Contra el judaismo, el cristianismo, y el islamismo. Contra las tres imposturas.

Hace dos mil años que padecemos la ofensiva semita. Primero judeo-cristiana, y posteriormente musulmana. Quieren destruirnos como raza, como pueblo, como cultura otra, independiente de sus raíces. Estas tradiciones han arruinado nuestras vidas y han terminado envolviéndonos en sus delirantes y criminales querellas. Debemos usar el término semita para estas ideologías emparentadas. Nuestro anti-semitismo debe comprehender, pues, la impostura judía, la cristiana, y la musulmana.
Liberarnos, recuperarnos, purgarnos. Deshacernos de ellos. De esto se trata. Sudarlos como una mala fiebre. Expulsarlos, arrojarlos fuera de nosotros; de nuestras tierras, de nuestras vidas. Purificarnos. Librarnos de nuestro mal. Sanar.
*
Sea Europa la causa de los europeos de las presentes y futuras generaciones. Sea Europa nuestra tierra sagrada. Sea la cultura europea nuestra religión. Con éstas consignas venceremos.

sábado, 26 de noviembre de 2016

142) Sobre el suicidio inducido de los pueblos blancos


Sobre el suicidio inducido de los pueblos blancos.


Manu Rodríguez. Desde Europa (26/11/16).


*
 

*Testigos del final de nuestros pueblos europeos, de nuestras culturas, de nuestras naciones… Esto somos.
Pueblos blancos decadentes. Pueblos ya sin destino, sin futuro. Pueblos que caminan hacia la extinción. Como quieras que lo veas, es absurdo, y es trágico también, todo lo que nos está sucediendo.
No veo futuro para nuestros pueblos. Han conseguido deslegitimarnos, privarnos de razones, de fuerza, de coraje moral, de derecho… Pueblos desnortados, confundidos, como hechizados… Nuestros pueblos no quieren seguir siendo. Voluntariamente, parece, han escogido el camino de la extinción. Pero es un suicidio inducido: Los discursos dominantes, éticos y políticos principalmente, que censuran (castigan) todo instinto de supervivencia, de defensa del territorio, de amor por los hermanos, y que elogian (premian), por contra, el altruismo, las fronteras abiertas, el multiculturalismo y demás, han conseguido modificar la conducta de nuestras poblaciones. Nuestra gente son ya ‘gentes’ del ‘sistema’; son los ‘individuos-tipo’ que éste requiere y produce. La actitud general de nuestras poblaciones es un logro de la ingeniería social del ‘sistema’ –de su poder conformador de opiniones, de ‘conciencias’, de ‘personalidades’…
Valga esta analogía con la técnica de los trasplantes de órganos: Se debilita la defensa de nuestras claves étnicas y culturales  con la intención de evitar el rechazo del injerto de población extranjera. Los discursos y slogans, trans-étnicos y trans-culturales, que difunde el ‘sistema’ operan como inmunodepresores.
No sólo se consigue con estas estrategias la indiferencia ciudadana ante la ingente entrada de población extranjera. Hay jóvenes que pertenecen a diversas ONG europeas  que colaboran con las flotillas de pateras que salen de África o Asia y que avisan a las guardias costeras española, italiana, o griega de las salidas hacia Europa de éstas. Y las guardias costeras se limitan a recoger a estos intrusos y llevarlos a tierras europeas. Todos los días, todas las semanas… Un flujo incesante, y masivo.
Estas actitudes se premian, se incentivan, se ‘pagan’. Los jóvenes implicados en estas ‘gestas’ alardean de ello, y reciben su galardón (en medios de comunicación…). Estos vanos, insensatos, necios, inconscientes traidores a su gente… son elogiados.
El ‘sistema’ somete a nuestra población a un ‘condicionamiento operante’ del que apenas nadie escapa.  Comienza en nuestras escuelas infantiles, en la educación que recibe nuestra gente desde que nace. Se prolonga en toda ‘nuestra’ cultura de masas (cine, televisión, internet, prensa, literatura…). Y es eficaz –logra sus fines.
Nuestra situación es lamentable; terminal, diría yo. Y nuestra gente no puede estar más desviada, más despistada; más lejos de sí y de sus reales circunstancias.
Los movimientos sociales trans-nacionales, trans-étnicos, trans-culturales (tipo ‘mundo sin fronteras’), a cual más ‘revolucionarios’, y que pululan, resultan ser la vanguardia de la globalización que requiere el ‘sistema’. Fijate hasta que punto estamos confundidos. Militamos en las filas de quien procura nuestro mal.
Nuestros ‘rebeldes’ anti-sistemas y anti-fascistas son las fuerzas intimidatorias, los dóberman del ‘sistema’; los nuevos ‘dominicos’, los nuevos ‘perros del señor’. Sus víctimas preferidas son los nacionalistas, los indigenistas, los identitarios… –las partes sanas del organismo biocultural; los lúcidos; los ‘puros’.
Ya sabemos, es malo ser nacionalista, identitario… No puedes defender tu tierra y tu gente. Si lo haces te señalan. Un miembro de nuestra comunidad señalado de nacionalista o identitario puede ser insultado, molestado, agredido… “es un fascista, o un nazi”. No se trata tan sólo de que esté mal visto, socialmente, ser identitario. Hay carta blanca para tratarle como a un perro. La muchedumbre, la bestia ‘anti-fascista’.
La ciega, la manipulada, la instrumentalizada masa anti-identitaria  –la suicida, la enemiga de sí. Usada como arma contra los suyos.
Este comportamiento autolesivo, suicida,  es el resultado de años de propaganda antinacionalista y anti-identitaria en Europa (y en países con ascendencia europea). Es malo, es vergonzoso, es ridículo… ser nacionalista e identitario. Éstas son las consignas que constantemente se repiten desde los medios de manipulación de masas del ‘sistema’ (prensa, radio, televisión, literatura, cine, internet…). Y desde hace decenios.
Se acaba con los pequeños focos de resistencia identitaria tildándolos públicamente de neo-fascistas, grupos de extrema derecha, xenófobos… Estos términos están siendo usados para deshonrar, para denigrar. Nadie quiere ser acusado públicamente de nacionalista o identitario, ser señalado de esa manera. Es lo peor.
Esta propaganda –constante, omnipresente, y agresiva–, que es contraria a nuestros intereses más vitales (existenciales incluso, está en juego nuestro ‘ser’), está resultando letal para nuestra gente. Promueve la auto-extinción de los pueblos blancos.  Es un suicidio inducido, como digo.
Es una propaganda inspirada, como se sabe, en las historias que nos cuenta el ‘sistema’ acerca de la IIGM (sobre el nazismo y el periodo nazi fundamentalmente). Pero estas historias que difunde el ‘sistema’ han resultado ser manifiestamente falsas. Se requiere, pues, una revisión y una reescritura de todo ese período (que en parte ya han sido realizadas). Téngase en cuenta que, sin la satanización del nacionalismo étnico o identitarismo (tras los Juicios de Núremberg), esta insidiosa y nociva propaganda, que impregna toda nuestra vida cotidiana, carecería de sentido y de legitimidad.
Es propaganda de guerra lo que padecemos. Es una guerra de aniquilación contra nuestro ser étnico y cultural.
Cambiar la actitud y el sentir de las poblaciones agredidas o invadidas, hacerlas favorables al invasor o al agresor, éste es el principal cometido de la propaganda de guerra –de las ‘operaciones psicológicas’, como ahora se las llama. La ingeniería social. Las técnicas de modificación de la conducta. Los ‘medios’, los poderes del ‘sistema’.
Toda esta incesante, y costosa, ofensiva ideológica, propagandística, jurídica… contra el nacionalismo étnico (desde su mismo nacimiento, pero sobre todo desde finales de la IIGM) viene a decirnos que éste es el único y verdadero enemigo del ‘sistema’; que es su mera existencia  la que supone una amenaza para el ‘sistema’. De ahí todo el empeño de éste en desprestigiarlo, en destruirlo, en erradicarlo. De ahí también la persecución (en los juzgados y en las calles) a la que se ve sometido.
El modelo cosmopolita, universal, contrario a todo nacionalismo e identitarismo, es el que se difunde por doquier desde los poderosos medios de manipulación de masas de que dispone el ‘sistema’. Esa ideología. La mezcla, la mixtura, lo ‘multi’… Eso es lo excelente, lo mejor. El nomadeo, el desarraigo generalizado. Ciudadanos del mundo. Sin rostro, sin identidad definida (étnica y cultural). Elementos homologados, indiferenciados, sustituibles. Es el futuro social, político, económico… que persiguen, desde hace más de un siglo, tanto la ‘izquierda’ como la ‘derecha’ (los ‘usufructuarios’) del ‘sistema’. Las diferentes fuerzas (aliadas) del ‘sistema’ trabajan en la misma dirección. Ninguna discute sus postulados ideológicos universalistas (‘globales’).
El ‘sistema’ tiene sus usufructuarios o beneficiarios.  Los beneficiarios del ‘sistema’ son sus creadores. Si antaño fueron los sacerdotes y/o los guerreros los que establecían el ‘sistema’, hoy (desde la Revolución Francesa) son la clase económica y/o la clase política las que establecen el marco ideológico (las reglas de juego) en el que se desarrollarán las actividades todas de la comunidad –ponen las bases económicas, políticas y jurídicas. El ‘sistema’ es, principalmente, un sistema de poder, de dominio, que se le impone al conjunto de la población. Únicamente sus beneficiarios (el poder económico, la clase política, las instituciones del Estado…) viven, y gozan, del ‘sistema’, disfrutan de su uso. El resto de la población lo padece, lo soporta…
Las ideologías (religiosas, filosóficas, o políticas) han servido siempre para fundamentar y legitimar el régimen de poder, el ‘sistema’ de dominio (de unos sobre otros) –cualquiera fuese éste.
El ‘sistema’ son sus beneficiarios. ¿‘Cui bono’?
El discurso del ‘sistema’ es, hoy, netamente antipatriótico, antinacionalista, multicultural, multiétnico, internacionalista, universalista, cosmopolita… trans-nacional, post-nacional… Nuestras ‘izquierdas’ y nuestras ‘derechas’ son rostros del ‘sistema’. El mismo internacionalismo, el mismo post-nacionalismo…
No nos dejemos engañar por las llamadas a la patria, o a la nación, de las derechas y de las izquierdas del ‘sistema’. Se trata, en ambos casos, de un nacionalismo y un patriotismo espurios, no ligados a la sangre y al suelo. La patria o nación que postulan es una ‘entidad’ jurídica y política que se pliega a los requerimientos (al discurso) del ‘sistema’. Pretenden convertir las naciones ancestrales en una suerte de  ideología al que cualquiera (venga de donde venga) puede adherirse o afiliarse. Ahora cualquiera puede ser francés, alemán, español, vasco, o catalán… (así como cualquiera puede ser cristiano, demoliberal, o comunista). Con este nacionalismo se desposee a los autóctonos de un patrimonio geográfico, étnico, y lingüístico-cultural que sólo a ellos pertenece. Los nacionalismos que promueven los políticos del ‘sistema’ no tienen otra finalidad que la disolución de las patrias carnales, de las patrias genuinas.
Hay que cuidarse, pues, del nacionalismo, o el independentismo, que difunden estos beneficiarios del ‘sistema’. Promueven naciones abiertas, plurales, multiétnicas, multiculturales… Naciones que acabarán perdiendo sus ancestrales señas de identidad étnicas y lingüístico-culturales. Se pretende, claramente, lo contrario de lo que se predica. Tendremos finalmente naciones étnica y culturalmente heterogéneas que no se diferenciarán en nada unas de otras, y nacionalismos ociosos, superfluos. Véase el caso de España, no sólo en nuestras derechas, atiéndase al poco o nada fiable patriotismo o nacionalismo de partidos o grupos como Podemos, la CUP, ERC, las Mareas y otros. No se trata de nacionalismos o patriotismos equivocados, o confundidos, sino de nacionalismos y de patriotismos deliberadamente engañosos, fraudulentos, tramposos. Son trampas. Confunden, embrollan, desvirtúan… Conducen a la extinción.
Llamo la atención sobre algunos líderes de partidos independentistas catalanes (ERC, CUP…), que ni siquiera son catalanes (de sangre). Una Cataluña que no los considere ‘extranjeros’ parece que construyen, que no los insulte, que no los llame charnegos (perros); una Cataluña plural, diversa, otra (la actual es demasiado catalana); una Cataluña para foráneos, a su medida (y a la medida también del ‘sistema’). Disponen, estos alóctonos, del destino de una nación a la que no pertenecen, y que no les pertenece. Usurpan la palabra, la voz de los genuinos catalanes. Los catalanes de pura cepa no deberían tolerar esta intromisión, esta impostura.
Se diría que estos foráneos se vengan de la nación de acogida desrealizándola. Se vengan de los insultos y menosprecios recibidos. Y esto recuerda a los casos que se han dado o se dan en nuestras tierras europeas con otros grupos étnicos o culturales extranjeros (judíos, musulmanes asiáticos y africanos…). Todos estos no europeos (vistos desde el ‘jus sanguinis’) son partidarios del Estado multicultural y multiétnico (y del ‘jus solis’) –como es lógico (no miran sino por su bien).
Una Europa plural, diversa, otra (la actual es demasiado europea); una Europa para los no europeos, para los extranjeros... Los planes del ‘sistema’.
Los pueblos son comunidades étnicas y lingüístico-culturales asentadas desde antiguo en un determinado espacio. Son comunidades ancestrales. La patria es el territorio que fundaron los ‘padres’, los antepasados. No cualquiera puede ser europeo, chino, o japonés… La patria o nación es herencia, legado, patrimonio centenario, milenario. La patria no se adopta, se hereda. Es una herencia de sangre. Es la sangre (la casta, la raza…) la que aquí hereda.
Los nacionalismos que postulan los políticos (de izquierda y de derecha) del ‘sistema’, vienen a devaluar, a depreciar los lazos de sangre que una población tiene con su territorio ancestral, a restarle importancia (cualquiera puede ser catalán…). Parecen construidos adrede para desvirtuar, para desnaturalizar las naciones genuinas. Como un primer paso hacia su desintegración. Son nacionalismos que, por lo demás, ignoran y ofenden gravemente a los naturales, a los ‘nacionales’, los cuales devienen uno más en estas nuevas naciones en las que todos, vengan de donde vengan, tienen cabida.
Estos nuevos nacionalismos, que sostienen tanto las derechas como las izquierdas del ‘sistema’, resultan, claro está, inocuos, inofensivos, para éste. Sólo el nacionalismo étnico puro, de casta, puede hacerle frente al ‘sistema’ y frenar la disolución de nuestros pueblos. Es la revolución que queda –la rebelión de los nativos europeos  contra el ‘imperio’, contra el ‘sistema’ (contra sus beneficiarios).
Desintegrar a los pueblos y proletarizar a las masas resultantes. Las ambiciones, los sueños del ‘sistema’.
Los sueños del ‘sistema’ son la pesadilla de los pueblos.
Nuestros viejos pueblos y sus demarcaciones territoriales son un estorbo para los planes de dominio del ‘sistema’. El ‘sistema’ requiere masas proletarizadas, no pueblos. Este ‘sistema’ es, por naturaleza, hostil a los pueblos.
Las fuerzas aliadas del ‘sistema’. Los cocreadores. Los beneficiarios. Los poderosos. Los ‘aliados’. El ‘sistema’ mismo. Todas las fuerzas o élites hostiles a los pueblos. Todos los universalismos (religiosos, filosóficos, políticos…) del pasado.
Un mundo trans-nacional, post-nacional; un mundo sin naciones, y sin fronteras. Las utopías del ‘sistema’. El ‘sistema’ crea, adopta, y difunde utopías universales (a ‘diestro’ y ‘siniestro’) que no entran en pugna con sus planes de dominio ‘global’.
La destrucción de pueblos, naciones, y culturas ancestrales es lo que viene. La homologación de la población del planeta. La homologación social, cultural, étnica (racial, mediante el mestizaje)… La destrucción de las diferencias, de aquello que nos distingue a unos de otros –sea en la naturaleza, sea en la cultura.
Es un genocidio étnico y cultural a gran escala lo que viene; lo que ya es. Parece planificado. ¿Quién, quiénes son los ingenieros sociales de esta catástrofe biocultural? ¿De qué medios se vale el ‘sistema’ para imponer su ‘ley’, su ‘orden’; cuáles son sus fuerzas, sus instrumentos?
Son decenas, cientos ya, las etnias en nuestras ciudades más pobladas (Londres, París, Berlín…). Un grave problema, ético incluso, la educación de sus pequeños. ¿Qué instrucción, qué historia…; la francesa, la inglesa, la alemana…? Etnias africanas, asiáticas, amerindias… Sus niños y adolescentes serán formados en una historia que no es la suya, la de su pueblo; en un entorno lingüístico-cultural que no es el suyo, el de su propio pueblo. Millones de personas desarraigadas. Lejos de su tierra, de su hogar, de su gente, de sus ancestros… de su propia historia.
Es un mal para todos (autóctonos y alóctonos) estos flujos migratorios incontrolados. El final será una indistinta masa universal proletarizada y apátrida (el sueño del ‘sistema’; el sueño de Marx); una nueva raza de esclavos a disposición de las izquierdas y las derechas del ‘sistema’ –como fuerza de trabajo,  como carne de cañón, como ‘votante’…; en cualquier caso, como arma, como instrumento, como útil…
Se priva a nuestros pueblos del legítimo derecho que tienen a defender las tierras heredadas, las tierras de sus ancestros. ¿Por qué nuestros pueblos no pueden defender su territorio ancestral, su etnia, su cultura…?
Les recuerdo a los lectores que el único Estado étnico en la actualidad es el Estado Nacional del Pueblo Judío (Israel). ¿Por qué los judíos pueden tener su Estado étnico y el resto de los pueblos no; por qué el resto de los Estados estamos obligados a convertirnos en Estados multiétnicos y multiculturales? ¿A qué viene este privilegio? ¿Qué relación tienen los judíos y el Estado de Israel con el ‘sistema’? Los judíos son cocreadores y cofundadores del ‘sistema’, son por tanto uno de sus beneficiarios.
Antes de la existencia del Estado de Israel los judíos contribuyeron a la creación de los Estados democráticos y plurales que hoy tenemos. Fueron los primeros en beneficiarse de la situación jurídica y política que les proporcionaban los nuevos Estados nacidos tras la Revolución francesa. No sólo los judíos, obviamente, todos los extranjeros, todos los no franceses, o los no ingleses, o los no alemanes podían adquirir estas nacionalidades y gozar de los derechos y libertades de los nacionales. En estas circunstancias nace el ‘ciudadano’, el ‘ente social’… Más allá de etnias y culturas.
Los judíos, hay que decir, son los más celosos defensores del Estado multiétnico y multicultural. Es su medio óptimo para operar, y prosperar, política, cultural, económicamente… aquí o allá. Ese Estado abierto y plural lo quieren para los otros, claro está.
Dicho sea de paso, si a cualquier de nuestros Estados se le ocurriera denominarse a partir de cierto momento “Estado Nacional del Pueblo ‘X’”, sería acusado inmediatamente por el ‘sistema’, desde sus medios (mass media, ONU…), y a escala internacional, de fascista o nazi. Téngase esto por seguro.
Las nuevas naciones que pergeña el ‘sistema’ son buenas para todos menos para los nacionales. Los Estados multiétnicos y multiculturales (plurales, democráticos, abiertos…), los Estados nacidos tras la Rev. Francesa, supusieron el principio del fin de nuestros pueblos. Con tales fundamentos políticos y jurídicos, era cuestión de tiempo el que se dieran las circunstancias presentes (el caos étnico y cultural, la desintegración).
El único intento de revertir la situación, el nacionalismo étnico germano, fue militarmente derrotado, como se sabe. Frente al ‘sistema’ enemigo de los pueblos se abría otra posibilidad, los Estados étnicos. Conservar la homogeneidad étnica y cultural. Neta separación entre autóctonos y alóctonos. Los alóctonos están privados de derechos políticos, de derechos de propiedad… Se evitaba de este modo la injerencia política, cultural, social, o económica de los extranjeros en las cosas propias, en las cosas de los nacionales (de los indígenas, de los nativos). Era una salida; era la salida.
El nacionalismo étnico (indigenismo, identitarismo…) es el único camino de un pueblo hacia el futuro; es para un pueblo su única garantía de futuro. Sólo los pueblos centrados en sí, conscientes de sí, tienen futuro.
La pésima, la horrible imagen del nazismo elaborada por el ‘sistema’, tras los Juicios de Núremberg, es el pretexto que éste usa para arremeter contra todo nacionalismo o identitarismo; es el arma total contra el nacionalismo étnico. Paraliza. Enmudece. Es también la única arma de que dispone el ‘sistema’. No lograremos la victoria si primero no desmontamos públicamente ese dispositivo paralizador –sería tanto como desarmarlo; privarlo de derecho, de argumentos, de razón…
El ‘sistema’ ha construido un muro de infamias, de mentiras, de calumnias… alrededor del nacionalismo étnico. Éste es el muro que tenemos que derribar.
El nacionalismo étnico (de origen europeo) es el ‘mal’ para el ‘sistema’. Es el único adversario del ‘sistema’ (de sus beneficiarios).  Hace tiempo que éste le declaró la guerra. El ‘sistema’ se limita a combatir su mal con todos los medios a su alcance, a remover los obstáculos, a acabar definitivamente con la única fuerza que se le opone.
Para reducir a los identitarios europeos el ‘sistema’ se vale de la ilegalización del nacionalismo étnico (tras los Juicios de Núremberg); del constante bombardeo de consignas contrarias al nacionalismo étnico (democracia universal, derechos humanos universales… altruismo, multiculturalismo, fronteras abiertas…) en la enseñanza y desde los ‘mass media’; del incesante flujo migratorio de asiáticos y africanos hacia nuestras tierras todas; de la pública satanización de la resistencia identitaria ante la masiva entrada de extranjeros (de intrusos); de la intimidación, la persecución, la violencia contra los resistentes, contra los irreductibles…
Alterar (hacer otra) las señas de identidad étnica y cultural de un pueblo. Para ello se deprimen, se debilitan sus naturales, sus legítimos instintos defensivos, al tiempo que se reprime su derecho a la defensa, al rechazo del invasor.
El ‘sistema’ premia y castiga públicamente las conductas favorables y desfavorables a sus intereses; usa técnicas de modificación de la conducta (a escala social) mediante el condicionamiento operante.
El condicionamiento comienza ya en las edades tempranas. Los ‘principios’ universales éticos, jurídicos y políticos del ‘sistema’ (con los relatos sobre las bondades del ‘sistema’ (de los ‘aliados’), y las maldades del enemigo único del ‘sistema’) están implementados en todos los aspectos de la vida escolar de nuestros niños y adolescentes –asignaturas, trabajos escolares, juegos… Los omnipresentes ‘mass media’, a los que nuestros pequeños tienen acceso desde que se levantan, hacen lo demás.
El ‘sistema’ juega con ventaja. Sabe lo que hace. La ilegalización y la pública satanización del nacionalismo étnico nos dejan inermes ante cualquier ataque. Nos paralizan. Nos enmudecen. Hacen imposible la defensa pública de nuestros intereses étnicos y culturales; nos privan del derecho a la legítima defensa de nuestro territorio ancestral. Nos dejan atados de pies y manos; nos cierran la salida –nuestra única salida.
La guerra de las fuerzas aliadas del ‘sistema’ contra los pueblos europeos no ha terminado. Es una guerra de aniquilación, insisto, y la estamos perdiendo.
Nuestra madre patria, Europa, se hunde, se arruina sin remedio. Cada día hay algo que lamentar; algo irreversible pasa… Cada día más cerca del final.
Europa es una víctima más del ‘sistema’. Nuestros pueblos europeos milenarios están siendo engañados, desposeídos, manipulados y, finalmente, sacrificados.
Quizás la conciencia de este más que probable final haga revolverse a los europeos contra el estado de cosas. Ya se atisban movimientos de liberación  –pese a los ‘media’, las masas anti-identitarias, y las amenazas (políticas, económicas, jurídicas…) de Bruselas. La resistencia identitaria está perdiendo el miedo a aparecer públicamente.
Tal vez nuestros pueblos tengan aún una posibilidad de futuro; tal vez podamos aún recuperar la fisonomía que nuestras ciudades tenían hasta no hace muchos años… Tal vez quede aún tiempo para salvar a Europa; para salvarnos a nosotros mismos.
*Nuestro drama histórico me recuerda una vez más el Ragnarök escandinavo. No faltan entre nosotros los traidores conscientes, y los inconscientes –los ‘Loki’ y los ‘Holder’ del relato. Cuando deberíamos estar festejando el retorno de Balder resulta que estamos como al principio, en pleno ‘invierno supremo’, y bajo el fuego de Surt.
Parecía que salíamos de aquel Ragnarök que sufrimos cuando la cristianización de nuestros pueblos. Parecía que vivíamos el fin del ‘invierno supremo’, que la estirpe de Líf (la vida) y Lífthrasir (el que ama o desea la vida) proliferaba. Parecía que renacíamos. Pero he aquí que Surt ataca de nuevo, y con nuevos recursos (con nuevas armas). Se trata ahora del ‘sistema’; del polimorfo, del policéfalo, del todopoderoso ‘sistema’. De aquel que surge cuando la Revolución Francesa.
Desde su nacimiento este ‘sistema’ avanza y logra victorias en nuestras tierras. Tras la IIGM impera sin oposición. Nuestros pueblos yacen caídos, postrados, sometidos. El nuevo ‘orden’ universal que los ‘aliados’ imponen nos priva de auténtica soberanía, de autonomía real… Nuestro futuro nunca fue tan incierto.
Este nuevo universalismo es ahora el ‘derecho’, la ‘ley’. El que vence impone su discurso, su historia, su bien y su mal, simplemente; dicta la ‘ley’, dice lo que ha de ser. El ‘derecho’ está, como de costumbre, en las manos de quien va ganando la partida. El adversario único, el mal único del ‘sistema’ (de este Surt redivivo) está, por supuesto, fuera de la ‘ley’ –satanizado y prohibido; arrojado a las tinieblas exteriores. Hoy como ayer. Ayer como ‘pagano’, hoy como nacionalista étnico (‘nazi’).
Se repiten las condiciones del Ragnarök. Es una guerra total (étnica, territorial, cultural…) la que se sostiene contra nuestros pueblos. La derrota militar del nacionalismo étnico germano fue un episodio en esta guerra en la que nos lo jugamos todo (la herencia territorial y la cultural; incluso nuestro ser –nuestro seguir siendo). La guerra no ha terminado. Si resultáramos definitivamente derrotados no habría más auroras para nuestros pueblos, sería nuestro último ocaso.
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Hasta la próxima,
Manu

viernes, 4 de noviembre de 2016

141) Más cosas de España


Más cosas de España.


Manu Rodríguez. Desde Europa (03/11/16).
 

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*‘Podemos’ se retrata, se destapa. Ha mostrado ser lo que es: una marioneta en manos de los independentistas en el Parlamento nuestro, en la cosa de todos.
El apoyo explícito a los independentistas, incluso a los más radicales (Bildu y ERC), del grupo parlamentario de ‘Podemos’ es un claro indicio de su naturaleza (de su ADN, como les gusta decir). El apoyo a los ‘matutes’ y a los ‘rufianes’.
Los independentistas cuentan con un grupo parlamentario extra introducido en el parlamento de tapadillo, de manera disimulada.
‘Podemos’ ha conseguido engañosamente los votos de extremeños, de andaluces, de castellanos… para ponerlos al servicio del independentismo vasco y catalán. Su grupo parlamentario es una fuerza más de los independentistas.
Pero, ¿qué tienen que ver los andaluces, los murcianos, los castellanos… con las pretensiones independistas de vascos y catalanes? ¿Por qué van a contribuir a ello?
No ese Estado plurinacional que nos venden (semejante al ‘bolivariano’) será el fin. Los independentistas no quieren pertenecer a ningún Estado plurinacional por muy bonito que se lo pinten. Quieren su propio y único Estado. Y esto debería estar ya más que claro, a estas alturas.
No sé qué pensar de los líderes de ‘Podemos’, sobre todo de P. Iglesias. No sé si es un mentiroso (un zorro), o un necio, un estúpido (un asno). No sé si su verdadera intención es cargarse definitivamente a España, o está siendo usado para el caso por los nacionalismos internos (de su propio grupo) y externos, o, sencillamente, no sabe lo que hace. Lo que a todas luces parece es que la coalición ‘Podemos’ está aliada con todas las fuerzas disolutivas del Parlamento. Forma parte de las fuerzas disolutivas.
¿Qué pensarán los abogados, jueces, militares… que militan o simpatizan con ‘Podemos’ acerca del descarado apoyo del grupo parlamentario a los radicales independentistas vascos y catalanes? En todo este apoyo es P. Iglesias el que toma la iniciativa y arrastra a los demás.
P. Iglesias, y su grupo, manifiestan siempre simpatías para con los radicales independentistas vascos y catalanes –y no sólo desde su ‘cheka’ mediática.  P. Iglesias, y los suyos, recuerdan a esos personajes cobardes y serviles que se solidarizan, se congracian con los violentos para no resultar ellos mismos una de sus víctimas. Les dan la razón; se ponen de su parte. Les corean, les aplauden, incluso. Se ven así libres de los insultos, amenazas y golpes de estos matones; fuera de su punto de mira. Hay mucha bajeza en esta actitud, hay que decirlo.
*Hemos podido escuchar en esta última sesión de investidura los ladridos y gruñidos de los radicales. Hemos podido observar también cómo el odio y la violencia (verbal, de momento) han entrado en el Parlamento.
Es el estilo de los radicales de izquierda. La violencia y el terror en la política es el patrimonio de la izquierda (desde la Rev. Francesa; desde Marx, Lenin, Trotsky…). Puede recorrerse el siglo pasado. Todas las técnicas –desde ‘reventar’ los mítines, discursos, o conferencias de los ‘otros’, hasta el uso de la intimidación, la violencia armada y el terror… No hay nada nuevo.
Estos nuevos radicales traen consigo aquel viento ceniciento que mencionaba M. Hernández. Traen vientos cenicientos llenos de odio, de rencor, de violencia, de muerte. Siembran la discordia. Como buenos instrumentos del ‘sistema’ –del ‘amo’.  
*Me gustaría decir unas palabras acerca de los recientes ataques de los radicales (Podemos, Bildu, ERC) al PSOE. Se le acusa de traidor a los ideales de izquierda, de no ser progresista… No cabe duda de que es la oposición del PSOE a los intereses independentistas la causa de tales ataques –no se busque otra causa. Lo ‘progresista’ es ser favorable a los independentistas. Si estás con ellos eres ‘bueno’, ‘progresista’ y todo lo demás, si no, eres ‘malo’, ‘reaccionario, ‘facha’… He aquí los fundamentos ‘ideológicos’ de esta retórica maniquea. Las injurias que se sostienen ahora contra el Partido forma parte de una estrategia política que tiene como finalidad quitar de en medio a ese PSOE adverso. Eso es todo. Se procura avergonzarlo, humillarlo, castigarlo por no ceder a las pretensiones de los independentistas (ellos no son de ‘izquierda’, ellos no son ‘progresistas’, ellos no son ni siquiera socialistas). En último término estos dardos envenenados van dirigidos contra la militancia, la base; se piensa de este modo afectar a los militantes… confundirlos, e incluso ponerlos a su favor –alterar la ‘esencia’ del Partido, por así decir; transformarlo desde su base, hacerlo otro. Se dirige, pues, arteramente, a la dignidad de los militantes socialistas, que no soportarán el verse tildados de la noche a la mañana de reaccionarios o fachas –a despecho de toda su historia. Los militantes y votantes no deben caer en esa burda trampa. Apelo a su inteligencia y a su dignidad. No tienen más que advertir las circunstancias. Sucede que estos radicales e independentistas necesitan claramente un PSOE (otro) que les favorezca. Quieren un PSOE dócil, manejable (como el muy ‘izquierdista’ y muy ‘progresista’ ‘Podemos’). Son estrategias y tácticas en la lucha política de cada día adecuadas al momento presente. Mañana serán otras. Ni los militantes ni los diputados del grupo parlamentario deberían concederle la menor atención a esos ataques.
La política es el arte de la mentira, dicen. Pero yo prefiero la definición de E. Haeckel: “La política es biología aplicada”. En la política tienen cabida todos los medios que advertimos en la naturaleza viviente para prevalecer, para dominar, para vencer: la violencia, la amenaza, la mentira, el disimulo, el camuflaje, la ‘mimesis’…
Pedro Sánchez es el otro problema del PSOE. El momento de confusión con respecto a sus mismas señas de identidad que hoy vive el Partido, a P. Sánchez se le debe; la escisión política, ideológica –la pérdida del sentido. A P. Sánchez le ciega su ambición de dominio y su soberbia. Se hizo muy bien al apartarlo de la Secretaría General. Su impaciencia  por llegar a la presidencia del gobierno, a la jefatura del Estado –(su intemperante codicia de poder)–, le hubiera hecho pactar sin reticencias ni remordimientos con los independentistas y ‘Podemos’.  Él sí que era el político de ‘izquierda’, ‘progresista’, y favorable a las políticas del ‘cambio’ que los nacionalistas y radicales demandaban. Un Parlamento con una mayoría como la que pretendía P. Sánchez (PSOE, Podemos, independentistas) hubiera significado el principio del fin de nuestra comunidad nacional. Ese era el precio de su ambición de poder.
La intención de P. Sánchez de presentarse de nuevo como candidato a la secretaría general del Partido dividirá y enfrentará aún más a los miembros del Comité federal y a los militantes. Los elogios a Podemos y a su militancia por parte de P. Sánchez, así como los mutuos elogios que en estos días se hacen P. Sánchez y P. Iglesias incidirán en esta confusión y división. Los recientes movimientos de P. Sánchez acabarán dañando al Partido. Parecen hechos adrede. Todo esto me suena a venganza personal. P. Sánchez quiere hacerle daño al Partido. Está dolido, y es rencoroso. Es fundamental para el futuro del PSOE que sus dirigentes y militantes no secunden sus iniciativas; que no sigan ese camino; que sean inteligentes y prudentes.
*Alguna vez habrá que hablar acerca del ‘marxismo’ y la cuestión de las nacionalidades. 
¿Cómo es posible que una ideología internacionalista y apátrida (“los proletarios carecen de patria”, Marx) apoye los movimientos nacionales de independencia?
Téngase como ejemplo de esto que digo el incongruente nacionalismo de la CUP en Cataluña. ¿Un partido claramente internacionalista, anti-sistema y todo lo demás, predicando un nacionalismo independentista? Algo huele a podrido en todo esto.
El internacionalismo del marxismo, del comunismo, o del socialismo, tiene un interés meramente estratégico cuando apoya a los nacionalismos en el seno de grandes unidades. La finalidad es, siempre, debilitar, descomponer, destruir.
Naciones pequeñas y débiles requiere el ‘sistema’. Cuanto más pequeñas e indefensas, tanto mejor. Naciones que, además, se plieguen a los requerimientos (políticos, jurídicos, económicos…) del ‘sistema’. Pequeñas naciones multiétnicas y multiculturales; ‘naciones’ abiertas, plurales, carentes de una personalidad definida (étnica y cultural)
Simulacros de nación tendremos. Para no parecer, ni de lejos, nacionalistas étnicos (se les compararía con el nacionalismo étnico que preconizaba Hitler –se les llamaría entonces fascistas, o nazis) los independentistas vascos y catalanes se manifiestan favorables a los flujos migratorios de asiáticos y africanos hacia nuestras tierras. Les dan la bienvenido. Se han convertido, incluso, en defensores de estos millones de extranjeros. Los partidos independentistas en Cataluña (ERC, CUP…) cuentan entre sus filas con subsaharianos, magrebíes, pakistaníes… muestran de este modo su ‘apertura’,  su multiculturalismo –su docilidad al ‘sistema’.
Resulta que no son sólo los catalanes ‘de toda la vida’ los que reclaman la independencia de Cataluña del Estado español, también la reclaman los andaluces, castellanos, extremeños… indios, pakistaníes, magrebíes, subsaharianos… que votan a (e incluso militan en) estos partidos independentistas que digo.
No sé si los identitarios de pura cepa advierten cómo se les escamotea la nación cuando estos ‘independentistas’ se la ofrecen a todos –vengan de donde vengan. Es una manera de desposeerlos de un patrimonio (de una ‘herencia’) que sólo a ellos les pertenece y del cual sólo ellos pueden disponer. Otros, venidos de fuera incluso, disponen ahora acerca del futuro de la ‘nación’ catalana (algo que no les pertenece), y construyen una nación a su medida, aunque también al gusto del ‘sistema’ (heterogénea, plural…).
¿Qué nación nos venden; que nación les venden los políticos independentistas catalanes a sus connacionales? Una nación en la que caben todos. Una nación no ligada a la etnia ancestral, a las tradiciones milenarias de un determinado pueblo… ¿Qué sentido tiene tal nación? ¿Qué sentido tienen naciones no ligadas a ningún pueblo en particular?
Si cualquiera, venido de donde fuera, puede llegar a ser francés, inglés, ruso, gallego, catalán…  ¿Qué valor, qué sentido tiene entonces el serlo…?
Pequeñas naciones multiétnicas y multiculturales que no se diferenciarán en nada unas de otras. La misma población (heterogénea, plural…), la misma ideología… ¿Para qué fronteras, pues? ¿Qué necesidad tendremos de naciones?
Pérdida de significación, de sentido. De los conceptos, de las palabras… de la geografía humana ancestral. Asiáticos, africanos, amerindios, chinos… que dicen ser franceses, italianos, ingleses, suecos… catalanes.
Estos son los nacionalismos que promueven los radicales de izquierda. Pero también el ‘sistema’.
Naciones superfluas. Sin sentido, sin personalidad… sin rostro definido. Ya circula el concepto ‘post-nacional’. Vivimos tiempos post-nacionales, dicen. Dan ya por finiquitadas las ancestrales naciones. Es sólo cuestión de tiempo.
Otro cariz que puede tomar ese futuro post-nacional (esa Matrix/Nueva Sión que nos están construyendo) es el de las discordias internas en las poblaciones. Una heterogeneidad en discordia. Los diferentes grupos étnicos y culturales lucharán entre sí –por las mejores tierras, por las materias primas… Zonas en guerra permanente. El territorio ancestral de los europeos se rediseñará. Tendremos nuevos territorios, nuevas fronteras. Las ‘nacionalidades’ que nos vienen (de África, de Asia…) ya se están agrupando en nuestros Estados. Ya tenemos territorios (en nuestras grandes ciudades) habitados casi exclusivamente por argelinos, o pakistaníes, o somalíes… Es territorio europeo ocupado por población extranjera. Son territorios europeos perdidos.
En cualquier caso, es la ruina de los pueblos  ancestrales lo que viene, el fin de las milenarias patrias carnales.
Libre flujo de capital y mano de obra. Un mundo sin fronteras. Es la finalidad     –el futuro deseable. Para unos y para otros. Los pueblos y patrias ancestrales son un estorbo, hay que desvirtuarlos, difuminarlos, hacerlos desaparecer…
Estos radicales de ‘izquierda’ (ácratas, anti-sistemas, y anti-fascistas incluidos) son también fuerzas del ‘sistema’. Lo sepan o no lo sepan. Lo quieran o no.
Ciertamente, instrumentos del ‘sistema’ son todos ellos. Esenciales, fundamentales. Su papel, su ‘rol’. Disolviendo, desvirtuando… confundiendo… amedrentando… Los radicales, los ‘fundamentalistas’ del ‘sistema’. Los dóberman del ‘sistema’. Los ‘perros’ del señor.
*
Hasta la próxima,
Manu

viernes, 28 de octubre de 2016

140) En un principio...


En un principio… Dedicado a mis nietas Karla, Helena, y Julia Flavia.


Manu Rodríguez. Desde Europa (28/10/16).
 

*


*Primero fue la sustancia viviente única. Primero es la sustancia genética, el ser genético. Todas las formas vivas responden a diseños, a designios de este demiurgo, de este creador. Pululan en el agua, en la tierra, en el cielo. El ser genético es el creador, el señor, y el pastor de las criaturas todas; de todas las formas vivas. No hay otro ser creador.
La sustancia viviente única es el único sujeto, el único actor en los seres vivientes. No hay otro sujeto. Es el único ser. No hay otro que muga, aúlle, o hable.
En nosotros habla el ser primero y único. Nosotros somos ese ser. El ser creador.
La formación de las moléculas vivientes debe ser tan común en el cosmos como la formación de átomos, u otras moléculas. En tanto se den las condiciones geofísicas adecuadas. La llamada zona de habitabilidad –la distancia adecuada de un planeta con respecto a su sol. Ni muy lejos, ni muy cerca. La zona óptima para que la vida surja.
Digamos que en nosotros, en el cariotipo humano, la sustancia viviente única ha encontrado la manera de salir a la luz. De darnos a conocer, también, a nosotros mismos. Nuestro fenotipo, nuestro diseño, nuestra apariencia –obra de la sustancia viviente única, no lo olvidemos–, se lo permite. Salir a la luz; asomarse a ver.
La complejidad de nuestros lenguajes, de nuestros mundos simbólicos; nuestros artilugios, nuestros artefactos –nuestras invenciones. Todo lo que nos ha permitido aproximarnos a nosotros mismos. Descubrirnos. Encontrarnos.
El descubrimiento, hace poco más de medio siglo, de la sustancia genética y del código genético han sido para nosotros (como formas vivas) como un proceso de auto-conocimiento; como una revelación. Ya no más hombre; ya no más criatura. Ahora me conozco como sustancia viviente única, como la misma vida; como señor, como creador.
Nosotros somos la vida en el cosmos. Y es más que posible la existencia en cualquier rincón del cosmos de cariotipos similares a nosotros (a nuestras funciones) que le permitan a la vida salir a la luz; conocerse y expresarse en términos simbólicos.
Este estadio deja atrás todo lo habido o conocido, o creado, en punto a civilización y cultura, por los seres humanos. Vivimos en un nuevo período; un período biocéntrico, genocéntrico.
Con respecto a nuestro ser genético (único) todo  nuestro pasado yace en la ignorancia. Ni paleolíticos ni neolíticos se aproximaron a este nuestro ser.
Este único ser es el creador también de pueblos (razas, etnias) y culturas (cielos, dioses, mundos…). El árbol de los pueblos y culturas del mundo es obra suya. Como el árbol de las aves, o el de los peces… Toda manifestación de lo viviente en este planeta es obra suya. En la naturaleza, o en la cultura.
El único sujeto, el único actor. El único creador. Ya no hay otros seres; ya no hay hombres, ni fenotipos, ni criaturas. Ya no queda sino el creador, la sustancia viviente única. Nos.
*La era técnica cierra el ciclo que se inicia cuando la agricultura y la ganadería, cierra el ciclo del neolítico, pertenece a éste. Es un período extremadamente antropocéntrico (fenocéntrico). Todo sigue girando alrededor del ‘hombre’; el ‘hombre’ sigue siendo lo primero.

Superar la era técnica, la última civilización del neolítico. Superar de una vez por todas el antropocentrismo (el fenocentrismo) del neolítico.

*El nuevo período biocéntrico; genocéntrico. El nuevo período étnico, racial. La palingenesia, la regeneración del árbol de los pueblos.

Si cuidamos de las formas vivas en peligro de extinción, ¿por qué no de los pueblos y de las culturas cuya existencia también peligra?
Aún seguimos comportándonos como criaturas del neolítico. Nuestro comportamiento hacia las otras formas vivas, pero también hacia los diversos pueblos y sus respectivas culturas lo denota. Se maldice, se corrompe, se explota, se ignora… Es la codicia. La codicia antropocéntrica, fenocéntrica, arcaica, neolítica… La codicia depredadora, loca, necia, inconsciente… Indiferente al futuro, y a los futuros.
Todo está perturbado. No sólo lo concerniente al árbol de los pueblos y culturas. El árbol de la vida está infecto, corrompido, maldito. El desierto crece, aumenta cada día –en la naturaleza y en la cultura.
Es la obra del hombre del neolítico. El que no acaba de desaparecer.
*Algún día se hablará de este nuevo estadio, de este nuevo período. Definitivo, a mi manera de ver. Pues desde ahora sabemos quiénes somos. Nosotros somos la vida. Éste es el saber que cambiará la faz del planeta.
El saber acerca de nuestro ser lo cambiará todo. El amor, la amistad, la sociedad, la política, la ‘paideia’, la ciencia, la economía, las artes… Todo ha de estar ahora a la altura de este saber.
Los renacidos a este nuevo período aún carecen de arte, de ciencia, de sociedad… Estos renacidos tienen la responsabilidad de crear esa ‘cultura’ acorde con el nuevo saber. Crear la nueva ‘atmósfera’ espiritual, simbólica; las nuevas condiciones espirituales de existencia. Los renacidos, los dos veces nacidos.
De momento no tenemos nada. Apenas si podemos aprovechar algo del pasado –por su extremado antropocentrismo. Por su descentramiento, podríamos decir. Nadie pudo adivinar. Nadie adivinó, ni presagió, ni profetizó su llegada –la llegada de Xenus/Nexus.
El nuevo período étnico, genético; biocéntrico, genocéntrico. Ahora el centro, el sujeto, es la vida.
*Las nuevas criaturas humanas. El copioso árbol étnico de ramas sagradas. La ‘humanidad’ que somos. Tenernos por diferencias queridas, buscadas, logradas por la sustancia viviente única. Como seres necesarios. Podemos considerar a cada una de las razas como formas de supervivencia, modos de sobrevivir, de dominar el medio geofísico y viviente. Rasgos físicos y aptitudes diferentes; lenguas y culturas (mundos) diferentes. La floración: decenas, cientos, miles de etnias/culturas –de ‘mundos’. El árbol de ramas doradas. Las diferentes etnias tienen su razón de ser.
Los verdaderos racistas, o mejor, los auténticos genocidas o etnocidas son aquellos que niegan las razas en la teoría y en la práctica; los que quieren acabar con ellas (con las diferencias étnicas y culturales).
El que afirma su raza, su pueblo, su cultura… afirma a todas las razas…
No debemos olvidar que las diferentes razas son ramas del árbol de la vida.
Ahora viene el ser biológicamente, genéticamente, étnicamente arya. Así como étnicamente masai, chino han, aino, japonés, mongol, tibetano, inuit… Dignos ejemplares de las razas supervivientes.
*Hablando de (y a) mi pueblo –el pueblo al que pertenezco. Hombres y mujeres aryas. De raza y de cultura. De cuerpo y de mente. ¿Cómo representar el ser arya? Tenemos que conservar y preservar el ser arya en este mundo nuevo; alcanzar y representar dignamente esta nueva dimensión del ser nuestro.
Mundos aryas, artes aryas, filosofías aryas… culturas aryas. Lo sublime arya. Lo espiritual arya. La elegancia arya. Lo exquisito, lo excelente…
Las señas de identidad arya. El ser eterno arya. Lo reconocible arya. Lo propio del arya, lo exclusivo. La singularidad biosimbólica arya. Su diferencia específica.
*No hay otra buena noticia que dar a los pueblos del presente –a los ‘humanos’ del presente. Nuestra verdad, finalmente. La verdad acerca de nuestro ser.
El cariotipo humano ha llegado a su verdad. A la verdad de su ser; de su ser único. Un ser que comparte con el resto de las formas vivas, de las criaturas. Un ser único. Somos fragmentos cifrados del ser único –del ‘Uno’. Nos.
Ahora devendremos el pastor del ser. El cuidador del ser –de la vida.
Ya no más depredadores humanos. Ya no más extraños a nuestro ser. Ahora sabemos quiénes somos. Ya no más engaños, ya no más extrañamiento, ya no más ilusiones, ya no más ignorancia…
Es un comienzo absoluto. Período genocéntrico, post-antropocéntrico, post-fenocéntrico… El futuro del ser genético; de la sustancia viviente única.
*Gemeinwesen (comunidad). Ser, esencia, o naturaleza común.
*Debemos centrarnos en las ciencias de la vida. Es el saber que nos concierne. El saber acerca de nuestros ser. La genómica, la ecología, la etología… Un futuro genocéntrico –centrado en la vida.
*Hablarnos, comunicarnos como sustancia viviente única. Que hable la vida (desde el arya, desde el inuit, desde el masai…) en todo momento y lugar. Que la conciencia del ser único que somos alcance a todos los pueblos (las etnias) y culturas.
No la ‘humanidad’ (el cariotipo humano en todas sus formas) importa, sino la vida.
*Lo primero es la conciencia de sí como sustancia genética, como sustancia viviente única, luego viene la conciencia de sí como ente perteneciente a un cariotipo específico (el humano), luego viene la conciencia de sí como ente perteneciente a un grupo étnico determinado (a un subtipo del cariotipo específico), y por último viene la conciencia de sí como ente perteneciente a un grupo lingüístico-cultural determinado. Éstas son las conciencias que hay que cultivar. En orden de relevancia, la preeminencia la tiene la conciencia de sí como sustancia genética. Es lo primero; la base, el fundamento. La segunda en importancia es, obviamente, nuestra pertenencia al cariotipo humano. La conciencia étnica y lingüístico-cultural serían las últimas en importancia.
Las falsas conciencias serían las conciencias ideológicas (filosóficas, religiosas o políticas) y las conciencias de clase (de pertenencia a una determinada clase). Estas conciencias nos alejan absolutamente de nuestro ser primero –de nuestra realidad, de nuestra verdad.
Conciencia de sí es saber de sí. Saber de sí como sustancia viviente única. Esta conciencia, este saber, lo cambiará todo.
Así pues, ni la clase (social), ni la creencia (religiosa o política), ni la pertenencia a un grupo lingüístico-cultural determinado, ni la pertenencia a un grupo étnico determinado, ni siquiera la genérica, la específica ‘humanidad’ (que nos hace caer en el antropocentrismo, en el fenocentrismo)… Lo que importa en nuestra condición de naturaleza viviente única. Nosotros somos la vida, sin más.
*No se trata, en ningún caso, de derechos del ‘hombre’, sino de derechos de la vida. El ‘hombre’, el cariotipo específico humano, está subordinado a la vida. No se trata, pues, de extender los derechos del hombre al resto de los ‘animales’ (como dicen), este es un lenguaje antropocéntrico aún; neolítico, arcaico, pre-genocéntrico.
Velar por la vida. Éste es el cometido de nuestra especie a partir de ahora. Porque nuestra especie puede alcanzar la conciencia de sí como sustancia viviente única, más allá de su condición cariotípica, étnica, o cultural. Ésta es nuestra diferencia con respecto al resto de las formas vivas. No como ‘hombre’, pues, sino como ‘vida’ debemos pensar.
Esta conciencia que digo religará en el futuro a todos los grupos humanos. Crearemos sociedades más allá del hombre.
Podemos decir con total seguridad que el período antropocéntrico (fenocéntrico) ha quedado atrás desde el descubrimiento de los ácidos nucléicos. La criatura se ha esfumado, ha desaparecido, ha dejado paso al creador, a la sustancia viviente única, que es el ser de todo criatura, de toda forma viva.
En nosotros, el cariotipo específico humano, no habla el hombre, la criatura, sino el creador.
La revolución silenciosa. La venida inadvertida, inesperada, insospechada, de Xenus/Nexus.
Aún seguimos atrapados por variantes antropocéntricas, por ideologías religiosas o políticas del pasado. La etnia misma, y el legado cultural, nos detienen, nos impiden ir más allá de nuestra condición fenotípica. Dejar atrás, abandonar.
No un ‘hombre nuevo’ es lo futuro. El ‘hombre’ quedó atrás. Pensar, actuar, vivir… como sustancia viviente única, desde la sustancia viviente única. Renacer como sustancia viviente única.
Un nuevo comienzo absoluto. La conciencia, el saber de sí de la misma vida. El ‘ser’ recobrado, reconocido, puro. El ‘ser’ único, la sustancia genética. Nos, Genousse y Genoussin.
Crearlo todo de nuevo. Nueva cultura, nueva sociedad, nueva civilización. Todo por hacer. Las preocupaciones humanas desaparecen; todo lo ‘humano’ desaparece. El centro ahora es la vida. Inaugurar el período genocéntrico. Milenios nos esperan.
No es una nueva fe, o una nueva creencia. Es un saber. Un saber que trasciende las etnias y las culturas. Un saber que trasciende todo lo humano. Nos movemos en el terreno del saber, de la certeza; de un conocimiento cierto, indubitable.
Hemos llegado a nosotros mismos; a Nos. Un recorrido de millones de años. Se ha requerido una especie inteligente –un cariotipo concreto; una forma específica, y capaz. La vida, siempre inteligente, se ha dotado a sí misma de órganos que le han permitido salir a la luz, y reconocerse. Autoconciencia, autognosis. Ha sido una revelación. 
Todos los tanteos del ‘hombre’… No eran tanteos del ‘hombre’, sino de la misma vida. Se buscaba a sí misma. Quería su verdad. Las tradiciones humanas la distrajeron bastante tiempo; la alienaron de sí. La vida descentrada; centrada en la criatura, en ‘su’ obra. Detenida.
El ‘hombre’, la criatura, es un medio para la vida; un instrumento, un útil; un cuerpo, un vehículo –las formas vivas, en general. Medios de supervivencia, transportes… somas protectores. Nada más. Importancia relativa de los fenotipos. Lo que importa es el ‘ser’ único, lo único verdaderamente vivo en la criatura.
*Las creencias, las tradiciones del neolítico que sobreviven (religiosas, filosóficas, o políticas), perturban, separan a los grupos humanos. También las etnias y las culturas. Todo contribuye a dividir y a enfrentar. Entorpecen la llegada, el triunfo de la conciencia de sí genética. Los grupos humanos han de dejar atrás todas esas tradiciones y posiciones para alcanzar la conciencia de sí genética. Las comunidades humanas han de partir de cero. Han de limpiarse, purificarse, de las ataduras humanas, demasiado humanas –de su antropocentrismo, en primer lugar; de sus creencias, tradiciones, etnias o culturas.
Hablamos de una visión transcendente, que trasciende las diferencias que entre los individuos y los grupos humanos pudieran darse.
Es una nueva era, un nuevo comienzo absoluto. Post-humano, post-fenocéntrico.
No en nombre del hombre o de la humanidad (el cariotipo específico, la especie…), pues. Más allá de todo humanismo, de todo antropocentrismo.
*Pensar desde el genouma, desde la sustancia genética. Como sustancia genética. Desde el ser único. Como el ser único.
Cambia el sujeto. Ya no habla o actúa únicamente el ser meramente simbólico (el ‘yo’ cultural’ –el hombre, el fenotipo, la criatura…), sino el ser biosimbólico, el genoma instruido –el ‘genouma’. El ser creador consciente de sí. Xenus/Nexus.
Habla la vida. Desde la vida. En nombre de la vida.
Una espiritualidad desde el ser único. Una cultura para el ser único. Más allá del hombre, en verdad.
Todo por hacer.
*
Saludos,
Manu