de movimientos de masas genocéntricos, sociales, no estrictamente ecologistas. Los daños de las fuerzas destructivas son múltiples (sociales, culturales, económicos, medioambientales…).
Es preciso, pues, la difusión del genocentrismo –la nueva mentalidad, la nueva conciencia. Aumentar las filas de las fuerzas positivas, creativas, pro-vida.
Un conflicto de magnitudes planetarias. Un conflicto esencial, vital. Un  conflicto interminable.
La vida, en el cariotipo humano, está destinada a luchar consigo misma, a enfrentarse consigo misma, a combatirse, a superarse, a dominarse… Autodominio y autognosis son los ejes que articulan la vida en el cariotipo humano. En el grado de autodominio y de autognosis radica la excelencia en los cariotipos humanos.
Zarathushtra predice una batalla final, con la definitiva victoria de las fuerzas benéficas. Pero no es así. El conflicto de las fuerzas antagónicas en el cariotipo humano no tendrá fin hasta el último de nuestros días sobre este planeta.
La disyuntiva, el dilema, la encrucijada… La deliberación, la elección. O un camino u otro. Una y otra vez, a cada paso, y hasta el último de nuestros días.
Siempre alerta, pues. Siempre despierto. En cada momento las pulsiones destructivas (nocivas para la vida) pugnan por salir a la luz, por realizarse. Las fuerzas que perjudican, que dañan a la vida.
Las fuerzas que oprimen, que reprimen, que suprimen… La pulsión de dominio material que no repara en las consecuencias (para la vida), apremiada por la codicia de bienes, de placer, de poder... Las fuerzas nocivas.
La vida, en el cariotipo humano, tiene sus propios conceptos, sus propias categorías (su propia semiótica).
Una multiplicidad pulsional que requiere gobierno, orden, disciplina, jerarquía… Las fuerzas benéficas han de prevalecer sobre las fuerzas perjudiciales. Esto es lo que se pondera en cada acto: si hace bien o mal a la vida –a Nos.
Lo bueno, lo que incrementa nuestra salud. Lo malo, lo que daña nuestra salud. Lo que nos hace más fuertes, lo que nos hace más débiles. Lo que nos acerca a la vida, lo que nos acerca a la muerte.
Mirar por sí en el orden del bien común (el de la vida).
El cariotipo humano tiene un destino fijado en el orden viviente, ciertamente. Por ser el cariotipo más poderoso, y el único consciente de sí. Pero si el cariotipo humano es incapaz de poner orden en sí mismo, ¿cómo podrá ejercer algún dominio más allá de sí? Los ‘hombres’ no dominan este planeta viviente, se limitan a explotarlo, a esquilmarlo, a degradarlo...
Los momentos presentes son quiciales para el futuro de la vida. Las especiales circunstancias que vivimos. Tiempos finales, agónicos. Vamos hacia una catástrofe medioambiental ocasionada por nuestras mismas actividades; por un morar hostil a la vida.
Son también tiempos de deliberación. ¿Qué haremos? ¿Qué futuro queremos? El camino que llevamos no puede ser más perjudicial, más dañino para la vida. Es una ciega huida hacia adelante, hacia un futuro letal. ¿Quién impone, quién lidera esta huida; quién marca el rumbo?
 Las fuerzas destructivas tienen rostro, y voz, y poder, mucho poder.
Las fuerzas benéficas apenas si tienen voz en esta contienda. Las fuerzas que miran por la vida.
Tiempos pésimos para la vida. Apenas si tiene valedores.
Tomarnos en serio el dualismo conductual. El referente ahora es la vida. Un morar otro necesitamos –el actual es claramente hostil a la vida.
La conciencia de sí como vida nos abre el camino de un morar otro. La perspectiva genocéntrica. Es una mirada otra. La sustancia viviente única se convierte en el centro del mirar. Esta mirada trae un nuevo morar. Lo exige.
La vida es lo primero por lo que hay que mirar. Este mirar atrae las fuerzas benéficas todas, moviliza a las pulsiones constructivas: las buenas intenciones, la verdad, la justicia, el buen dominio…
Las fuerzas destructivas miran y actúan desde el ‘hombre’ (sus intereses, sus necesidades, sus ambiciones personales…), no desde la vida (la sustancia viviente única). Son fuerzas que se extrañan del resto de la vida. Las tradiciones humanas (religiosas, políticas, jurídicas…) legitiman su proceder.
En general nuestras sociedades viven prendidas (y prendadas) en los mundos antropocéntricos del neolítico. Viven alejadas de su ser viviente único. El individuo, la sociedad, la nación, la patria, la etnia, la cultura… marcan sus pautas de pensamiento y comportamiento.
Esos ‘hombres’, esos ‘humanismos’, son un obstáculo para el conocimiento de sí como sustancia genética, como sustancia viviente única.
Esto es lo que hay que difundir. No es una fe, es un saber. Es nuestra verdad.
Este conocimiento y este saber de sí (esta autognosis) coadyuvan al autodominio, y al buen  dominio (‘vohu kshathra’).
*La violencia y el engaño se encuentran únicamente en la sustancia viviente. Es la sustancia viviente la que está en guerra consigo misma. El uso de señuelos, de trampas; la mimesis, la simulación… El uso de la fuerza bruta, de la violencia…
¿Podría la vida no ya prosperar, sino meramente sobrevivir sin el uso de la violencia y el engaño? ¿Podrían las fuerzas benéficas, en el cariotipo humano, triunfar sobre las fuerzas nocivas sin el uso de la violencia y el engaño? Únicamente en el cariotipo humano se plantean estas preguntas.
Se diría que la vida ha introducido la reflexión moral en la naturaleza a través del cariotipo humano.
El uso deliberado de la violencia, del terror, de la mixtificación… en el marxismo, en el cristianismo, en el islamismo…  El uso legitimo, incluso.
No se trata en ningún caso de lo que es bueno o lo que es malo para tal o cual ideología (religiosa o política), o para tal o cual etnia (lo que hace peligrar su poder), sino de lo que es bueno o lo que es malo para la vida.
¿Cómo desarmar a los violentos? ¿Cómo desmontar las mentiras de los mixtificadores? ¿Cómo vencerlos?
Los violentos y los mixtificadores carecen de escrúpulos morales; van en pos de sus deseos de poder sin reparar en medios y sin medir las consecuencias de sus actos. Quieren el poder, y lo quieren por cualquier medio y a cualquier costo. La ausencia de moral es el arma secreta de las fuerzas destructivas (pese a lo que pudiera parecer). La elección deliberada del camino de destrucción.
Las fuerzas destructivas (el mal dominio) legitiman la violencia que practican sobre el planeta (sobre el mundo viviente y el no viviente) en el nombre de ideologías y creencias. La inercia antropocéntrica. El uso de argumentos ‘humanos’ –y ‘sobrehumanos’.
La resistencia pasiva, la no colaboración, la no participación..., ¿son armas efectivas y duraderas contra la violencia y el engaño? Hablo a nivel colectivo.
No parece que queden salidas colectivas, tan sólo las individuales. Individualmente podemos alejarnos de la violencia y del horror, del caos en el que viven nuestras comunidades. Pero una salida individual no es salida alguna. Es el mundo viviente (incluido los humanos) el que requiere de una salida.
El caos y el horror, la violencia y la mixtificación que imponen los poderosos en las comunidades humanas (y en el planeta entero) lo dominan todo. Es la norma, la ley. Es el imperio absoluto de las fuerzas destructivas. El interminable estado de guerra, por ejemplo –todo el neolítico histórico, hasta nuestros días… desde que tenemos memoria. La lucha entre los poderosos, entre los oligarcas, arrastra al planeta entero en su furor destructivo. El planeta entero en manos de los violentos y los mixtificadores.
No hay buen gobierno, no hay verdad en las comunidades humanas (desde hace milenios). Una realidad, una cotidianidad lamentable, ‘fea’. Un futuro negro, negro, negro…
La evolución de las técnicas de explotación y de dominio (industriales, bélicas…) han conducido al planeta a un punto sin retorno en cuanto a deterioro y degradación. Nos llevará milenios purificar este mundo viviente. Nos llevaría, hay que decir, si esta situación se detuviera hoy, pero no tiene visos de detenerse. Las fuerzas destructivas siguen ciegamente su marcha.
Como quiera que sea siempre triunfan las malas intenciones, los malos gobiernos, las mentiras… Es el permanente triunfo de ‘angra mainyu’, del espíritu nocivo.
La necedad, el no saber. ¿Podría el saber de la sustancia viviente única, y el saber de sí como tal sustancia, ser suficientes para cambiar la marcha de las cosas? Son las únicas armas de que disponen las fuerzas benéficas. La realidad nuestra, nuestra verdad desvelada, el ser recobrado. Una autognosis colectiva, ¿es posible?
¿El saber precede a la acción –la autognosis al autodominio?  Es un autodominio que se ejerce a partir del saber de sí. Pues, si esto es así, entonces… La autognosis implica, exige el autodominio (una nueva jerarquía, un nuevo orden en el ser, un nuevo proceder…). Es un autodominio que se fundamenta en un conocimiento cierto, en un saber de sí cierto, verdadero. Aquí no hay engaño –ni auto-engaño.
Lo primero  es colocarse en el lugar adecuado –la perspectiva. ¿Desde dónde…? Desde la perspectiva genocéntrica ya no mira el individuo, ni la especie, sino la misma vida. Éste es el cambio, ésta es la transformación… Cambia la mirada, el ser, el sujeto…
*El cariotipo humano como ensayo o experimento fallido de la sustancia viviente única. No pudo ser. Demasiado ambicioso. La arrogancia (la ‘hybris’) y la codicia le perdieron.
Un cariotipo poderoso en sí mismo. Un cariotipo capaz de introspección, de reflexión…
Dejar, abandonar al cariotipo humano a su suerte. Rendirse. El cariotipo humano abandonado a su suerte camina hacia su destrucción. ¿Puede dejar la vida que su mejor obra se autodestruya, e incluso que ponga en peligro la vida en este planeta?
Es la misma vida la que abre caminos al cariotipo humano. Se adelanta. En nuestra época muchos sabios han dado la voz de alarma, ‘por ahí no’, nos dicen. Nos dicen que vamos por el camino equivocado, por el mal camino para la vida. No nos falta luz. Pero es una luz sin fuerza (colectiva). No logra cambiar el rumbo, la marcha de las cosas. No alcanza la masa crítica, como dicen. No tiene suficiente peso o fuerza (social) como para desviarnos o apartarnos del camino de destrucción.
Nada altera el camino de autodestrucción que llevamos. Ningún discurso, ninguna palabra, ninguna voz. No se quiere oír, no se quiere ver, no se quiere pensar… De manera irreflexiva y obcecada nos dirigimos hacia nuestra destrucción.
¿No habrá futuro, no habrá mañana para la vida en el cariotipo humano, para el cariotipo inteligente y reflexivo –tal cual la vida?  
Lo excepcional de nuestra peculiaridad, de nuestra conformación. Nuestra potencia. La especia elegida.
Tanta potencia, y tanto poder. Es el poder de la vida, ciertamente. Pero es un poder ciego, sin guía, sin luz; un poder que consume, devora, aniquila… Un poder irreflexivo, o indiferente.
No sé quien saldrá vencedora en esta contienda, si la locura o la cordura; si la muerte o la vida. Hasta ahora vencen la locura y a muerte.
No queda, pues, sino la vida, la sustancia viviente única. La vida enfrentada a sí misma. La vida consigo misma enfrentada. Éste es el drama que vive, que experimenta la vida en el cariotipo humano.
El alma, pues, dividida y enfrentada. Y esta conciencia, esta reflexión, esta apercepción únicamente se da en el cariotipo humano.
La vida en el (poderoso) cariotipo humano ha de llegar a un equilibrio con el resto de las formas vivas y con la naturaleza no viviente (su medio físico-químico). Establecer un verdadero hogar en este planeta. Un hogar para todos. Un morar beneficioso para la vida.
La vida en lucha consigo misma ha de poderse, ha de dominarse, ha de conducirse con inteligencia –previendo, adelantándose a las circunstancias… eligiendo lo mejor.
Se diría que la dificultad estriba en dominar tanta potencia. La multiplicidad pulsional y volitiva. El autodominio –mandarse y obedecerse (Nietzsche).
Lo mejor para la vida es, en cualquier caso, el mejor camino, el buen camino para la vida. Lo peor para la vida es el peor camino, simplemente. Ésta es la elección. O un camino, u otro.
Bueno para la vida es bueno para mí, para nosotros (para Nos). Porque nosotros somos la vida.
La ‘y’ griega es nuestro signo. El signo de la bifurcación, del doble camino.
El camino del progreso, y el camino del regreso. Porque el mal camino nos hace (nos hará) regresar al estado de inconsciencia, del no saber. Éste es el valor del cariotipo humano (su peculiar conformación; su ‘poder’). En el cariotipo humano la vida sale a la luz, se hace conocer, se conoce a sí misma. El cariotipo humano no puede desaparecer.
El cariotipo humano es la joya de la creación. El organismo idóneo. La criatura más perfecta creada por la vida (por la sustancia viviente única).
La complejidad conductual del cariotipo humano es la complejidad de la vida. Todas las tendencias, todas las pulsiones tienen cabida en nuestro ser. Las positivas y las negativas.
La libertad (de elección) es esencial en nuestro ser. Es un poder. El poder elegir. Quizás ninguna otra criatura lo posea.
Es la vida la que alcanza un determinado estadio con el cariotipo humano. Como si estuviera preparada para salir a la luz. Después de cuatro mil millones de años.
Es preciso preguntarse por el sentido que tiene la existencia de un cariotipo como el nuestro. ¿Qué necesidad había de él? ¿Por qué la sustancia viviente crea un organismo como el nuestro? ¿A fin de qué? Sí, me pregunto por la finalidad.
Entre el azar y la necesidad (Monod). La evolución de las formas vivas desde la explosión del cámbrico. La evolución de la complejidad. La sustancia viviente llega a sentir la necesidad de crear un cariotipo capaz de autoconciencia y de autodominio, capaz de elaborar lenguajes, de comunicarse, de expresarse mediante signos colectivos (sonoros, pero también visuales), de conocer, de transmitir conocimientos…
La criatura más compleja jamás creada. Allí donde la vida misma puede emerger, salir a la luz, des-ocultarse.
Los poderes naturales del cariotipo humano son los poderes de la vida. Es la vida la que opera en el cariotipo humano.
La vida que se conoce (que sabe de sí) y se reconoce en el resto de las formas vivas. Esta ‘gnosis’ solo cabe en el cariotipo humano. La experiencia del saber de sí.
Digo que esta conciencia y este saber alterarán el curso del cariotipo humano. Seremos otros; devendremos otros. El período antropocéntrico (de la ignorancia o del olvido de sí, del no-saber) será dejado atrás. Se abre el período genocéntrico, el periodo del saber de sí.
Esto depara el buen camino. Un nuevo mundo, un mundo otro. Un mundo por vivir, por conocer, por amar. Sólo el buen camino nos lleva al buen futuro (el del progreso, el del avance). El mal camino nos conduce al mal futuro, de regreso al no saber, a la casilla de salida. Trabajos de amor perdidos.
El buen dominio y el mal dominio. El bien-estar, y el mal-estar. El bien-morar, y el mal-morar. De esto se trata.
Es el cariotipo humano el único ser vivo responsable de sus actos. La responsabilidad del cariotipo humano es la responsabilidad de la vida.
La vida responsable, consciente de sí, beneficiosa… la buena vida. Vida religada a la vida.
La vida irresponsable, no consciente de sí, nociva… la mala vida. Vida que se extraña de la vida.
Es una guerra (fría) al desorden, a la desmesura, a la codicia, a la violencia, al engaño… Al mundo nuestro de cada día. Guerra personal, y guerra colectiva. Hacía el buen camino.
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Saludos,
Manu