Sobre el nuevo período genocéntrico


El camino que abrió Darwin nos ha conducido a la sustancia genética (al ADN). Este descubrimiento nos hace pasar (a todos los grupos humanos) del fenocentrismo al genocentrismo. El centro se ha desplazado de la criatura al creador (de los fenotipos a los genotipos). La sustancia genética es la única sustancia viviente (‘viva’) en este planeta. Nosotros, pues, no podemos ser sino sustancia genética. Esta ‘revelación’ (esta
auto-gnosis) ha partido en dos nuestra historia sobre la tierra. Todo el pasado cultural de los humanos ha resultado arruinado, vacío, nulo... La ilusión antropocéntrica que nos ha acompañado durante miles de años se ha desvanecido. Se ha producido una mutación simbólica (en orden al conocimiento y a la conciencia de sí como sustancia viviente única); el cariotipo humano entra en un nuevo período de su devenir.

Esta aurora, este nuevo día cuyo comienzo presenciamos, alcanzará en su momento a todos los pueblos de la tierra. Pueblos, culturas, tradiciones, creencias… todo lo ‘humano’ desaparecerá. Viene una luz (un saber, una sabiduría) tan devastadora como regeneradora. Esta regeneración del cariotipo humano en el orden simbólico tendrá sus consecuencias. En un futuro no muy lejano hablaremos, pensaremos, y actuaremos, no como humanos sino como sustancia viviente única.

No hay filósofos aún, ni poetas, ni músicos, ni científicos… para este período genocéntrico que inauguramos. No hay nada aún para las nuevas criaturas, para la sustancia viviente única –en
esta nueva fase de su devenir. Nos queda la elaboración de una cultura, de un ‘mundo’ nuevo (digno de la naturaleza de nuestro regenerado, de nuestro recuperado ser). Queda todo por hacer.

miércoles, 18 de abril de 2018

173) Genocentrismo XXV


Genocentrismo XXV.


Manu Rodríguez. Desde Gaiia (18/04/18).

 

*

 

*Volviendo al aquí y al ahora. El marxismo como sionismo, y el cristianismo… La ‘intelligentsia’ judía, los intelectuales orgánicos del sionismo. Desde Pablo… Hoy están en todos lados, en todas las ramas de la cultura, también en la cultura de masas, que es en gran medida obra suya. También en las ciencias de la vida se han infiltrado estos intelectuales orgánicos (Boas, Gould, Lewontin…).
Llamo la atención  sobre el hecho de que el grupo étnico más etnocéntrico que ha conocido este planeta (los judíos –el ‘pueblo’ elegido) es el más empeñado en convencer al resto de los pueblos que las diferencias étnicas entre los humanos  no existen. ¿Qué pretenden?
El cristianismo, el marxismo, el psicoanálisis… son instrumentos de alienación y de dominio. Aturden, confunden, hipnotizan a las víctimas. 
La negación de las diferencias étnicas huele a programa genocida. Aquí no  hay ciencia, ni verdad. Hay más política y ambición de dominio en esta negación de las razas o etnias que en la afirmación de éstas. Y no promete nada bueno. Se diría que la intención es la destrucción de esta diversidad, la homologación étnica y cultural de los diferentes grupos humanos. ¿Con qué intención, me pregunto; qué pretenden? Todo parece indicar que cuentan con un programa oculto. Hay que andar con mucho cuidado con las ideas presuntamente científicas de estos sionistas (no digo judíos), sobre todo en las ciencias de la vida.
Atiéndase a las palabras de Lewontin en “Confusions About Human Races” (2006): “…The last fact about genetic differences between groups is that these differences are in the process of breaking down because of the very large amount of migration and intergroup mating that was always true episodically in the history of the human species but is now more widespread than ever. The result is that individuals identified by themselves or others as belonging to one “race,” based on the small number of visible characters used in classical race definitions, are likely to have ancestry that is a mixture of these groups…”
“El último hecho acerca de las diferencias genéticas entre los grupos es que estas diferencias están en proceso de desintegración debido a la gran cantidad de migración y apareamiento inter-grupal que siempre fue ciertamente episódica en la historia de la especie humana, pero ahora está más extendida que nunca. El resultado es que los individuos identificados por ellos mismos o por otros como pertenecientes a una "raza", basados en el pequeño número de caracteres visibles utilizados en las definiciones raciales clásicas, probablemente tengan (lo tendrán, en el futuro) ascendencia que sea una mezcla de estos grupos...” De esto se trata. Éste es el programa oculto. Éste es el futuro que nos tienen preparado.
Por último, estas palabras de Charles Murray in “The Inequality Taboo” (2005): Lewontin’s position, which quickly became a tenet of political correctness, carried with it a potential means of being falsified. If he was correct, then a statistical analysis of genetic markers would not produce clusters corresponding to common racial labels… In the last few years, that test has become feasible, and now we know that Lewontin was wrong. Several analyses have confirmed the genetic reality of group identities going under the label of race or ethnicity. In the most recent, published this year, all but five of the 3,636 subjects fell into the cluster of genetic markers corresponding to their self-identified ethnic group. When a statistical procedure, blind to physical characteristics and working exclusively with genetic information, classifies 99.9 percent of the individuals in a large sample in the same way they classify themselves, it is hard to argue that race is imaginary.
“La posición de Lewontin, que rápidamente se convirtió en un principio de corrección política, llevó consigo un posible medio de ser falsado (probar si una teoría es falsa; término ‘popperiano’). Si estuviera en lo cierto, entonces un análisis estadístico de los marcadores genéticos no produciría racimos (‘clusters’) correspondientes a las etiquetas raciales comunes... En los últimos años, esa prueba se ha hecho factible, y ahora sabemos que Lewontin estaba equivocado. Varios análisis han confirmado la realidad genética de las identidades grupales bajo la etiqueta de raza o etnia. En el más reciente, publicado este año, todos excepto cinco de los 3.636 sujetos cayeron en el grupo de marcadores genéticos correspondientes a su grupo étnico auto-identificado. Cuando un procedimiento estadístico, ciego a las características físicas y que trabaja exclusivamente con información genética, clasifica al 99,9 por ciento de los individuos en una muestra grande de la misma manera que ellos mismos se clasifican, es difícil argumentar que la raza es imaginaria.” (Subrayado mío).
Tanto el ensayo de R. C. Lewontin, como el de Charles Murray, pueden encontrarse fácilmente en internet.
¿Qué sentido tiene, por qué la extinción de los grupos étnico-culturales que promueven los ideólogos sionistas; para qué? Es un claro genocidio a escala planetaria. Un genocidio enmascarado en pseudo-teorías (marxistas, pseudo-científicas), y en el nombre de la ‘humanidad’. En el nombre de la comunidad judía, hay que decir.
De un lado el claro etnocentrismo (el pueblo elegido), del otro lado no cesan de difundir ideologías universales (religiosas y políticas) entre los otros pueblos –ideologías universales transétnicas y transculturales que no les afecta, pues ellos son los únicos que nunca dejan de ser lo que son (étnica y culturalmente). Los otros dejan de ser lo que son (étnica y culturalmente) para convertirse en cristianos, o marxistas. Huelen mal estos mesianismos. El marxismo, la dialéctica materialista, es un instrumento, un cebo y un cepo…
Es notorio el cómo han transformado la cotidianidad de los pueblos blancos; sus raíces culturales (desde la cristianización hasta la actual proletarización en marcha). Su poder mediático (medios de comunicación), la industria del ocio (cine, documentales históricos, series de televisión…). Véase el caso de los EEUU: política, filosofía, economía, pintura, música… costumbres de todo tipo. Dirigen nuestra cotidianidad más allá de toda medida. La enrarecida atmósfera etno-cultural que vivimos lleva la marca judía (en amplio sentido).
*En lugar del término ‘raza’, aplicado a los seres humanos, podríamos usar términos como ‘subespecie’ o ‘subtipo’, y estos deberían ser estudiados en genética de poblaciones –su origen, su evolución, su desarrollo… Es un deber profundizar en estas diferencias. La gran familia ‘humana’.
La relación de cada unos de estos grupos humanos (o variedades) con los diferentes entornos geográficos, climáticos, vivientes (flora, fauna…). La conservación de estos subtipos del cariotipo humano es esencial. La diversidad y riqueza étnica y lingüístico-cultural de la especie humana es un legado que a todos los grupos humanos  pertenece.
*Hablando de reducionismo, de lo que se trata ahora (con Gould, Lewontin et al.) es de reducir las ciencias de la vida al marxismo, como otrora al judaísmo (el ‘génesis’ bíblico) o al cristianismo. En cualquier caso, conceptos claves en Lewontin y otros  (co-evolución organismos-entorno…) están claramente tomados de Vernadsky-Lovelock. ¿Qué mayor construcción del nicho que la transformación de la geología, clima, temperatura del planeta y demás tras la aparición de la vida? En este sentido Lewontin es un plagiario que no cita siquiera sus precedentes al respecto, nada que ver con la probada honestidad intelectual de Lynn Margulis (también judía), o Peter Westbroek (entre otros).
Recientemente encontramos entre algunos científicos judíos (biólogos, psicólogos, psiquiatras, sociólogos…) una reivindicación de Lamarck y la ‘herencia de caracteres adquiridos’ apoyándose en los avances en epigenética (vease Jablonka, Lamb, o Gissis&Jablonka, ‘Transformations of Lamarckism’, 2011). En ‘Epigenetic Transmission of Holocaust Trauma’ de Natan P.F. Kellermann, publicado en 2013, se nos habla incluso de una ‘transgeneracional transmisión de trauma’. Debería estar claro que tal ‘trauma’ se transmite vía cultural, y que son los judíos los más interesados en mantener viva, y no sólo entre su población, la memoria del discutido ‘holocausto’.  Pero, ¿cómo es posible que se puedan transmitir, vía genética (epigenética), experiencias personales psicológicas, y no se transmita la circuncisión, por ejemplo? Los niños judíos y musulmanes llevan miles de años sometiéndose a la circuncisión, y el nacimiento de niños judíos o musulmanes sin prepucio sería una prueba incontestable de la herencia de caracteres adquiridos, pero tal cosa, obviamente, no está sucediendo.
Hay muchas costumbres que tienen que ver con modificaciones del cuerpo (del fenotipo): la antigua deformación craneal en los aztecas; el alargamiento del cuello de las mujeres ‘padaung’ en Birmania; la ablación del clítoris en algunos lugares de África; las deformaciones de dientes, labios, narices, lóbulos de las orejas; las escarificaciones o tatuajes en la piel... Si la herencia de caracteres adquiridos fuera una realidad biológica ya hace tiempo que estas amputaciones o deformaciones deberían haber sido trasmitidas genética o epigenéticamente, pero tal cosa no ha sucedido. ¿Cómo es posible que se transmitan experiencias psicológicas de una generación a otra (en unos pocos años) y no se transmitan las transformaciones corporales que ciertos grupos humanos llevan realizándose tal vez desde hace miles de años? 
Se ve claramente que esta vergonzosa manipulación de la verdad por parte de los ‘científicos’ judíos tan solo pretende seguir manteniendo vivo el mito del holocausto (por intereses étnicos, políticos, sociales, económicos…) apoyándose ahora en dudosas interpretaciones del evolucionismo de Lamarck. Resulta perturbador que las ciencias de la vida tomen en consideración semejantes ‘ideas’.
Podemos imaginar el inquietante futuro de las ciencias de la vida en manos del etnocentrismo y del suprematismo judío (el pueblo elegido). Pronto comenzará la persecución pública de cualquier crítica de las ‘nueva biología’ (bastará con la acusación de anti-semitismo, de probado éxito).  
Tendremos una biología étnica (judía, etnocéntrica), ideológica, política (marxista)… Lo más curioso es que estas son las acusaciones que habitualmente se hace desde la filas judías a las tradiciones culturales (en amplio sentido) de los pueblos otros. Los pueblos blancos (el occidente europeo) se han visto fustigados por los intelectuales orgánicos del sionismo desde hace cientos de años. Marx supuso una renovación de las estrategias de ataque, ahora culturales, políticas, económicas, sociológicas… y finalmente científicas.
Ahora se habla de ciencia ilustrada (Lamarck), de ciencia capitalista, burguesa, o victoriana (Darwin), de ciencia proletaria (Lysenko y su lamarckismo)… Al heliocentrismo (Aristarco de Samos… Copérnico, Kepler, Newton…), pues, se le podría calificar de ciencia monárquica (recordemos al ‘rey sol’). ¿Y cómo calificaríamos políticamente la tabla periódica de Mendeleiev? Semejantes estupideces no merecen otra respuesta que la reducción al absurdo…
Los judíos (los intelectuales orgánicos del sionismo) llevan modificando el entorno cultural de los pueblos desde hace miles de años –en su propio beneficio. Esta modificación del hábitat cultural de los pueblos otros es una estrategia evolutiva; es la ‘construcción del nicho’ tal como la entiende el pueblo ‘elegido’.
Pueblos parásitos que alteran, que destruyen la herencia cultural de sus anfitriones en su propio beneficio.
Al diablo la verdad… Lo que importa es el poder, la supremacía económica, política, cultural…
*La negación del papel principal de la sustancia genética –‘No en nuestros genes’. El fenocentrismo se resiste. La fenomanía. ¿Por qué? ¿Por qué no se quiere reconocer el papel exclusivo, se diría, de los genes en la evolución? ¿Qué se teme?
Las motivaciones ideológicas y políticas (cuando no etnocéntricas, o al menos, sionistas) en la negación del papel primordial de la sustancia genética en todos los fenómenos biológicos.
La ridícula dialéctica marxista (de origen hegeliano) aplicada a las ciencias de la vida. El reduccionismo ideológico marxista se está imponiendo en nuestra comprensión de los fenómenos biológicos. La rejilla (la ‘grille’) marxista. Los grilletes. ¿Qué se pretende? ¿Qué se consigue?
No sé si hay política o ideología del lado del genocentrismo, pero lo que es innegable es que sí la hay del lado del fenocentrismo (el marxismo de Gould, Lewontin y otros).
Ahora se quiere una biología proletaria, o, como mínimo, democrática. Dado que la anterior era capitalista, o burguesa… Es el colmo de la estupidez.
Lo peor que le ha podido suceder a las ciencias de la vida es la intrusión de estos reventadores profesionales, de estos intelectuales orgánicos del sionismo marxista.
¿Qué se pretende? Introducir la discordia, la división y el enfrentamiento entre los biólogos; introducir la censura, la inquisición, la policía política… De un lado los ‘dialécticos’, del otro… A los biólogos no dialécticos (no marxistas) se les tildará de fascistas, reaccionarios, conservadores… se les arrinconará, se les hará la vida imposible. Ese es el futuro. Las ciencias de la vida dirán lo que quieran los sionistas (lo que es bueno para los ‘judíos’). No habrá verdad, ni ciencia, ni conocimiento… Será ‘1984’ cumplido, como cuando la cristianización, la islamización, o la bolchevización. Será el fin de las ciencias de la vida.
*Personajes insidiosos, particularmente Lewontin con su artículo (1997) acerca de la relevancia de la obra de Dobzhansky (Genetics and the origin of species). Insidioso, e ingrato, toda vez que él mismo fue discípulo de Dobzhansky; injusto también, el artículo podría haber tenido otro título, al menos; y superfluo, porque es como preguntarse, en el campo de la física de partículas, por ejemplo, si la obra de Bohr, o Rutherford es aún relevante. Ni el menor respeto por el que fue su maestro. Podemos compararlo con Francisco Ayala, también discípulo de Dobzhansky, y sus varios artículos in memoriam de éste (he podido encontrar tres: 1976, 1985, 2000). 
El año 2001 se publicó un segundo volumen de ensayos dedicado a Richard Lewontin (Thinking about Evolution: Historical, Philosophical and Political Persectives).  Maynard Smith publicó una recensión del mismo (Reconciling Marx and Darwin, 2001) en la que hacía las siguientes observaciones (entre otras):
“A theme which arises repeatedly in these essays is the conflict between ‘‘neo-Darwinism’’—the interpretation of Darwin’s ideas in terms of population genetics—and Marxist philosophy… …The idea of a gene that influences development, but is itself unaltered, is undialectical… …This dialectical view has led many of those who have been influenced by Marxism to reject the idea that genes play a special role in evolution, and to be critical of the ‘‘gene-centered’’ approach pioneered by Hamilton, Williams, Dawkins, (and others)… …It is a curious feature of this book that there is, I believe, no reference to the central dogma, or to Watson or Crick. The dogma is perhaps the only statement in biology that is at the same time general, important, and—so far as we know—true… …To sum up, I think this book illustrates the fact that dialectical materialism is antipathetic to the notion of genes that influence development but are uninfluenced by it.”
“Un tema que surge repetidamente en estos ensayos es el conflicto entre el "neo darwinismo" –la interpretación de las ideas de Darwin en términos de genética poblacional– y la filosofía marxista… …La idea de un gen que influye en el desarrollo, pero no se altera, es no-dialéctica…  …Esta visión dialéctica ha llevado a muchos de los que han sido influenciados por el marxismo a rechazar la idea de que los genes desempeñan un papel especial en la evolución y a criticar el enfoque "centrado en el gen" iniciado por Hamilton, Williams, Dawkins (y otros)... …Una curiosa característica de este libro es que no hay, creo yo, ninguna referencia al dogma central, o a Watson o Crick. El dogma es quizás la única afirmación en biología que es al mismo tiempo general, importante y, hasta donde sabemos, verdadera… …Para resumir, pienso que este libro ilustra el hecho de que el materialismo dialéctico es ‘antipathetic’ (opuesto, hostil, o antagónico) a la noción de los genes que influyen en el desarrollo, pero que no son influenciados por éste…”
El artículo de Maynard Smith no deja lugar a dudas de que aquí ya no hay ciencia, sino ideología; que ya no hay voluntad de conocimiento y de verdad, sino de poder.
Añadamos estas palabras de Erik I. Svensson, On reciprocal causation in the evolutionary process. 2017 (p. 18):The idea that genes are unaffected by environments and that the germ line is separated from the soma may seem undialectical, but it is a fact of life. Strong evidence would be required for any claims –made by EES proponents or others–  that the Weismannian germline-soma separation is not valid anymore, that the so-called “Central Dogma” of molecular genetics does not hold up (Maynard Smith 1988; 2001) or that soft inheritance plays a major role in evolution (Haig 2007; Dickins and Rahman 2012).”

“La idea de que los genes no se ven afectados por los entornos y que la línea germinal está separada del soma puede parecer no dialéctica, pero es un hecho de la vida. Se necesitarán pruebas contundentes para cualquier afirmación, hecha por los defensores del EES u otros, de que la separación línea germinal-soma de Weismann ya no es válida, que el así llamado "Dogma central" de la genética molecular no se sostiene (Maynard Smith 1988, 2001), o que la herencia blanda juega un papel importante en la evolución (Haig 2007; Dickins y Rahman 2012).”
Ahora se trata de juzgar (políticamente) todas las ramas de las ciencias de la vida a través de los axiomas o premisas (cualesquiera éstas sean) del materialismo dialéctico, y de reducirlas a éste. A lo que no coincida se le considerará como pensamiento conservador, reaccionario, o de ‘derecha’ (ya se está haciendo). Pronto veremos cómo se califica de fascistas a los partidarios de la evolución centrada en los genes (en la sustancia genética, mejor).
En estos últimos años estamos siendo testigos de la estrategia de poder (y de la toma de poder) seguida por el sionismo marxista en las ciencias de la vida. Lo tenemos en los medios de comunicación, en las cátedras, en los libros de texto… Omnipresentes.
Triunfa Lamarck, Lysenko, el materialismo dialéctico; cae Darwin, Mendel, Morgan, Vavilov, Dobzhansky…, y el propio Haldane, marxista él, que tanto contribuyo al neodarwinismo, ha caído en desgracia. Cae finalmente la ciencia burguesa, triunfa la ciencia proletaria.
Vavilov, mártir de la verdad genética. La verdad genética arruina al materialismo dialéctico, como la evolución arruinaba a los creacionistas judíos, cristianos y musulmanes. 
*Levins&Lewontin, en el mismo prólogo del ‘biólogo dialéctico’ dicen que el materialismo  y el cambio implícitos en la evolución de Darwin son dialécticos, pero que la adaptación no lo es (es ‘cartesiana’). Al no ser dialéctica hay que descartarla. Se ve cómo prevalece la ideología sobre la ciencia, el conocimiento, o la verdad. Lo que coincida con el materialismo dialéctico pasará la prueba, contará con el ‘nihil obstat’ de los censores de turno, lo que no coincida será descartado, boicoteado, o prohibido. Los científicos que no den muestras en sus teorías o puntos de vista de suficiente marxismo serán entonces acusados, insultados, silenciados, y perseguidos.
En el materialismo dialéctico, como en otras ideologías (religiosas o políticas), la censura o aprobación nada tiene que ver con la ciencia de que se trate. Esto no sólo tiene consecuencias para el conocimiento, muchos hombres y mujeres de ciencia pagan las consecuencias de semejante control ideológico de las disciplinas del saber.
La aportación del marxismo a las ciencias de la vida: ruido, confusión.
El materialismo dialéctico en las ciencias, que cada vez tiene más fuerza, es la nueva inquisición –como lo fue no hace muchos años en la URSS. La crítica a Lysenko y al lysenkoismo que encontramos en Gould o Lewontin no debe confundirnos.  Es el ‘diamat’ en acción.
La adaptación no es dialéctica, el gen no es dialéctico, así pues…
El disimulo de los marxistas; las tácticas, la estrategia…
Los desastres del ‘diamat’ en la URSS, son los errores que se advierten en los biólogos dialécticos de hoy. La represión vendrá…
Enemigo del pueblo, enemigo de clase… enemigo del ‘diamat’… burgués, idealista, mecanicista, reduccionista, reaccionario, fascista… Estos son los apelativos que los marxistas prodigan a los no marxistas. Llevan más de un siglo haciéndolo. Debemos acostumbrarnos a ellos.
“We shall go to the pyre, we shall burn, but we shall not retreat from our convictions.”  Nikolai Vavilov, 1939.
El ‘diamat’, hostil (anti-pathetic) a la verdad.
Una biología marxista resulta tan estúpida, delirante y peligrosa como una biología cristiana, judía, musulmana, budista, hinduista… democrática…
Las ciencias de la vida no necesitan de ninguna ideología (religiosa o política) para llevar a cabo su cometido. Se bastan a sí mismas.
Estas ideologías quieren apropiarse o destruir el mensaje que las ciencias de la vida vienen a traernos. Manipular, distorsionar, podar… los ‘lechos de Procrustes’.
Lo que, en las ciencias de la vida, no coincida con la dialéctica materialista debe desaparecer, simplemente. Éste es el cometido de los ‘biólogos’ dialécticos, de los intelectuales orgánicos del sionismo marxista.
*Los biólogos judíos se promocionan a sí mismos (a los suyos). Adviértase esto en los textos de Gould, Rose, Levins, Lewontin, Jablonka… Como reivindican y recuperan a los suyos. Reescribir la historia de las ciencias de la vida. Las tendencias y los autores que no les vengan bien a los judíos serán difamados, ridiculizados, caricaturizados… Los antecedentes no judíos de las tesis defendidas por los judíos serán ocultados, silenciados. Los otros, los no judíos, desaparecerán de los libros y manuales.
El espíritu de cuerpo judío, su ‘eterna’ estrategia evolutiva. La negación del otro. En último término, les gustaría vernos a todos arrodillados a los pies de los suyos (Marx, Freud, Boas…).
Vernadsky no era judío, pero era soviético, bolchevique, marxista… Esto, al parecer, le salva. Pero basta leer la biografía de Vernadsky para advertir que poco o nada tenía que ver con los soviets o marxistas. Los padeció, como la población rusa en general.
Sucede igual en filosofía con los autores judíos –Derrida, Lévinas… También ellos potencian o promocionan a los suyos (a Marx y a Freud principalmente), se promocionan entre sí. Es la misma estrategia evolutiva de grupo.
En todos los campos de saber, incluso en las ciencias de la vida, hay que introducir a Marx o a Freud. Darwin es nada… La antropología darwiniana, la sociobiología, o la psicología evolucionaría son censuradas porque no les interesa, porque no son marxistas o freudianas, porque ponen en evidencia su estrategia evolutiva de poder –su suprematismo.
En resumidas cuentas, la guerra de los judíos por la supremacía (étnica, cultural, política…) se ha introducido en las ciencias de la vida (que se encontraba parcialmente libre de ellos). Desde Gould, Lewontin, Levins, Rose, Kamin… desde los años setenta del pasado siglo. Su arma predilecta es el materialismo dialéctico, aunque también hacen uso del psicoanálisis. Veamos como los biólogos gentiles salen airosos de esta prueba. Y por biólogos gentiles no me refiero tan sólo a los occidentales.
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Hasta la próxima,
Manu

viernes, 16 de marzo de 2018

172) Genocentrismo XXIV


Genocentrismo XXIV.


Manu Rodríguez. Desde Gaiia (16/03/18).

 

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*Una visión integral. Pilares de la vida. Gaia (geobiología) + evolución + semiosfera. Tiempo, espacio, y comunicación. Flujos de materia, energía, e información.
Un sistema solar. Un planeta viviente. La luz. Fotótrofos, quimiótrofos, litótrofos… Respiración, nutrición, comunicación. Auto-producción, auto-organización, auto-mantenimiento…
La auto-regulación del planeta. La vida regula los parámetros de habitabilidad: temperatura, clima, atmósfera…
Un planeta transformado por la acción de la vida; adaptado a la vida. Un planeta viviente.
La luz es lo primero. No sólo como fuente de energía. Luz y materia viviente. Fotobiología.
La vida interacciona con el medio no vivo desde su aparición, desde su origen. Un medio que acabó siendo, en buena medida, obra suya.
Mantener la distinción entre la materia viva y la no viva. Un único ecosistema planetario comprende a ambas –la biosfera, Gaia… 
*Genosfera. Genousfera (genoosfera). La esfera de Xenus, la esfera de la materia viviente, de la sustancia genética…
La sustancia genética es forma que informa y orden que ordena. El genotipo es el ‘genoúmeno’ del fenotipo (del fenómeno).  Es, en toda criatura, el ser, la esencia, y el único sujeto de su actividad –lo único vivo en la criatura.
Los ‘cuerpos’ como genóforos.
La sustancia inteligente, volente, sintiente… La sustancia viviente única.
El ‘dominio’ de la vida. Hasta donde la vida alcanza o llega. En las profundidades y en las alturas. La tierra ocupada, dominada, habilitada…
*Sustancia viviente + planeta tierra = biosfera + semiosfera (semiosis (físico-química) universal) + co-evolución (materia viviente/no viviente)…
La biosfera. Geobiología. El sistema geobiológico ‘tierra’ (Earth, Gaia); sistema termodinámico, cibernético… abierto, activo, en evolución…
*La propiocepción y la conciencia de sí; la percepción y la apercepción; la memoria.
Si hay vida, hay percepción, hay cognición, hay comunicación…
*No es la vida la que responde a las agresiones que una especie determinada inflige a la biosfera. Es una parte de la vida la que ha enloquecido –por así decir. Es la misma vida la que se auto-agrede. Es la misma vida la que combate consigo misma. No hay sino una sola sustancia viviente. Es, pues, una parte de la vida –encarnada en una especie determinada–  la causante de los males que aquejan al planeta.
Nuestro ser cariotípico, específico, el humano. Allí donde la vida es consciente de sí. El drama de la vida consigo misma enfrentada se patentiza en una sola especie, la nuestra, la humana. Aquí la magnitud y la importancia de la lucha se hacen conscientes. Lo que la vida se juega. El futuro de la vida.
El freno, el ‘bocado’, el autodominio… La vida que a sí misma se domina.
*La deriva evolutiva de la vida es impredecible. Autonomía, libertad… La creatividad, la sorpresa… la novedad.
Si las ciencias de la vida no pueden predecir futuros acontecimientos en la deriva evolutiva de la vida (nuevos órganos, o nuevas especies, por ejemplo), ¿es la biología una ciencia? Sin embargo la sorpresa o la novedad son las definiciones exactas de la información. La información es, por definición, sorpresa, novedad… (Shannon). Allí donde no hay sorpresa o novedad, hay redundancia –cosa ya vista, ya sabida.
*La sustancia viviente única, el sustrato, el sostén… Lo que no aparece, la cosa en sí de los fenómenos biológicos. El genoúmeno. 
Mi identidad es la identidad de la vida. Yo soy vida; un fragmento de vida. Toda la sustancia genética que albergo –la propia y la ajena.
*Una sola voz, una sola lengua, es lo mejor. El hologenoma ineludiblemente plural. La lucha interior. La jerarquía interior. La emergencia del ‘ich’, o del ‘self’; de un sujeto unificado, en cualquier caso.
Una sola lengua sublime y acordada. M. Hernández.
La vida como sujeto único del sentir, pensar, querer…
*Yo soy, luego pienso, quiero, siento…  “Sum, ergo cogito…” (Nietzsche). Somos, podemos decir, y pensamos, queremos, sentimos… Nos, la sustancia viviente única.
*El temor, el disgusto, el rechazo de la muerte, de la extinción, del no ser en las unidades contingentes; cómo se aferran a la vida. Quieren seguir siendo lo que son. Pero la vida que somos no deja nunca de ser. La muerte no le afecta. La vida que soy está en todas las criaturas –no hay organismo que no albergue mi ser. La vida es el ser. La vida que somos proseguirá hasta el último de los días. El horizonte de la vida es la eternidad. El tiempo no afecta a la vida. La vida ignora el tiempo. Siempre la misma.
El Uno que es el Ser, que es la Vida. Nos.
La repetición, la replicación, la reproducción, la regeneración… el retorno de lo mismo. La eterna permanencia del ser viviente único.
No conoce la muerte. No conoce el tiempo. Eternamente joven; eternamente el mismo. Se actualiza cada instante; vuelve a ser sin dejar de ser. Nunca deja de ser lo que es.
El ser viviente único no aspira al poder, o a perseverar en el ser. Su perpetua regeneración, su ubicuidad, su potencia… Es el ser que no aspira a nada porque se tiene a sí mismo.
*La vida, la materia viviente, está prevista en el cosmos. La aparición de los nucleótidos es tan natural al cosmos como la aparición de átomos y moléculas. Las moléculas de la vida. La sustancia viviente única.
Las unidades biológicas  y la totalidad del planeta viviente son equiparables –las microesferas (micromundos, microcosmos…) individuales, y la macroesfera (macromundo, macrocosmos) planetaria. Las mónadas y la mónada de mónadas.
Un organismo complejo, múltiple (holobionte), y una dotación genética heterogénea (hologenoma). Esto somos.
La genousfera es la totalidad de la sustancia genética del planeta, el hologenoma del planeta.
*El ambiente físico-químico del planeta cuando la aparición de la vida. La temperatura, la atmósfera… La actual atmósfera, y el actual clima, apenas cuentan con dos mil millones de años. Y es obra de la vida.
Si las condiciones del planeta Tierra eran tan similares a las de Venus y Marte (según Lovelock y otros), ¿por qué la vida no se dio en estos planetas? ¿Por qué en este planeta? Puede que la idea que tenemos acerca de la atmósfera, el clima, la temperatura, las aguas… de los dos primeros eones de la tierra no sean los correctos. Algo tenía nuestro planeta que le hizo favorable para la primera vida. Algo que, al parecer, no posee Marte, por ejemplo. Las condiciones no podían ser tan rigurosas. Tendremos que imaginar otro escenario más favorable a la vida.
Llevar la vida a Marte. Aclimatar, habilitar Marte para la vida. Es un sueño reciente. Pero la vida lo necesitará en el futuro. Cuando las condiciones para la vida en este planeta se tornen insoportables. Dentro de eones, quizás. Iremos de planeta en planeta. Aclimatándonos, y aclimatando. Habituándonos, y habilitando. Esto será en un futuro tan lejano que es más que probable que la especie humana haya desaparecido, otras especies ‘inteligentes’ y parlantes, llevarán a cabo estos cometidos.
El microbioma humano y su metagenoma. Holobionte y hologenoma. En un organismo el holobionte es la suma de toda la biota (la propia y la ajena), y el hologenoma es la suma de todos los genomas (el propio y los ajenos).
La evolución no hubiera dado ni un sólo paso sin la semiosis celular.
Evolución y origen de las especies: mutaciones en la sustancia genética (neutras, adaptativas…), selección natural (y sexual), simbiogénesis (endosimbiosis), epigénesis, cognición, semiosis y comunicación… Un sistema solar, un planeta pre-biótico… Las condiciones físico-químicas: la luz, la geosfera, la hidrosfera, la atmósfera, el clima… Factores evolutivos intrínsecos (a la vida), y factores evolutivos extrínsecos (entorno físico-químico).
El nicho semiótico (Hoffmeyer). El conjunto de signos que circula en un determinado ecosistema. Signos naturales (cosas y sucesos semiotizados), y signos artificiales (emitidos por los organismos –la comunicación propiamente dicha).
La sustancia viviente (los organismos) están constantemente decodificando o interpretando el entorno (viviente y no viviente).
Necesitamos una visión integral de la vida. El entorno físico-químico en el que se originó la vida, la interacción con este entorno, su adaptación y transformación, la co-evolución de ambos (geobiología)… La evolución y la aparición de nuevas especies (nuevos cariotipos). Características de la vida –cómo se comporta, qué hace; sus numerosas actividades. Las relaciones que la vida tiene consigo misma –la que se da entre las numerosas especies. Los ecosistemas. La comunicación que la vida establece consigo misma (inter, e intraespecífica).
Cómo la vida ‘entiende’ y vive el entorno…
Un organismo pluricelular no podría estar sincronizado si no mediara un sistema de señales.
*Triunfo del gusto sobre la nutrición. Triunfo del goce erótico sobre el sexo reproductivo. Esto denota cuán lejos están los ‘humanos’ de las fuentes de la vida.
*No se trata de que la sustancia genética sea responsable de nuestros actos, sino de que todos nuestros actos están protagonizados por la sustancia genética. No hay otro sujeto. ¿Quién metaboliza; quién se reproduce; quién se comunica…?
No se niega el papel de la epigenética, por ejemplo. No se trata de la plasticidad del fenotipo, sino de la plasticidad, y la acomodación, en los procesos de expresión (desarrollo) –en la construcción del soma en función del entorno.
La sustancia genética, las biomoléculas, las moléculas de la vida son la clave de la vida y de su evolución.
Ningún conocimiento nuevo en biología molecular niega el papel central de la sustancia genética.
Cito a Máximo Sandín (Teoría Sintética: Crisis y revolución, 1997): “…observaciones contemporáneas provenientes del campo de la Embriología, sumaban nuevas discrepancias entre los datos observados y el Modelo Teórico (la Teoría Sintética). Esta discrepancia ha llegado a su punto máximo a partir de los descubrimientos de la Genética Molecular, y especialmente de la Genética del Desarrollo. La implicación de elementos móviles, virus endógenos, secuencias repetidas, genes homeóticos... en la transmisión de información genética, y la complejidad de su actuación durante el desarrollo embrionario…” Yo añadiría la simbiogénesis (la adquisición de genomas (o de material genético), en Margulis). ¿Esto es lo que se supone que pone en entredicho la primacía de la sustancia genética? Adviértase que todo está referido a la sustancia genética. Cuanto más conocemos acerca del comportamiento de la sustancia genética más nos sorprende su potencia, su complejidad, y su versatilidad.
La Teoría Sintética está por completarse, aún no tenemos una teoría integral de todos los aspectos de la evolución.
Una teoría integral debería incluir la biogénesis (el origen de la vida), la co-evolución de sustancia genética-entorno (Vernadsky-Lovelock-Westbroek), la selección natural, las mutaciones adaptativas, la epigenética (Waddington), la simbiogénesis (Wallin-Merezhkovsky… Margulis), la comunicación (la semiosis, von Uexhull)…
Quizás el error de la primera Teoría Sintética consistió en reducir todos los fenómenos biológicos a la selección  y a Mendel, básicamente, y considerar cerrada la materia. Pero los ulteriores descubrimientos han de integrarse a su vez en una gran teoría que incluya todos los aspectos más arriba mencionados (y los que vengan).
El neo-darwinismo (la teoría sintética) no es que haya quedado obsoleto sino que ha resultado insuficiente. A los aspectos ya aceptados (selección natural, adaptación, mutaciones, genética de poblaciones, gradualismo…) hay que añadirles otros como la epigenética, o la simbiogénesis, simplemente.
El papel central del plasma germinal (Mendel, Weismann, Johannsen, de Vries, Bateson…, Watson&Crick) queda intacto. Todo gira alrededor de los procesos de replicación, reproducción, expresión o plasmación y demás de la sustancia genética. Los fenotipos son siempre el resultado de procesos que se realizan desde la sustancia genética. Tales procesos han resultado más complejos de los que en un principio se pensaron. Todas las sustancias implicadas tienen que ver con la sustancia genética (genes homeóticos, los múltiples RNA, y otros). En la transferencia horizontal de material genético, o en la adquisición de genomas nuevos  sigue siendo el plasma germinal el único sujeto de los fenómenos biológicos. Y lo mismo sucede con los procesos del desarrollo (epigénesis) y la co-evolución o coexistencia con el entorno (biótico o abiótico).
Dawkins y sus ‘genes egoístas’ han hecho un daño terrible a la comprensión de la materia viviente, de la sustancia genética. Mal-comprendió, desde un principio, el papel de la sustancia genética en las cosas de la vida.
Debemos partir del hecho de que lo único vivo en los organismos es, precisamente, la sustancia genética. La sustancia genética, el plasma germinal, es la única materia viviente.
No hay sino materia viviente, y la materia inerte está animada, movida, instrumentalizada por la materia viviente. Los somas tienen que ser explicados por la sustancia viviente y por las interacciones de ésta con el entorno abiótico (aire, agua, luz, temperatura, presión, alcalinidad o acidez…).
La modificación o adaptación del medio (Vernadsky, Lovelock…) no puede ser explicada sino a través de procesos metabólicos llevados a cabo por la sustancia genética. Las variaciones interespecíficas, así como la aparición de especies nuevas (la biodiversidad) tienen que contemplarse a través de los procesos epigenéticos o la adquisición de genomas o de sustancia genética nueva (plásmidos, virus…). Como se ve, todo gira alrededor de la sustancia genética, de modificaciones, de intercambios, o de adquisiciones de sustancia genética. Son procesos vividos, experimentados… llevados a cabo por la sustancia genética.
Las variaciones fenotípicas, inter e intraespecíficas, son variaciones genotípicas, independientemente de la importancia que puedan tener los procesos epigenéticos.
Los cambios en el material genético son debidos a metaplasmos por adjunción, supresión, permutación y sus combinaciones. Los genes son como unidades de expresión. Podemos usar términos como sinonimia y polisemia.
Se puede criticar a la primera teoría sintética por su insuficiencia no por su invalidez. Necesita ser completada, nada más.
Por supuesto que las ciencias de la vida, la biología, están centradas en la sustancia genética, como que es la única sustancia viviente.
Si minimizamos o marginamos el papel de la sustancia genética en las cosas de la vida volveremos al pasado, quedaríamos detenidos, privados de evolución,   reducidos a visiones ‘holísticas’, o meramente ‘materialistas’. Habría que preguntarse qué interés tienen todos aquellos que abogan por minimizar, o marginar, el papel de la sustancia genética en las cosas de la vida. ¿Por qué?
El descubrimiento de la sustancia genética, primero a ciegas (Mendel, Weismann…), y posteriormente a plena luz  (Crick…), no tiene parangón en nuestra historia. Es un antes y un después como nunca antes lo hubo. Ningunos de nuestros ‘descubrimientos’ es comparable a éste. Este conocimiento cambiará nuestras vidas de manera radical.
Nada en las ciencias de la vida tiene sentido sin la sustancia viviente única. Ni la evolución de las formas vivas, ni la historia de nuestro planeta.
Todos los fenómenos biológicos (y geobiológicos) giran alrededor de la sustancia viviente única, ciertamente, y nosotros somos la misma sustancia viviente única. No hay otra materia viviente, no hay otra vida.
Sí en los genes, hay que decir. Porque no hay otra sustancia viviente que la sustancia genética.
La sustancia genética no es que determine nuestra conducta (este dualismo es ya impracticable e inexplicable), sino que es la única que se conduce o se comporta. No hay otro sujeto.
El dualismo mente-cuerpo, o genes-conciencia (el de Dawkins), ya no se puede sostener. Cuanto antes lleguemos al sujeto único antes llegaremos a nuestra verdad, a la verdad en lo que concierne a nuestra esencia.
Por supuesto que hay que tener en cuenta el entorno tanto natural como cultural (social, económico…). Estos entornos condicionan nuestra existencia –pueden potenciarla, pueden dificultarla, pueden malearla…
La adopción de la perspectiva genocéntrica aún no ha sido llevada a cabo. Aún seguimos mirando, contemplando, reflexionando como ‘hombres’. Hasta ahora vencen las ideas antropocéntricas, culturales (políticas, filosóficas, ‘psicológicas’…), humanas, demasiado humanas. Éstas son las que ponen trabas al triunfo de la vida.
El genocentrismo es a las ciencias de la vida lo que el heliocentrismo fue a las ciencias astronómicas.
No la noosfera (Vernadsky) es el futuro, sino la genousfera.
Monismo biológico, pues. Biocéntrico. Genocéntrico.
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Hasta la próxima,
Manu