Sobre el nuevo período genocéntrico


El camino que abrió Darwin nos ha conducido a la sustancia genética (al ADN). Este descubrimiento nos hace pasar (a todos los grupos humanos) del fenocentrismo al genocentrismo. El centro se ha desplazado de la criatura al creador (de los fenotipos a los genotipos). La sustancia genética es la única sustancia viviente (‘viva’) en este planeta. Nosotros, pues, no podemos ser sino sustancia genética. Esta ‘revelación’ (esta
auto-gnosis) ha partido en dos nuestra historia sobre la tierra. Todo el pasado cultural de los humanos ha resultado arruinado, vacío, nulo... La ilusión antropocéntrica que nos ha acompañado durante miles de años se ha desvanecido. Se ha producido una mutación simbólica (en orden al conocimiento y a la conciencia de sí como sustancia viviente única); el cariotipo humano entra en un nuevo período de su devenir.

Esta aurora, este nuevo día cuyo comienzo presenciamos, alcanzará en su momento a todos los pueblos de la tierra. Pueblos, culturas, tradiciones, creencias… todo lo ‘humano’ desaparecerá. Viene una luz (un saber, una sabiduría) tan devastadora como regeneradora. Esta regeneración del cariotipo humano en el orden simbólico tendrá sus consecuencias. En un futuro no muy lejano hablaremos, pensaremos, y actuaremos, no como humanos sino como sustancia viviente única.

No hay filósofos aún, ni poetas, ni músicos, ni científicos… para este período genocéntrico que inauguramos. No hay nada aún para las nuevas criaturas, para la sustancia viviente única –en
esta nueva fase de su devenir. Nos queda la elaboración de una cultura, de un ‘mundo’ nuevo (digno de la naturaleza de nuestro regenerado, de nuestro recuperado ser). Queda todo por hacer.

domingo, 14 de enero de 2018

170) Genocentrismo XXII


Genocentrismo XXII.


Manu Rodríguez. Desde Gaiia (14/01/18).

 

*

 

*Las guerras humanas que padecemos –étnicas, territoriales, económicas, ideológicas (políticas o religiosas)… Miles de años en guerra –en el nombre del poder. Y qué decir de la tecnología armamentística. Tenemos armas capaces de destruir la vida en este planeta. Un camino loco, absurdo, demencial, suicida…
Del otro lado la explotación de las ‘riquezas’ del planeta. La agresiva y nociva  tecnología que aplicamos en la explotación del planeta, sobre todo en los últimos doscientos años, está poniendo en peligro sus condiciones de habitabilidad (suelo, agua, atmósfera, luz…). Los desastres ecológicos se amontonan, apenas si hay rincón del planeta no contaminado. Otro camino loco, irracional, suicida…
Nuestros modos de vivir en general. Todo lo humano contribuye al deterioro de la vida en este planeta. Nuestro antropocentrismo, nuestro egoísmo, nuestro etnocentrismo… Los soportes ideológicos de estos comportamientos –nuestras ideologías, nuestras creencias, nuestras culturas... nuestros ‘mundos’.
No vivimos desde hace milenios. La violencia y el engaño dominan por doquier. Atmósfera tanática, irreal, de pesadilla. Se huele la muerte, la ‘morgue’. Pobreza, miseria, hambrunas… Un planeta doliente, desfalleciente, herido…
La huida hacia delante de los más –de todos. Liderados por los menos (los señores de los medios de producción y consumo, del dinero, de la ‘opinión’ pública…). La nave de los locos, de los necios. ‘Stultifera Navis’. El ‘homo stultus’. Es la necedad, sin duda, el no saber (‘ne scio’), quien gobierna, quien manda. Entre tuertos y ciegos anda el juego.
*Las éticas que nos vienen del ecologismo (Jahr, Leopold, Potter, Naess, Jonas…) resultan demasiado antropocéntricas, aún. Místicas, religiosas, pietistas al viejo estilo (judío, cristiano, musulmán, budista, hinduista…). El último humanismo, quizás. No salimos del neolítico, del pasado antropocéntrico.
Triunfo del nihilismo de Schopenhauer (el sumidero de todos los nihilismos del pasado). El quietismo, la ‘extinción’ (el ‘nirvana’), la negación de la voluntad.
El monismo cósmico en Naess, y otros, recuerda al monismo de Haeckel (del que participó Nietzsche). No había distinción entre lo viviente y lo no viviente. Una suerte de panpsiquismo.  
Las religiones de salvación ‘personal’ ahora se apuntan al ecologismo, al medio ambiente, a la vida… No hay quien se lo crea. Los peores parásitos sociales de todos los tiempos (los astutos, los ‘listos’, los sacerdotes, los ‘pastores’…) se preparan  para seguir parasitando en el futuro. Eso es todo. También los marxistas se reciclan, ahora construyen un marxismo ecologista…
No se parte de la vida (la sustancia viviente única) en estos casos que digo, sino del hombre, del bienestar, o de la autorrealización del hombre (de la especie humana). Obsérvense sus textos programáticos, sus autores fundamentales, sus conexiones ‘espirituales’ con las tradiciones religiosas o espirituales del neolítico… Adviértase su ‘lenguaje’ (humano, demasiado humano). Ni un solo paso adelante, hacia un futuro genocéntrico, hacia un futuro otro.
Sus modelos humanos: Francisco de Asís, Buda, Gandhi… La ‘compasión’; el amor por los ‘animales’. Este lenguaje denota ya un claro extrañamiento del resto de la naturaleza viviente  –los ‘animales’.
El lenguaje ético, filosófico, religioso… del neolítico es claramente antropocéntrico en todas las tradiciones culturales. Los ‘mundos’ del neolítico.
Salir de los laberintos del  neolítico; de los antropocentrismos o humanismos del neolítico. Dejar al hombre atrás.
El saber que ahora nos ilumina arruina, pulveriza todo antropocentrismo del pasado; lo reduce a cenizas. La historia –el pasado– de las nuevas criaturas es la historia de la vida. El pasado humano es el periodo de extrañamiento, de ofuscamiento, de inconsciencia, de ignorancia, de ceguera, de ‘olvido’, de no saber…
Lo que les falta a todos los movimientos ecologistas contemporáneos es el paso al genocentrismo. Aún miran desde el ‘hombre’.
Ya no se trata del bienestar, del futuro del hombre, o de la especie (su supervivencia y demás), sino del bienestar y del futuro de la vida. No avanzar hacia el futuro como hombres (más o menos ‘mejorados’, o ‘autorrealizados’), sino como vida (como sustancia viviente única).
El paso a la otra orilla, al otro continente, al otro mundo, al otro espacio –el espacio genocéntrico.
La ‘realidad’ que viene. El futuro genocéntrico sobrevendrá sobre toda la humanidad. Es el futuro ineludible, inexorable.
No se trata de crímenes contra la naturaleza viviente, o contra la completa ecoesfera o biosfera, sino de crímenes contra la vida…
Del ecocentrismo o del biocentrismo (fenocéntricos ambos) al genocentrismo.
Únicamente el ‘hombre’ puede hacer posible un futuro genocéntrico. Éste es el problema. Que en manos del cariotipo más problemático esté también la solución. Únicamente la elección del camino bueno para la vida, que sólo pueden llevar a cabo los miembros del cariotipo humano, puede garantizar el futuro… El ‘hombre’ es imprescindible. La única criatura capaz de poner fin a su propio extrañamiento de la vida, a su comportamiento errático y (auto)destructivo…
El ‘hombre’ debe despertar a la vida que él mismo es. Ésta es la ‘revolución’, la transformación, el giro, el vuelco… el paso que hay que dar. La conciencia no ya ecológica o biocéntrica, sino específicamente genocéntrica.
Que la vida ocupe su lugar en el cariotipo específico humano. Esto es lo que queda. La desaparición del ‘hombre’ (del antropocentrismo, de los ‘humanismos’). La mirada, la perspectiva genocéntrica.
Los despiertos, los renacidos a la vida, esta es la ‘humanidad’ que hará posible la regeneración de la existencia. La vanguardia de la vida; los adelantados.
La desnudez de los renacidos, la pobreza… Aún sin ‘mundo’. Todo por hacer.
El sujeto vida. ‘Yo’, la vida (la sustancia viviente única), hablo. Y hablo en nombre de la vida. Nosotros somos la vida, el ser viviente único. No hay otro/otra vida, sino que es una y la misma en todas las criaturas. El único sujeto, el único agonista.
Esto que digo es lo que ha de asumir todo miembro de la especie humana. El camino por el que ha de entrar. La transformación que ha de experimentar.
El cariotipo humano es el ‘lugar’ donde la vida adquiere conciencia de sí. El lugar del reencuentro (de la vida consigo misma), de la autognosis, de la anamnesis… Nos, la vida.
El comienzo de una era interminable, radicalmente nueva. Novedad absoluta del nuevo periodo. El nuevo ‘éthos’. La nueva vida. La vida plena.
Co-existencia. Co-existir. Co-evolución.
*Es gracias a su inteligencia natural y a su voluntad de conocimiento y de verdad que el ser simbólico (lingüístico-cultural) ha podido acceder a su ser genético. Gracias a las ‘potencias’ que proceden de su propio ser genético.
Nuestro ser simbólico es un epifenómeno contingente y relativo. En todo momento nuestro ser genético (nuestro ser único, en verdad) se buscaba a sí mismo. Nuestra inteligencia y nuestro tesón son las de la sustancia viviente única.
En busca de la verdad acerca de nosotros mismos. No el ‘hombre’, sino la vida se buscaba a sí misma. No el soma, sino el genoma; no la criatura, sino el creador.
*Nuestro genoma, o mejor, nuestro hologenoma. La totalidad de sustancia genética que nos constituye (la propia y la ajena). En cualquier caso, la sustancia viviente única de/en un organismo.
La comunicación interna, la semiosis química. El lenguaje universal de la vida.
La comunidad de los vivientes. La unidad de la vida (de la sustancia viviente).
*La conquista del agua, de la tierra, del aire… del espacio –el futuro, más allá de la Tierra. Es la vida, la sustancia viviente única, la que se prodiga. No hay otro sujeto.
*Se puede ver la vida desde la competencia, pero también desde la cooperación o colaboración. Las relaciones entre los individuos y las especies son muy variadas, y no se limitan a la lucha, la depredación, el parasitismo o la explotación, piénsese en la simbiosis, el mutualismo, o el comensalismo. Generalmente se nos ofrecen visiones de la vida exclusivamente basadas en la lucha –véanse nuestros documentales al respecto, o nuestros libros divulgativos sobre la evolución de la vida. Es la imagen prevalente. Pero es también una visión sesgada, parcial, incompleta… incluso engañosa. Si, es una visión que miente –que nos miente–, que nos oculta la verdad. Es, indudablemente, una visión interesada, ‘política’. Una visión de la vida acorde con los depredadores, con los parásitos, con los explotadores… Se nos presenta como la verdad cruda, desnuda, como la realidad (la vida es así). Se pretende legitimar y eternizar el estado de cosas social, político y económico que padecemos desde hace milenios (guerra, explotación, parasitismo…). No nos deja otro horizonte que la violencia y el engaño.
*“La biosfera se transformará, de una manera u otra, tarde o temprano, en la noosfera” (Vernadsky). Es obvio que la noosfera está relacionada con la aparición de la inteligencia humana. No salimos del antropocentrismo.
Lo próximo es la genosfera –o mejor, la genousfera. La vida, la sustancia genética, la sustancia viviente única, es inteligente en sí. No se manifiesta exclusivamente en el cariotipo específico humano. La unidad de la vida.
Pensamientos fenocéntricos, aún.
Otra reflexión de Vernadsky: “en la interacción entre la materia viviente y la no viviente o inerte, la materia viviente tiene el papel principal”. Pero la única materia viviente que existe es la sustancia genética. Luego la sustancia genética tiene la primacía en la acción (cualquiera ésta sea).
La vida interviene y modifica el entorno abiótico desde su aparición. Y estas alteraciones inciden a su vez en la vida, que vuelve a intervenir. Y así sucesivamente. Es un ciclo a dos. Es un dialogo eterno en el que se intercambia información (materia y energía). Co-evolución. Mutua influencia. La vida es la respuesta inteligente (‘genial’, inesperada, nueva, innovadora…). La materia inerte responde mecánicamente, ‘inercialmente’, podríamos decir.  
La biosfera, o ‘gaiia’, es la esfera donde la vida establece sus condiciones de existencia.
La vida siempre responde a los cambios en el entorno no-viviente. No se limita a adaptarse, sino que busca paliar o eliminar las dificultades que le salen al paso. Habilita el entorno abiótico, lo modifica, lo transforma, lo adapta… lo hace apto para la vida –para sí misma.
La vida (la materia viviente) es la iniciativa, el primer movimiento, la acción… la libertad. Pese a las constricciones físico-químicas alberga su propia ley, su propio orden. Autonomía.
*Coordinación. Sincronía.  Tales procesos serian impensables sin un intercambio de información, sin ‘lenguaje’. Endosemiosis/exosemiosis. En las células individuales, en los organismos…
*Nuestra edad es la edad de la vida (3.500 millones de años).
Se trata de la historia del planeta, y de la historia de la vida en este planeta. De las interacciones de la vida (materia viviente) con la materia no viva (inerte). De la co-evolución de ambas, de la mutua influencia… De la configuración de la biosfera… Del papel de la vida en esta configuración…
Darwin, Haeckel… Weismann, Morgan… Merezhkovsky/Wallin, Vernadsky, von Uexhull… Sobre la biogénesis en el planeta (coacervados, quimiosíntesis… Morowitz, Smith…), sobre la simbiogénesis (fundamental en la aparición y en la evolución de las especies… Margulis…), sobre la biosfera (Gaia, Lovelock…), sobre la comunicación en las formas vidas  (la semiosis, la biosemiótica…). La ecología, la termodinámica de la biosfera…
La regulación del clima, la salinidad y la alcalinidad de las aguas, la modificación de los suelos (rocas incluidas…). La luz, la temperatura, la atmósfera, el agua, la tierra (el manto fértil)… Un planeta adaptado a la vida, transformado, habilitado…
Las fuerzas condicionantes: la gravedad, la presión, el electro-magnetismo…
*El genocentrismo dice que la única sustancia viva es la sustancia genética. La unidad y continuidad de la vida desde su aparición en este planeta. Una y la misma sustancia viviente  a través del tiempo y del espacio.
*Cierto que la sustancia genética cuando aislada es como sustancia inerte. Necesita del entorno biótico y abiótico para reproducirse y demás. Es preciso ver la vida en su contexto. El origen de los diferentes somas está en los coacervados de Oparin/Haldane. La sustancia genética se protege desde su nacimiento. La evolución de los genomas y de sus somas. El aumento de la complejidad genotípica y fenotípica (morfológica y fisiológica). La especiación. Las diferentes formas vivas. Biogénesis, simbiogénesis…
Universalidad de las rutas metabólicas. El ‘protolenguaje’ de la vida (químico). La semiosis celular (en procariotas y eucariotas). La semiosis universal.
La aprehensión del medio (biótico y abiótico), la ‘representación’ (el ‘umwelt’), la memoria…
No es la célula la que hace uso de su repertorio genético (Albers… Shapiro) para responder al entorno, es la sustancia genética (el genoma) la que responde una vez que ha recibido la información del exterior (o del interior) –que  le llega transducida por sus perceptores de membrana u otros. Es el complejo o sistema genético y epigenético el que recibe y emite información, el que hace uso de su memoria, de sus conocimientos, de su experiencia… para responder en consecuencia.
La sustancia genética, la sustancia viviente única. No hay otro piloto, otro sujeto, otro ente viviente. La raíz, el centro de la unidad de la vida. Lo que subyace en todo organismo. El plasma germinal que perdura a través de las generaciones. En lo horizontal (el espacio) y en lo vertical (el tiempo). La sustancia viviente eterna –virtualmente imperecedera.
La unidad esencial de todos los seres vivos. La unidad genética. Todos los seres vivos comparten el mismo ser; son el mismo ser. Este saber es el que cambiará el ‘éthos’ de los humanos sobre el planeta. Todo cambiará. Es una sabiduría para el futuro de la vida en este planeta. Es el futuro.
El mundo nuevo, por venir. El mundo genocéntrico. No fenocéntrico, no cariocéntrico, no antropocéntrico… El homo Xenus/Nexus. Las nuevas criaturas humanas. Lo nuevo. Lo por venir.
Diacronía y sincronía en la co-evolución de la biosfera (ecosistema planetario –elementos bióticos y abióticos conjuntamente). Tiempo (devenir, Darwin) y espacio (el aquí y el ahora, Vernadsky).  Esta  fecunda visión se la debemos a Lynn Margulis. La conjunción necesaria.
Las bases, los fundamentos, los pilares... Biogénesis. Genómica. Microbiología. Simbiogénesis. Ecología. Evolución. Biosfera (Gaia). Biosemiótica.
Evolución de los somas, de los cuerpos, de los fenotipos, de las criaturas… En tanto la sustancia viviente única, la sustancia genética (el plasma germinal),  permanece inalterable y una desde su origen. Esto ha de tenerse en cuenta.
El ser (único) que somos. La sustancia viviente única. El plasma germinal virtualmente imperecedero.
*La luz y la materia viviente. La luz parece ser el único elemento ajeno al planeta que interviene en la generación de vida. La luz es esencial para la vida. No sólo la luz, también el agua. El agua, la luz, el aire, la temperatura… electrones, determinados átomos, determinadas moléculas… La gravedad, la presión… Los factores abióticos.
Un planeta que alberga vida es un planeta vivo. Un planeta que vive y evoluciona como un todo (lo biótico y lo abiótico).  No es autosuficiente, empero, necesita de una fuente de luz.
Relativa autonomía e independencia de la vida en el cosmos. Necesita cierto ambiente, cierto entorno… La materia viviente necesita de la materia no viviente para ser. Esto es así. No sólo su mismo ser esta constituido de materia no viviente (átomos y moléculas), sino que no podría mantenerse, o reproducirse, sin ciertas sustancias a su alrededor.
No es un proceso autopoiético puro. La vida no ‘es’ independiente de su entorno –al margen o a pesar del entorno. La naturaleza físico-química de la materia viviente está unida inextricablemente a su entorno (físico-químico también).
La sustancia viviente aislada de fuentes de ‘alimentación’, o de un entorno abiótico adecuado, es como sustancia inerte. Esto debería resultarnos obvio. Pero esta dependencia no borra la distinción de la materia viviente de la materia no viviente, ni la primacía de ésta en lo que concierne a las cosas de la vida.
Un cosmos biótico, viviente también. Una materia viviente consciente de sí.
Decir vida es decir materia viviente, es decir sustancia genética, es decir plasma germinal, es decir sustancia viviente única.
*Necesitamos una ‘teoría’ sintética, integral, acerca de la vida en el cosmos; acerca de su identidad también (qué cosa sea; las sustancia implicadas). Cómo y dónde se origina o puede originarse (las condiciones primarias, necesarias), cómo se mantiene y se perpetua, cómo se prodiga, cómo se relaciona consigo misma, cómo se comunica consigo misma, cómo evoluciona, cómo aparecen los ‘filum’, las especies… La interacción con el medio –las ‘biosferas’, las ‘gaiias’ posibles. En definitiva, necesitamos una historia de la vida; necesitamos tener clara nuestra propia historia; necesitamos una autobiografía desde nuestros orígenes.
*
Hasta la próxima,
Manu

miércoles, 27 de diciembre de 2017

169) Eterna sombra


Eterna sombra.


Manu Rodríguez. Desde Gaiia (27/12/17).

 

*

 

*El triunfo, una vez más, de la mentira. Los políticos independentistas catalanes, los más mentirosos de nuestra reciente historia, han vuelto a ganar las elecciones. La mentira es más rentable que la verdad.
¿Puede una comunidad, una sociedad, un pueblo… fundarse en la mentira? Si, indudablemente. Y la prueba incontestable la tenemos en el pueblo judío. Sus sacerdotes urdieron aquello del pueblo elegido, y el pueblo les siguió. Fue un auto-engaño muy productivo. Y lo fue tanto más cuando consiguieron que otros pueblos así lo creyeran. El cristianismo, una secta judeo-mesiánica creada para difundir semejante cuento entre las naciones, lo consiguió. Los pueblos cristianizados perdieron sus culturas, sus tradiciones, el nexo con sus propios antepasados; adoptaron (o fueron obligados a adoptar) las creencias y tradiciones del pueblo judío –con todas sus consecuencias. Ahora el dios de los judíos ha devenido para tales pueblos el único dios, y el pueblo judío el único pueblo elegido entre todos los pueblos. Mayor triunfo no se podría ni siquiera haber imaginado.
Si, la mentira es más rentable que la verdad.
Hoy a la mentira se la llama posverdad. Hoy es en la política donde triunfa la mentira. Hoy, como ayer, los que urden mentiras ganan, los que juegan a la verdad pierden.
En el juego de la vida los tramposos y los violentos ganan la partida. Es un mundo donde la mentira y la violencia triunfan una y otra vez, y donde los veraces y los pacíficos llevan siempre las de perder.
Toda la historia de los humanos, al menos desde que tenemos memoria, desde comienzos del neolítico histórico (hace unos seis mil años), está plagada de engaños y violencias colectivas. Los engañados y violentados son constantemente usados como fuerza de trabajo, o como brazo armado. Las superestructuras, las ideologías (religiosas, jurídicas, políticas…), son tan sólo instrumentos de alienación y de dominio en manos de los tramposos y los violentos –siempre aliados.
Las oligarquías dominantes, los sistemas de poder –y sus beneficiarios. Las ‘clases’ dominantes, los ‘poderosos’. A los más, a los muchos, se les convierte, a la fuerza o de grado, en mano de obra o carne de cañón.
Los ‘amos’ se suceden y todo sigue igual. No hay cambios, ni perspectiva alguna de cambio. ‘La noche se amontona sin esperanzas de día’. Es siempre la misma historia. De un lado los menos dirigiendo, urdiendo, maquinando, del otro los más (las masas) movilizados, dirigidos, manipulados, instrumentalizados. Los ‘listos’ y los ‘tontos’. Los instrumentos de movilización (los engaños colectivos): ayer la ideología religiosa, o la fe común,  hoy las ideologías políticas ‘liberadoras’ (el comunismo o el socialismo, la democracia…), o la patria o nación. Las muchedumbres, una vez adoctrinadas, se dejan conducir, hacen lo que se les dice que hagan –para conseguir la ‘libertad’, la ‘justicia’, la ‘democracia’, la ‘nación’… En el calor de las movilizaciones no advierten su calidad de instrumentos, de útiles en manos de los menos –los verdaderos amos de la situación. Los únicos responsables son aquellos que siembran la división, el odio, el resentimiento, el enfrentamiento… los únicos que sacan algo de la contienda –los ‘listos’, los poderosos, los menos… 
Los menos y los más, los pocos y los muchos. Entre unos y otros es preciso encontrar un espacio, un lugar donde vivir lejos de unos y de otros; lejos de la mentira y de la violencia destructivas. Lejos de los listos, de los formadores de opiniones colectivas, y de las muchedumbres alienadas, idiotizadas, enloquecidas.
Desviar la vista de la penumbra, de la oscuridad, de la noche. Es una vida absurda las que nos hacen vivir, una vida sumida en la estupidez, en la violencia, en el engaño… Perdemos el tiempo, perdemos la vida. Necesitamos un lugar fuera, un lugar aparte de la locura y del horror. Un lugar lo más cerca posible de la creación, y de la verdad. ¿Dónde ese lugar? Necesitamos luz, claridad, vida.
El espacio ‘entre’. No la interfase, sino lejos, fuera. Otro lugar, otro espacio, otra vida.
Hay un espacio ya construido, ya habitado, donde la verdad y la belleza gobiernan las vidas. Hay una humanidad creativa y luminosa que ama el conocimiento y la sabiduría. Hablo de los aislados, de los solos; de los excluidos de la contienda; de los no vistos, de los no seguidos, de los no escuchados.
Una  sabiduría fundamentada en las ciencias de la vida es el conocimiento que más nos concierne, pues nosotros somos la vida. Es un saber que nos habla del ser que somos, y nos habla de la unidad de la vida. No hay sino una sola vida. Una sola sustancia viviente, una sola esencia; una y la misma en el árbol y en el ave… Es una unidad, es un Uno.
¿Por qué no somos uno? ¿Qué nos divide y nos enfrenta? Ideas y palabras probadamente engañosas nos dividen y nos enfrentan; desgarran nuestra esencial unidad; desgarran el Uno que somos. Así andamos, dentro y fuera, en lo grande y en lo pequeño, divididos y enfrentados. Por nada, por naderías; por cosas inexistentes; por graves ficciones, por mitos, por mentiras.
Camino de la verdad y de la belleza; del conocimiento, del arte, de la creación. El camino de los solos, de los unos. Uno con el cosmos, uno con  la vida. El camino de la unidad. No lejos, ni fuera, sino dentro de la vida, del cosmos, del ser.
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Hasta la próxima,
Manu

domingo, 17 de diciembre de 2017

168) Catalunya, Catalunya über alles


Catalunya, Catalunya über alles


Manu Rodríguez. Desde Gaiia (17/12/17).

 

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*La caricaturización, la deformación, la estigmatización del otro… El suprematismo y el racismo anti-españolista en Cataluña. Cataluña ha devenido el territorio del odio y de la sinrazón (como otrora el País Vasco).
La siembra del odio; del odio que ciega, que aturde, que confunde, que embrutece. ¿Quiénes son los responsables de este  nacionalismo ofensivo y excluyente que ha convertido a buena parte de los catalanes en un puñado de catetos, de chovinistas, de provincianos (lo ‘nuestro’ es lo mejor)? No, no eran tan listos ni tan estupendos estos catalanes cuando se han dejado atrapar por el discurso más estúpido, regresivo y reaccionario que circula por nuestros lares. Han perdido todo el prestigio que, merecidamente o no, se les atribuía. Han quedado desnudos en su vileza, y en su necedad.
Tienen suerte los vascos y los catalanes en tener por vecinos a pueblos nobles como los cántabros, los asturianos, los gallegos, los riojanos, los aragoneses, los castellanos, los andaluces, los extremeños… a pueblos que perdonan y olvidan los constantes maltratos recibidos. En el País Vasco y en Cataluña, y sin motivo, se nos odia, se nos ridiculiza, se nos ofende… Somos los pueblos del resto de España los que tendríamos que sentirnos agraviados por el trato injusto y despreciable que recibimos por parte de catalanes y vascos, y desde hace mucho tiempo.
*Los independentistas catalanes ha tiempo que sacrificaron la verdad en su camino hacia el poder. Y no sólo sus políticos o representantes, también sus votantes o partidarios. Con un pésimo resultado, y es que sus mentiras, infundios, insidias, difamaciones, calumnias, falsos testimonios, tergiversaciones y mixtificaciones… su mala fe, su juego sucio, en definitiva, ha mancillado y desprestigiado al completo pueblo catalán. Para el independentismo catalán no hay barreras, todo vale. Con la fatal estrategia seguida para la consecución de sus deseos han conseguido que, a los ojos al menos del resto de los españoles, la imagen de los catalanes se haya deteriorado quizás irreversiblemente, ahora se le tiene por un pueble carente de nobleza, de veracidad, de honradez, de fiabilidad; un pueblo indigno, miserable, sin moral, sin honor, sin pudor, sin vergüenza; un pueblo que, cegado por su ambición de dominio, ha perdido el camino, el respeto por sí mismo, el sentido –el ‘seny’. No hay duda que les llevará tiempo el limpiar la horrible imagen que están dejando, el recuperar la confianza del resto de los pueblos de España. Y esto afecta, lamentablemente, a los catalanes que no han seguido este camino de deshonra colectiva, de envilecimiento colectivo. Nos lo han puesto muy difícil, ¿cómo discriminaremos, el resto de los españoles, entre unos y otros; cómo sabremos en quién confiar y en quién no confiar?
*Los avatares del totalitarismo en la península ibérica. El resurgir de los decimonónicos nacionalismos vasco y catalán. Estos nacionalismos estuvieron sojuzgados durante el periodo del nacional-catolicismo español (el franquismo) –que todos los pueblos de España padecimos. Con la muerte del dictador y la llegada de la democracia llegó también la hora de la revancha para vascos y catalanes. Para estos, y desde entonces, el enemigo no era ya, obviamente, la dictadura franquista, sino el nuevo Estado (democrático) español, e incluso los mismísimos españoles (los no catalanes o no vascos). A estos (los no ‘yo’, los ‘otros’) se les podía (y se les puede) degradar, insultar, golpear, e incluso matar (véase el caso vasco). No perdamos de vista la pedagogía del odio a lo ‘español’ (así, sin más), en el País Vasco y Cataluña, en  la enseñanza, en los medios de comunicación, en la calle, en todas partes. No olvidemos los ‘dichos’ contra los españoles de Sabino Arana, el padre del nacional-catolicismo vasco. No olvidemos tampoco el anti-españolismo de Heribert Barrera, y tantos otros, en Cataluña. No olvidemos, finalmente, el uso de términos despectivos para calificar al resto de los españoles: ‘perros’ (txakurras en vasco y charnegos en catalán). Esto viene de antiguo.
No lo dudemos ni un instante, los movimientos nacionalistas vasco y catalán son movimientos totalitarios, son los herederos, los nuevos rostros del viejo totalitarismo ofensivo y excluyente.
*Los totalitarismos catalán y vasco no tienen un solo rostro, están representados por partidos conservadores, progresistas, y revolucionarios o de ‘izquierda’ tanto en el País Vasco (y Navarra), como en Cataluña. Los conflictos internos entre estos partidos están de momento aminorados debido al enfrentamiento con el Estado español.  Lo primero es la independencia, la creación del Estado independiente, de la nación o país. El logro de la independencia es lo único que les mantiene unidos. Si alguna vez consiguieran la independencia tendríamos guerra interna entre las facciones nacionalistas, de esto no cabe la menor duda. Es, pues, la lucha por la independencia y contra el ‘enemigo exterior’ (España y los españoles) lo que ha impedido hasta ahora el que se desgarren entre ellos. Bildu, los herederos de la antigua Batasuna (y ETA), sueña con un Estado ‘socialista nacional’ (atiéndase a las resonancias estalinianas), y la CUP catalana nos recuerda al nacional-bolchevismo alemán. No hay nada nuevo. Los tibios o conservadores, el PNV vasco y la antigua Convergencia catalana, e incluso la muy progresista Esquerra, tendrán que habérselas en su momento con los ‘revolucionarios’ de Bildu (caso vasco) o la CUP (caso catalán). Bolcheviques contra mencheviques. Repetirán una vieja historia, ahora, ya, en clave de ‘farsa’.
Hablamos de los conflictos entre nacionalistas, pero, llegado el caso que lograsen la independencia, ¿cuál sería el destino de los ‘otros’ en el País Vasco y Cataluña? Estos ya han sido silenciados, ‘vaporizados’, han desaparecido de los medios de comunicación nacionalistas, carecen de presencia, de voz –como si no existieran. ¿Qué sería lo próximo?
Las prácticas ofensivas y excluyentes de los nacionalismos vasco y catalán los retratan como los herederos del peor totalitarismo del pasado. No nos engañemos al respecto. No hay otro totalitarismo en la actual España que los movimientos nacionalistas vasco y catalán (ya católicos y conservadores, ya estalinistas o ‘revolucionarios’).
*No debemos olvidar que la riqueza económica e industrial de la que gozan en la actualidad Cataluña y el País Vasco tienen su origen en la política económica del viejo dictador, que les favoreció particularmente –en detrimento del resto de las regiones de España.  Esto tuvo como consecuencia la forzada emigración de andaluces, castellanos, gallegos, aragoneses, extremeños y demás hacia las regiones favorecidas –allí donde fueron tratados, como todos sabemos, como ‘perros’. Es al viejo dictador, pues, al mismísimo Franco, al que le deben agradecer su actual ‘ventaja’.  Los privilegios, por desgracia, no terminaron con la muerte del dictador, los sucesivos gobiernos democráticos siguieron favoreciéndolos (acuciados por los criminales atentados, las amenazas, el chantaje…), prosiguieron alimentando su soberbia, fortaleciendo su ‘monstruosidad’…
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Hasta la próxima,
Manu

domingo, 10 de diciembre de 2017

167) Genocentrismo XXI


Genocentrismo XXI.


Manu Rodríguez. Desde Gaiia (10/12/17).

 

*

 

*Hay dualismos excluyentes, belicosos, agresivos… con respecto al ‘otro’. Hablo de dualismos étnicos, religiosos, políticos, culturales... Allí donde  al ‘otro’ (cualquiera éste sea) se le demoniza. Se establece una batalla entre el ‘yo’ o ‘nosotros’ (étnico, religioso…), y el ‘no-yo’ o los ‘otros’. Aquí el dualismo se convierte en un instrumento de agresión, de guerra, de exterminio…
Con estos dualismos estamos lejos del dualismo etológico o conductual que es, antes que nada, ‘interno’ o psicológico. El doble camino o la doble posible actuación que se nos abre a cada paso que damos. La libertad de elección. La recomendación de elegir el camino bueno para la vida, el que la potencia o regenera. ¿Qué tiene que ver todo esto con el dualismo excluyente y ofensivo?
El dualismo del que aquí hablamos contrasta claramente con los dualismos étnicos (etnocéntricos), religiosos, políticos, económicos, culturales… donde la finalidad es dividir y enfrentar a las poblaciones. Tampoco es un dualismo cosmológico, metafísico, ontológico, biológico, antropológico, soteriológico, o escatológico (apocalíptico). Es un dualismo, como venimos diciendo, psicológico y conductual (ético o etológico), y se aplica únicamente a los miembros de la especie humana.
Únicamente los seres humanos podemos ser considerados responsables de nuestros actos –en virtud de nuestro psiquismo y de nuestra libertad (en virtud de nuestra misma naturaleza). A la conducta del resto de las formas vivas no le pueden ser aplicadas las categorías éticas, aún cuando algunas de estas formas vivas puedan sernos perjudiciales o dañinas y traernos enfermedades o desgracias (virus, bacterias, depredadores…). Al mundo abiótico (la naturaleza físico-química) tampoco se le pueden aplicar categorías éticas, me refiero a toda suerte de fenómenos físico-químicos o geofísicos beneficiosos o perjudiciales (terremotos, inundaciones, sequias…) para los seres humanos o el resto de las formas vías –el agua, la tierra, el aire, la luz (solar), el fuego… nada tienen que ver con la conducta, tal y como este término puede serle aplicado a los seres humanos.
Debemos ceñirnos a los miembros del cariotipo específico humano. A su etología y a su ecología. A su conducta en este planeta viviente, a su manera de convivir, de cohabitar, de ser, de estar… y a las consecuencias que sobre el planeta y otros seres humanos tienen nuestras actividades; si éstas son buenas o son malas para el planeta viviente. El resto de la naturaleza (viviente y no viviente) está exenta de tal responsabilidad.
Es nuestra naturaleza (nuestra morfología, nuestra fisiología…), el cómo estamos ‘hechos’, lo que marca la diferencia con el resto de las formas vivas (diferencia que podemos considerar abismal). No somos como el resto de las formas vivas.
El destino de la especie humana no es el de la mera supervivencia, o el ‘dominio’ del planeta. La especie humana debe aprender a convivir constructivamente con el resto de las formas vivas y con el medio abiótico. Tiene la función de cuidador, de sanador, de reparador… de este planeta viviente. La especie humana es la especie superior, el vértice de la evolución, allí donde la vida se manifiesta en toda su plenitud.
El ‘plus’ que caracteriza a la especie humana es también el origen de su responsabilidad.
Nuestro comportamiento ha sido (y es) altamente destructivo. Es un comportamiento ciego, inconsciente, irracional, absurdo, loco, destructivo, devastador. Una etología y una ecología impropias de nuestra inteligencia, de nuestra naturaleza, de nuestra ‘superioridad’. Somos conscientes de esto que digo. Y podemos cambiar nuestro modo de vivir, nuestro modo de ser. Podemos elegir entre maneras de proceder, de estar, de ser…
En el cariotipo humano la sustancia viviente única se hace presente, se manifiesta, se hace sentir. La libertad de elección en el cariotipo humano es la libertad de la vida. El dualismo del que hablamos se atiene a la conducta de la vida en el cariotipo humano. Es la vida que somos la que tiene el poder de elegir entre un comportamiento y otro.
Es la inteligencia de la vida la que nos dice que así no podemos continuar; que el deterioro medioambiental, que no cesa, pone en peligro la misma vida; que nuestra conducta, en general, es perjudicial para la misma vida.
Ni el resto de las formas vivas, ni el mundo abiótico, pues, están afectados por el dualismo que digo. Únicamente los miembros de la especie humana. Dualismo psico-ético, si pudiéramos decir. Un dualismo que afecta a la mente, y a la conducta.
La buena disposición hacia el otro o lo otro, o la mala disposición hacia el otro o lo otro. Los buenos o malos pensamientos (intenciones, propósitos, deseos…), las buenas o malas actividades, acciones, o conductas.  El espíritu, el ánimo, el talante, la actitud… de un lado, y la conducta, el comportamiento, el hacer, el ser, el estar… del otro. La conciencia, y la conducta. Qué pensamos, y cómo nos comportamos. Qué pensamientos son los óptimos, y qué conducta es la óptima para con la vida y la no-vida entorno.
El entorno biótico (no humano) y abiótico es irreprochable y puro. No hay buenos y malos aquí, aún cuando se den casos perjudiciales para la vida humana o la vida en general (epidemias, desastres naturales…). Hay inocencia; no hay culpa.
Es la vida en el cariotipo humano la única que puede responder; la única a la que se le puede pedir cuentas. La vida se interpela a sí misma; se interroga, se juzga.
La vida dividida, y enfrentada consigo misma. Es una batalla que se hace patente únicamente en los seres humanos. Se trata de encontrar un camino, el camino óptimo para la vida. Cómo vivir, como convivir…
El papel del hombre en la naturaleza viviente y no viviente en este planeta. El cariotipo humano tiene un papel fundamental en este planeta debido a nuestra diferencia específica, a nuestra peculiar naturaleza, a nuestra potencia (intelectiva, volitiva...). Somos indudablemente el vértice de la evolución en este estadio de la evolución de la vida. La especie indudablemente elegida por la misma vida (la sustancia viviente única). Porque es la misma  vida la que se ha proporcionado un fenotipo que le hace posible tener la palabra. Porque somos la misma vida.
La responsabilidad del ‘hombre’ es la responsabilidad de la vida. El cariotipo específico humano es el dispositivo fisiológico adecuado para que la vida salga a la luz.
No se trata de antropocentrismo aquí. El hombre es un medio, un instrumento, un vehículo para la vida. El protagonista de nuestros actos no es el hombre sino la misma vida. En el cariotipo humano es la vida en todo momento el sujeto único de la actividad (de lo que pensamos, de lo que decimos, de lo que hacemos…). No hay otro sujeto, ni en el cariotipo humano, ni en el resto de las formas vivas.
Es pues, en último término, un discurso dirigido a la vida. De nuevo, la vida se dirige a sí misma, se interroga, se interpela, se juzga… Es en el cariotipo humano donde se cumple este ‘juicio’. Un juicio a la vista del comportamiento de los individuos y los colectivos humanos. Se trata de juzgar si el modo de vivir de los humanos (nuestra etología y nuestra ecología) –hasta el presente– favorece o perjudica a la vida.
Hasta el momento nos comportamos ciegamente, sin medir las consecuencias de nuestros actos. Se diría que no nos diferenciamos del resto de las formas vivas. Pese a nuestra inteligencia. No reflexionamos, no meditamos… Nos comportamos de manera irracional, absurda, impropia… El egoísmo individual y colectivo, la violencia, las guerras permanentes, la explotación salvaje, la peligrosa contaminación del medio entorno que pone en peligro la vida…
El resto de las formas vivas ignoran las consecuencias de sus actos, nacen, viven, se reproducen, mueren… Los desastres ecológicos que puedan darse son de mínimas consecuencias. No así en el caso de los humanos. Con nosotros los desastres ecológicos se acumulan. Por no mencionar los desastres humanos que los propios humanos se causan entre sí (guerras, masacres, matanzas, exterminios…). Llevamos la lucha por la existencia a unos niveles de ferocidad ‘monstruosa’, loca, irracional... No sólo el medio ambiente, o el resto de las formas vivas padecen nuestra ‘potencia’ mal llevada, también nuestros semejantes padecen nuestra ciega codicia y ambición. No tenemos barreras. Hacemos literalmente lo que nos da la gana, sin importarnos las consecuencias, o el dolor que causamos a nuestros semejantes.
Es la locura, la inconsciencia, la irracionalidad… Algo impropio de nuestra naturaleza, de nuestras facultades, de nuestro ser.
*Regenerar la existencia. Establecer unas condiciones ‘simbólicas’ de existencia acordes con nuestro ser (viejo y nuevo; descubierto, reencontrado); crear un nuevo ‘mundo’, un mundo genocéntrico, una cultura (y una conciencia) genocéntrica planetaria. Más allá del hombre, de la criatura…
¿Cuál es nuestro papel entonces? ¿Para qué nuestra inteligencia, nuestra luz? ¿Qué cometido, qué destino…? ¿Qué función en el ecosistema planetario?
Este planeta, la ‘tierra’, es la morada de la vida. Es una morada construida, o mejor, optimizada –la atmósfera que ‘hoy’ respiramos es en buena medida obra nuestra. El comportamiento ciego, irracional, de nuestra especie está poniendo en peligro este ‘paraíso’ nuestro.
Digo el comportamiento como especie, como ‘humanos’. El comportamiento antropocéntrico (egocéntrico, etnocéntrico…) es un comportamiento pre-genocéntrico. Es el comportamiento de nuestra especie antes del conocimiento, de la revelación de la sustancia viviente única. Ahora sabemos de nuestra íntima naturaleza, de nuestra esencia, de nuestro ser.
Un inesperado saber, una autognosis que no fue anunciada, predicha o profetizada. Los colectivos humanos aún no han asimilado este conocimiento cierto; esta llegada al núcleo de los seres vivos, a lo viviente mismo. La llegada al Uno, al ser viviente único que somos.
Cuanto más sabemos de la vida más sabemos acerca de nosotros mismos.
Este saber cambiará necesariamente nuestra manera de vivir en este planeta. Cambiará la ‘conciencia’ de los humanos. Se extenderá la conciencia genocéntrica. Se inicia un proceso de cambio radical a largo plazo. Seremos otros, radicalmente otros.
Un camino se abre para toda la humanidad. El camino de la vida. Por primera vez. Hasta ahora parecíamos obligados por las leyes de la ‘naturaleza’, como el resto de las especies, como seres faltos de libertad. Este conocimiento cierto acerca de nuestro ser nos libera. Otra cosa que humanos somos ahora. Ahora somos la vida. La vida libre. Libre para no seguir por el camino que vamos, para andar otro camino; para vivir de otro modo. Nuestro ser renovado, reencontrado. Un nuevo ser somos.
Ahora se cumple la libre elección y la elección del camino de la vida. El nuevo saber esclarece nuestra posición, y nos abre un camino nuevo, ignoto, inesperado, luminoso, fecundo…
Diga lo que se diga es ahora cuando se abre el camino de la vida; cuando se hace posible la elección (a escala colectiva).
No se trata de liberaciones personales, sino colectivas. O todos o ninguno. Ésta es la cuestión. Todos los miembros del cariotipo humano han de pasar por la transformación. Tarde o temprano se logrará.
El periodo purgativo, el ‘mono’, las recaídas… La transformación, el paso a la otra orilla, el puente que nos separa…
El conocimiento cierto acerca de nuestro ser es el transporte, la nave que nos conduce a la otra orilla. Basta poner el pie en esta nave…
No es un credo esto que digo, es un saber.
Otra conciencia, otro ser… La conciencia del ser que somos, que siempre hemos sido.
Este conocimiento y esta conciencia vienen en los tiempos más necesitados, más oportunos. De lo que se trata ahora es de una salvación colectiva, pero no de la especie humana, sino de la vida (y sus condiciones de existencia). Es la vida la que corre peligro ahora. El legado humano: un planeta desquiciado, alterado, estresado; desertizaciones, sequias, inundaciones; la vida que languidece, que se extingue aquí y allá. La vida, el fuego, la luz que se apaga… En socorro de la vida parece venir este conocimiento oportuno. En el último momento, se diría.
La vida, el fuego, la luz, el ser, la verdad… Nuestra vida, nuestro fuego, nuestra luz, nuestro ser, nuestra verdad…
Conciencia biológica, genética, ecológica… La vida (que somos) consciente de sí. Esta conciencia y esta vida crearán el mundo nuevo, regenerarán la existencia. 
La milenaria civilización por venir. Nuestro futuro. El gobierno de la vida. La vida que discierne, que reflexiona, que pondera, que decide… La vida como medida y centro. No el dominio, sino la sabia gestión del planeta es lo que viene. En el nombre de la vida.
El mundo, la vida, la existencia por venir –por construir, por crear. Todo por hacer.
Nuestra especie tendrá un pasado humano (antropocéntrico, fenocéntrico) y un futuro post-humano (biocéntrico, genocéntrico).
Desde la vida; como vida hemos de pensar, hablar, hacer… Una poesía, una música, una filosofía… Un arte y un pensamiento dignos de la vida, a la altura de la vida. Es Xenus/Nexus, el Uno, el que ahora piensa, habla, hace… El único sujeto, el único protagonista, el único creador.
A tal vida, a tal ‘sujeto’, no le satisfacen ya los modos humanos, sus obras, o su sabiduría. Tal ‘sujeto’ necesita otras palabras, otras obras, otra sabiduría…
Crear, establecer, fundar el nuevo mundo, la nueva existencia –el nuevo ‘éthos’. Desde las ciencias de la vida, desde la sabiduría de la vida. Todos los aspectos de la cultura se transformarán, se adecuarán a la vida. Una nueva conducta generalizada –genocéntrica, biocéntrica, ecológica… Los hogares, la alimentación, las ‘artes’… las actividades todas. Las relaciones individuales, sociales, globales… Todo cambiará.
El partido de la vida. La vanguardia. Movimientos de opinión. Algo más que ecología (superficial o profunda) hay aquí. Se trata de una revolución radical, una radical transformación. Llegar a ser lo que somos, aquello que somos.
El partido de la vida. Un movimiento cultural, simbólico… hacia un futuro genocéntrico. No político, no económico… Una vanguardia cultural, espiritual… Muestras, semillas de futuro. Hacia la regeneración.
Conciencia biológica, ecológica. Pero no desde el hombre (no antropocéntrica), sino desde la vida (genocéntrica).
Lo primero es identificarnos con la vida, pero no con la vida animal, sin más, o la vida en general, sino con la sustancia viviente  única, con la sustancia genética.
Hay que sostener la distinción entre la materia viviente y la materia no viviente; entre el mundo viviente y el mundo no viviente (lo biótico y lo abiótico). Que no hay sino una única sustancia viva –la sustancia genética–, y que en toda criatura opera la sustancia genética como sujeto único de toda actividad.
La vida es una y la misma en todos y cada uno de los organismos que pueblan el planeta. Es la misma vida (la misma sustancia) en esta o en aquella criatura; el mismo ‘ser’. Esto es lo que nos vienen a decir las ciencias de la vida –la genómica. Este saber lo cambiará todo.
En el cariotipo humano es la vida la que piensa, o habla, la que se comunica con la vida otra.
La vanguardia de la vida. Los renacidos. Los campeones. La conciencia (genocéntrica) nueva. Las nuevas criaturas. Las primicias. Los primeros.
Cuidar de la vida es cuidar de nosotros mismos. Garantizar la presencia de la vida en este planeta; garantizar el futuro de la vida –nuestro futuro. Ésta es la labor.
Nosotros somos la vida. No esta o aquella vida, sino la vida única. Yo diría que no necesitamos más que esta conciencia y este saber para comenzar el nuevo periodo. Transmitir esta conciencia y este saber a los venideros. Nuevo mundo, nueva vida, nueva existencia.
El nuevo período, la nueva vida. La vida consciente de sí. Éste es el futuro; el destino de la vida en el cariotipo humano. Lo que vendrá inexorablemente. El destino que le tenía reservada la misma vida a nuestra especie. La autognosis.
Un futuro  ignoto, por realizar. Un futuro genocéntrico, post-humano. El sujeto ahora es la sustancia viviente única.
Cambios en la manera de vivir, de pensar, de hablar, de actuar… Una conducta adecuada al ser nuestro, viejo y nuevo, reencontrado.
Ya es hora de que la vida se haga cargo de la vida. No el hombre, sino la vida.
Un futuro regido por la vida, llevado por la vida. Es la vida la que discierne ahora, la que decide, la que pondera, la que juzga lo que es bueno o malo para la vida –para Nos.
El nuevo ‘éthos’. La nueva con-ducta; el nuevo morar, con-vivir, co-habitar, com-portarse… Los nuevos usos y costumbres por venir.
Lo primero es la conciencia de sí genética. Es preciso allegarse a la perspectiva genocéntrica –a la mirada de la vida. Con ello la vida que somos cobra conciencia de sí, se re-cupera. Esta conciencia (este saber) es el punto de partida, la puerta, el acceso, la condición necesaria para un futuro otro. Es una conciencia que ilumina, ilustra, instruye… guía, conduce. Una conciencia (y un saber) providencial que ya nunca nos abandonará.
Sólo la identificación con la sustancia viviente única puede traernos otra vida, otra existencia, otro mundo. .  La conciencia genética. Y hablo a nivel colectivo.
Seamos de aquellos que regeneran la existencia…
*
Hasta la próxima,
Manu